Ansiedad, abandono, abuso, culpa y silencios familiares atraviesan Mi paciente y yo, la obra en la que Neguib Jolianis Navarro convierte historias inspiradas en su experiencia clínica en una mirada íntima, ética y conmovedora sobre la fragilidad humana.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Cuando se le pregunta al psicólogo Neguib Jolianis Navarro cuál de todas las historias lo marcó más durante la escritura, su respuesta no vaya hacia el caso más ruidoso ni hacia la anécdota más fácil de recordar, sino hacia una zona mucho más áspera de la sensibilidad. “Para mí todas son significativas y especiales pero siento que “Agujas” es una visión cruda de esos pequeños seres que intentamos no ver, que intentamos evadir de la realidad y como sociedad pretendemos no darle la total importancia y en realidad son igual o más importantes que nosotros mismos. Quisiera que al leerlo ampliemos nuestro sentir y nuestra mente a ser empáticos con todos aquellos que están allí, aguardando por nuestra comprensión y cercanía”.
“Mi paciente y yo… Historias ocultas de consulta y vida”, del psicólogo Neguib Jolianis Navarro, es un libro que nace de una certeza de que hay dolores que la sociedad aprende a rodear para no tener que nombrarlos.
Está escrito desde la experiencia de un hombre que ha pasado años escuchando lo que otros callan. En ese sentido, “Agujas” no solo sería uno de los relatos del libro: sería también una especie de declaración de principios. Mirar lo que incomoda. Detenerse ante lo que duele. Darle espesor narrativo a aquello que, en la vida cotidiana, suele ser reducido a silencio, vergüenza o rutina.
La idea empezó a rondar a Jolianis hace cerca de cinco años, cuando comenzó a repetir en su círculo cercano que llevaba demasiadas historias en la cabeza, historias construidas durante más de treinta y dos años de trabajo como psicólogo. De esa acumulación de voces, escenas y emociones fue surgiendo una necesidad distinta: “está experiencia de consulta me hizo llegar a escribir un libro que no busca “curar” al lector, sino acompañarlo. A través de estas crónicas, nos recuerda que detrás de cada “paciente” hay una historia que merece ser contada éticamente, y que detrás de cada psicólogo hay un corazón que también late al ritmo del relato”.
Esa frase condensa buena parte de la singularidad del libro. Jolianis se mueve hacia la escucha. Su libro no busca ofrecer soluciones, sino abrir una conversación sobre las grietas que atraviesan la experiencia de vivir. Por eso insiste en que se trata de “historias ocultas” de consulta y de vida: relatos nacidos de experiencias reales, pero trabajados desde una escritura que no traiciona la ética profesional. “Me centro en “historias ocultas” de consulta y vida porque en ellas, resguardando totalmente la ética profesional pretendiendo generar una crónica testimonial literaria, donde se implica el uso de la ficción no para falsear la realidad, sino para hacerla habitable y comprensible”.
Allí aparece uno de los rasgos más interesantes del proyecto: su lugar fronterizo entre literatura, memoria emocional y experiencia clínica. Jolianis no niega que el libro parte de vivencias concretas; al contrario, las reconoce como su materia prima. Pero lo que hace con ellas no es exhibirlas, sino decantarlas, volverlas universales, protegerlas a través del lenguaje. “El libro claro que parte de experiencias reales, solo que con la sutileza del poder creativo “imaginería”, esa “mentira verdadera” que nos permite jugar con la complejidad de las emociones y el actuar de cada individuo; fue un proceso creativo lento dispendioso, respetando a ese ser que desnuda su alma, sus intereses, sus motivaciones profundas, para poder llevar a un texto universal que nos permita de forma fácil, no clínica, inmiscuidos en esa vida”. Y añade: “La ética es vital para este proceso, aquí no hay ningún nombre, evento, situación o espacio que permita permear cualquier situación contada de forma directa; es allí donde se hace más dispendiosa la labor del ahora escritor, es ahí donde al tejer estás vivencias el hecho se convierte en una narrativa textual”.
Jolianis sabe que la tradición clínica, la cultura profesional y ciertas formas de autoridad todavía empujan a muchos especialistas a ocultar su propia humanidad. Sin embargo, el libro parece escrito justamente contra esa máscara. “En el vínculo terapeuta paciente se preve bajo el modelo tradicional una interaccion fría y rígida, pero esto está muy alejado de la realidad, hoy día la práctica nos permite una relación empática y dinámica que pretende que el psicólogo sea un sujeto participe de dicha interacción pero humano”.
Una de las afirmaciones más reveladoras del doctor llega cuando habla de lo que suele decirles a algunos pacientes después de haber construido confianza: “Hay algo que por lo general yo planteo a mis pacientes cuando ya hay algo de confianza, es decirles: ustedes pagan para que yo aprenda, esto es una apología que hago para poder entender que todos los días aprendo de cada una de las sesiones de psicoterapia con sus vivencias, que el aprendizaje es de construcción diaria y que yo no tengo la última razón... El aprendizaje en la vida humana se construye desde la diferencia de cada uno. Es decir, una técnica no funciona de forma generalizada para todos los que asisten al servicio de psicología, está en una de las características que aún hacen que la psicología sea una seudociencia, no es como en las matemáticas o las ciencias exactas. Siempre uno más uno va a ser dos, aquí no, aquí depende de muchos factores sociales, espirituales, personales, familiares, económicos, cognitivos, formativos y más. El terapeuta debe ser a mi concepto un profesional que empatiza en la condición de su cliente, y brinda herramientas sin dejar su humanidad”.
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De ahí que, cuando se le pregunta qué fue lo más difícil de exponer, Jolianis no dude en señalar precisamente ese lugar incómodo: “exponer al terapeuta humano es lo más complicado que puede ocurrir, el modelo clínico, la situación cultural, el ser latinoamericano y el disfraz de ser el profesional muchas veces exige de forma implícita el aprende a ocultar nuestra humanidad. Pero hoy en día esto se está cambiando, siendo más sensible y aspectos como el manual de diagnóstico psiquiátrico para su próxima edición pretende ser más extensivo e incluyente en los procesos y procedimientos que van a poder visualizar el panorama más asertivamente pudiendo evaluar e intervenir dicho paciente y no basarnos solo en un diagnóstico desgastado, frío y limitante”.
El consultorio, en la mirada de Jolianis , es una caja de resonancia de aquello que la sociedad está haciendo con sus propios cuerpos y emociones. “Hoy día la principal causa de consulta para mí son los trastornos o cuadros de ansiedad, estrés y depresión. Nuestra sociedad está inmersa en el caos del día a día y poco toma en cuenta los espacios de descanso, el uso acorde del tiempo libre, el vínculo con la naturaleza, el deporte y el apuesta poco a su salud mental, al fortalecer la mente en estrategias de resolución, enfrentamiento y de una vida feliz”.
En ese sedimento reaparecen, una y otra vez, las heridas más antiguas: el abandono, el abuso, el maltrato, la imposibilidad de nombrar lo vivido. “Mis pacientes llegan principalmente con dos heridas, las heridas de abandono y las heridas causadas por situaciones de abuso y maltrato. Estás por lo general se callan por no mostrarse débiles, por no permitirse usar herramientas para afrontar, porque la idea de desenmascarar al victimario aún es más difícil de asumir y permitirse aceptar que fuiste víctima emocional, física, psicológica o económica es signo según los parámetros impuestos de debilidad, pero al callar esto lo que hace en la mente y el corazón de este paciente”.
Esa materia emocional encuentra uno de sus núcleos más fértiles en el tema de los secretos. No es casual: toda consulta psicológica, en el fondo, se arma alrededor de algo que no ha podido decirse del todo. Jolianis lo plantea en términos amplios, como una estructura profunda de la experiencia humana: “El ser humano es un ser integral, el cual en su funcionar comprende aspectos externos como la familia, las relaciones interpersonales, su esquema de formación, el trabajo y una relación con algo espiritual si se pudiese llamar, pero en la triada interna está su sentir (sus emociones), su acción fisiológica y su cognición (lo cual comprende su interpretación del mundo bajo las herramientas que posee y como lo puede enfrentar), pero es allí de acuerdo a la conjunción de todos estos factores donde los secretos familiares, personales y los vivenciales toman fuerza y pueden generar daño “trauma”, represiones si no es acordemente enfrentado. El humano actúa en esa diada de lo que puede mediar y las acciones que le afectan (secretos internos)”.
Luego lo condensa con una contundencia que parece salida de uno de sus relatos: “Todos los secretos del corazón, los que incluyan emociones internas, los que generan represión, los secretos de abuso, maltrato, descuido y abandono, porque no sólo laceran la vida emocional, laceran también el cuerpo generando somatizaciones, daño físico cómo respuesta ante la no expresión de este “secreto”. Todo niño herido emocionalmente es un adulto enfermo”.
Quizá por eso el libro insiste, de manera subterránea, en la necesidad de encontrar un lugar seguro desde donde hablar. En otra de sus respuestas, el doctor deja ver esa intuición con una sensibilidad casi ensayística: “La emociones expresas a internas del ser humano nos muestran un recorrido por el solo hecho del mismo ser, lo cual lo hace muy complejo, hemos sido educados en actuar para la sociedad encontrá muchas veces de nosotros mismos, pero por otro lado existe esa fragilidad del ser que permea muy fácilmente en la oscuridad, en lo escondido, en lo que hemos reprimido. Es aún más fácil si cada uno de nosotros nos permitiríamos ahondar en nosotros mismos, en poder expresar nuestros intereses con tranquilidad eso sí, sin violentar los intereses y espacios de otros, poder experimentar un “lugar seguro” nos haría ser más humanos”.
En esa línea, una de las observaciones más certeras del libro apunta a la familia: ese lugar que debería proteger, pero que muchas veces también juzga, encubre o hiere. De allí se desprende otra de las reflexiones centrales del autor: “Resulta más fácil abrirse con un desconocido precisamente por eso, por el hecho de saber que no hace parte de nuestro contexto, que no nos va a juzgar ni señalar, que va a ver esa verdad desde otra perspectiva y no desde la perspectiva del vínculo familiar y de cómo ese evento también me afecta a mi como participe de esa relación de familia. La familia va a generar un sesgo de conveniencia, rechazo o podría tomar partida ante lo que se le está comentando”.
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También ahí aparece el libro como un espejo de la sociedad colombiana. No porque pretenda explicarla del todo, sino porque deja ver algunos de sus nervios más sensibles: la violencia íntima, los pactos de silencio, la fragilidad mal entendida, la costumbre de sobrevivir sin procesar del todo el daño. En ese punto, Jolianis hace una lectura que trasciende el consultorio y toca algo más colectivo: “Una enseñanza que siempre he entendido es la gran capacidad que tenemos los colombianos para ser resilientes, esto es admirable. Está gran capacidad de reconstruir nos luego del fracaso, del daño o del dolor; pienso que han sido décadas de aprendizajes que nos han hecho entender nuestra fortaleza, pero aún hay muchas debilidades, la inadecuada comunicación, la asertividad y la empatía que eventualmente nos hace distantes. La fragilidad está mal entendida, no es un símbolo de debilidad es un símbolo de grandeza de espíritu, de corazón, de espiritualidad de amor por el prójimo. Algo así debería hacerse ver cómo un valor en la construcción más grande del que es el amor”.
A eso se suma otra observación: el país oye todos los días historias de dolor, pero no necesariamente ha aprendido a escuchar lo que esas historias significan. “Voy a ser muy honesto frente a lo que percibo como colombiano, el país está todos los días escuchando y viviendo historias incómodas y entonces pienso que esta constante es la que nos ha llevado a qué nos guste husmear en la vida de los otros, el conocer esa visión frágil, negativa y absurda de otro ser. En este libro se podrá navegar en aspectos profundos e íntimo de los personajes sin tener un nombre o historia concreta, son historias de las cuales el lector va a ser parte también como protagonista de estas historias, donde nos podremos identificar con nuestras emociones, conductas, percepciones, frustraciones, miedos, angustias y alegrías en lo que comprende la vida de cualquier ser. Entender la salud mental si es un reto porque aquí se confunde con el no hacer o el descaro en tranquilidad en el pensamiento que otros hagan por mí, la salud mental es compleja y debemos apuntarle a ello, intentar no desconocerla y no pensar que eso se soluciona con una palmadita en la espalda y un échale ganas”.
“Mi paciente y yo… Historias ocultas de consulta y vida” construye algo más que una compilación de historias inspiradas en la consulta psicológica. Lo que propone es una ética de la mirada: una forma de acercarse al sufrimiento sin explotarlo, de nombrar la herida sin convertirla en espectáculo, de entender que detrás de cada conflicto hay una biografía entera pidiendo sentido. Quizá por eso, cuando Jolianis habla de lo que le dejó revisar estas experiencias para convertirlas en libro, su respuesta suena menos a balance profesional que a aprendizaje vital: “Me dejó el entender que cada consulta deja algo de aprendizaje y experiencia, que esté aprendizaje me debe llevar a intentar ser cada vez mejor como persona, a valorar lo que tengo, a soltar cargas y entender que en esta vida hay que andar con la maleta vacía, porque este camino es corto, hay que disfrutarlo, enfrentando retos y vicisitudes con total entereza”.
Y acaso esa sea la nota que queda vibrando al final de la lectura. No la del especialista que dicta sentencia, sino la del hombre que, después de escuchar durante años el temblor de otros, decide contar esas vidas sin traicionarlas.















