Magazín cultural
Martes 22 de septiembre de 2026 - 02:08 PM

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga

Mientras los conductores cuentan los segundos para que cambie el semáforo, ellos cuentan monedas. Payasos, malabaristas y artistas viajeros han convertido las esquinas de Bucaramanga y su área metropolitana en pequeños escenarios donde, en apenas uno o dos minutos, se juegan el aplauso, el sustento del día y la posibilidad de seguir viviendo del arte.

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Felipe Jaimes Lagos y Camila Torres Uribe

Para muchos, esperar un minuto frente a un semáforo resulta tedioso; pero para otros, es el único escenario preciso para ser visibles y luchar por su sustento diario. Es una especie de ‘teatrino contabilizado’ donde la aprobación tiene forma de moneda o billete y los artistas son ‘las estrellas de la calle’. Con sello nacional e internacional. Las calles de Bucaramanga suelen mantener el mismo ritmo encendido: pitos que aturden, insultos que flotan en el aire y conductores atrapados en la prisa voraz por saltarse un semáforo en rojo.

En tal afán por llegar rápido a su destino, el bumangués promedio obvia los pequeños shows de talentos como los malabares, equilibrio, magia y cualquier otra destreza propia de una calle o carrera que cuenta con una parada semafórica.

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

Plim plim por la Carrera 27

Antes de iniciar su día, no puede faltar su media hora de meditación para estar en paz consigo mismo. A las 8:00 a.m., Manuel Antonio Acevedo o más conocido como “Manolín Plim plim” ya se encuentra a la orilla del semáforo entre la carrera 27 con calle 48. Enchaquetado, con corbata, sombrero, nariz roja y una sonrisa imborrable.

Manuel recuerda con alegría el día que por primera vez se enfrentó al “monstruo de mil cabezas” como suele llamar a su público motorizado. Y no era ningún novato, ya que la vida lo había llevado por los escenarios exigentes como el del circo, el estruendo de los parques de atracciones e incluso el polvo de las plazas de toros donde alguna vez esquivó embestidas, vestido de torero. Sin embargo, esta nueva audiencia urbana imponía un respeto distinto, una incertidumbre que le revolvía el estómago. El miedo era inevitable. Hasta que el pánico se esfumó con las primeras monedas que llegaron a sus manos, fue ahí donde entendió que la calle lo había adoptado para siempre.

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

Detrás del personaje de “Manolín Plim Plim” habita un ingeniero agrónomo que vive en una pequeña parcela a las afueras de la ciudad donde él cosecha sus propias hortalizas sin químicos y de vez en cuando las vende “para ayudar a la humanidad, no con fines de lucro” para que coman más sano.

Don Manuel a sus 66 años carga un gran equipaje de vivencias que comparte de una forma muy sabia y con su carcajada infaltable. Ha recorrido 16 países con el morral al hombro, dejando en cada frontera un puñado de anécdotas insólitas. Cuenta que un día, en plena Carrera 27 y en mitad del tráfico habitual, tuvo que desempolvar los reflejos de sus años mozos como torero, un carro imprudente se le vino encima sin frenar y lo embistió de lleno: “Veci, yo brinqué por encima con toda la fuerza”, recuerda entre risas. Por fortuna, en ese instante reaccionaron a tiempo las personas y lo llevaron de urgencia al hospital.

A lo largo del camino no ha faltado quien le haga el feo o le cierre el vidrio con desprecio. Sin embargo, en el corazón de este hombre no existe el rencor. Como buen artista, se queda con los aplausos y gestos nobles. El talento callejero es local y hasta internacional en la capital santandereana.

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La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

De La Plata a Las Zapamangas

Cuando el sol se oculta en Zapamanga VII etapa, Floridablanca, se puede observar a un joven que vive de desafiar la gravedad, apostando sus dedos en ello.… Antes de la pandemia, Alejandro Navas no encajaba en el molde tradicional de “un asalariado más” atrapado en la rutina laboral en su natal Argentina. No obstante, el encierro de la cuarentena lo empujó a cambiar de ‘hogar’.

Hace 6 años pisó tierras colombianas, llegando desde Leticia. Desde entonces “sólo me hace falta conocer la costa, pero Cali, Mocoa, Caquetá, Pitalito, Popayán, Neiva, Bogotá y Magdalena Medio, todo eso he conocido” enlista con orgullo el viajero oriundo de la ciudad de La Plata. Como buen platense, anima al Club de Gimnasia y Esgrima La Plata.

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

Eso sí, su pasatiempo favorito no es el fútbol sino el malabarismo. Con lo que sea: pelotas, bolos o machetes muy bien afilados. De hecho, este último es su show principal y su ‘telón’ es el semáforo en la T que une la Transversal Oriental con la vía a Cacique, entrada a Las Villas y la entrada a la carretera antigua. Esta parada es muy jugosa para los actos elaborados porque es de 120 segundos. Perfecta para el artista, una tortura para el conductor santandereano.

Usualmente Alejandro llega a su punto de trabajo casi a las 6:00 p.m. proveniente desde Morrorico en bicicleta. “Un trayecto de media hora de bajada si sabes conducir, pero una larga hora esa subida” comenta el artista internacional de 30 años. En una de sus manos se puede apreciar la marca que le dejó hacer malabares con machetes en plena noche. “Esa fue la primera vez que hice malabares nocturnos y me rebané la unión entre el índice y el corazón, afortunadamente en Brasil la atención médica es muy buena”, relata el malabarista argentino.

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

Todos los días sale de su hogar con la meta de reunir entre 70 y 80 mil pesos. Cantidad necesaria para cubrir su alimentación, arriendo y gastos varios. Lastimosamente, la situación económica lo alejó de una bebida muy propia de sus raíces: el mate. “El mate es muy caro aquí y no lo he podido comprar” confiesa Navas con cierto desdén y nostalgia. Él añora volver a conectar con su patria y por ende, ya está en consultas sobre su pasaporte para visitar al país ‘donde juran con gloria a morir’, ese mismo que no pisa desde hace una década.

Como Alejandro, hay una gran comunidad multicultural reunida en torno al arte circense callejero. Hombres y mujeres han llegado hasta este sector provenientes de Venezuela, Argentina, Bolivia, Perú y Uruguay. Este último con representación femenina.

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Garra charrúa callejera

Cindy es una mujer uruguaya de 32 años que tomó la decisión de ser una viajera más en el mundo del malabarismo. Su motivo principal para rebuscar el sustento diario son sus dos hijos y su gato que le esperan en casa todos los días.

Uno de los motivos para emprender el ‘arte del semáforo’ es uno que comparten casi todos los latinoamericanos, “la situación económica y social estaba muy dura”, relata la mujer. Sumado a esto, la mujer no pasaba por un buen momento personal. Mientras algunos amigos cercanos iban a su trabajo de oficina, ella los esperaba afuera con su hula-hula para jugar mientras pasaba el tiempo.

Uno de los amigos que se encontraban allí le lanzó su hula-hula hacia el paso del semáforo “yo me fui a buscarlo y estaba en rojo, hice cualquier estupidez y me pagaron” fue allí donde Cindy inició el mundo del malabarismo. Es muy diestra con el equilibrio, pero celosa con su imagen; por tal motivo, no desea posar para las cámaras. Su presentación sólo es para quien desee verla en vivo.

La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vida en 60 segundos: los artistas del semáforo en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

En la calle, la suerte tiene forma de comida, y cuando un transeúnte les regala la cena, el alivio en el bolsillo es enorme. Ocurrió justo en medio de esta entrevista, cuando una vecina del sector les acercó un par de sándwiches. “Nos ahorramos lo de la comida”, comentaron ambos malabaristas. Se sentaron en el andén a compartir la inesperada cena, bajo el atardecer anaranjado de la ciudad y sonó el típico ‘psss’ de ‘una fría’ que sirve para espantar el cansancio.

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A don Manuel, Alejandro, Cindy y demás magos, trapecistas y malabaristas de la ciudad bonita, no les interesan los más de 800 mil vehículos que circulan por el área metropolitana según la Dirección de Tránsito de Bucaramanga (DTB), ni la frialdad del 70% de los conductores que se esconden tras sus vidrios oscuros. Para ellos solo cuentan los 60 segundos frente al semáforo, en los que una moneda o un simple gesto de nobleza siempre pesará más que cualquier grosería.

Como dijo Manolín Plim Plim: La sonrisa es salud “uno no se enferma ni de diarrea ni de gripa”, porque sabe muy bien que, en medio de tanto afán, regalar una risa sigue siendo el acto de resistencia más poderoso y amable que existe.

Publicado por: Felipe Jaimes Lagos y Camila Torres Uribe

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