Raíces Sinfónicas llegó este 31 de octubre a Neomundo con una puesta en escena que reunió música, danza y personajes inspirados en diferentes territorios de Santander.

Publicado por: Redacción Cultural
La música, las tradiciones y los territorios de Santander se encontraron este sábado en Neomundo con Raíces Sinfónicas, una producción concebida como una celebración de la santandereanidad que aprovechó el día de disfraces para reunir a niños, jóvenes y adultos alrededor de una puesta en escena de gran formato.
Para Julián Díaz Zambrano, gerente de Neomundo, esta producción representa un nuevo paso dentro de una estrategia que busca ampliar el papel del escenario como espacio para la creación cultural y, al mismo tiempo, construir propuestas vinculadas con la identidad del departamento.
“Raíces Sinfónicas es la segunda muestra de Neomundo con todo el equipo que viene desarrollando esta estrategia de promoción del arte, de la cultura y de rescate de la santandereanidad”, explicó Díaz.
La propuesta tiene como antecedente ¡Ya, para de crecer!, experiencia presentada alrededor de Beatriz, personaje que representaba al área metropolitana de Bucaramanga y que permitió comenzar a construir un universo narrativo asociado con diferentes lugares, tradiciones e historias de Santander.
En esta segunda entrega, ese universo se amplió con tres nuevos personajes relacionados con distintos territorios del departamento. Andrés representa a Yariguíes y lleva consigo su ritmo; Helena está asociada con Vélez y con el sonido del tiple, mientras María José representa la fuerza del Cañón del Chicamocha y elementos vinculados con la identidad guane.
“En abril conocimos a Beatriz, que representaba el área metropolitana con la obra ¡Ya, para de crecer!, y en esta entrega estamos conociendo a Andrés, que representa Yariguíes y todo su ritmo; a Helena, que representa Vélez con su tiple, y a María José, que representa la fuerza del Cañón del Chicamocha y todo lo que tiene consigo el ejercicio de lo guane”, señaló el gerente.
Uno de los componentes centrales de Raíces Sinfónicas fue su despliegue musical. De acuerdo con Díaz Zambrano, 87 músicos participaron en escena como representación de los 87 municipios de Santander, acompañados por un equipo de aproximadamente 20 bailarines y artistas.
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La obra estuvo acompañada por una formación sinfónica infantil de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, dentro de un trabajo articulado con Estudio Cinco y CoCrea. De esta manera, el espectáculo amplió el formato de concierto al integrar música, interpretación, danza y una narrativa construida alrededor de la diversidad cultural del departamento.
“Tenemos en escena 87 músicos representando los 87 municipios de Santander y un equipo de bailarines y artistas de 20 personas”, afirmó Díaz Zambrano.

Ensayos, repertorio y formación de nuevos públicos
Detrás de la puesta en escena hubo también un proceso de preparación que comenzó varias semanas antes. Mariana Pinto, violinista, contó que la agrupación venía trabajando las obras con anticipación hasta que los músicos conocieron que ese repertorio haría parte de la propuesta preparada para Neomundo.
“Nosotros ya llevábamos un tiempo ensayando estas obras hasta que el maestro Marlon nos contó que estaban preparando el evento y que íbamos a tocar determinadas piezas. También conocimos la temática y todo lo relacionado con los personajes”, explicó.
Para Pinto, uno de los mayores valores de Raíces Sinfónicas está en el público al que consigue llegar. Aunque la música sinfónica suele asociarse con escenarios y audiencias especializadas, esta vez buena parte del espectáculo estuvo concebida para niños y familias.
“Me gusta porque es un tipo de evento que llega a todo tipo de público. Es un concierto mayoritariamente para niños, algo que no se encuentra mucho, y eso hace que la misma orquesta genere público y que ese público se quede para los próximos conciertos”, señaló la violinista.
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Esa posibilidad de formar espectadores desde edades tempranas adquiere relevancia para los propios músicos, pues permite que las agrupaciones locales sean conocidas más allá de los círculos habituales de la música académica.
“Siento que a Bucaramanga le hacen falta muchos más conciertos de estos, porque hay gente que no conoce la Juvenil, no conoce la Banda Sinfónica ni otras orquestas. Este tipo de encuentros ayuda a que la cultura de Bucaramanga llegue a más personas”, agregó Pinto.
La violinista destacó, además, que el repertorio fue construido alrededor de un concepto concreto: las raíces. Por eso, las obras y la narrativa buscaron relacionar la música con elementos de Santander y con expresiones de la música colombiana.
“Nosotros siempre intentamos hacer cosas muy variadas. La temática de este concierto fueron nuestras raíces, como decía el mismo programa, entonces se escoge un tema en el que queremos enfatizar y sobre el cual queremos generar conciencia”, explicó.
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La música también despierta recuerdos
Otra de las jóvenes que participó en el montaje fue Tatiana, intérprete de flauta traversa, quien destacó tanto el repertorio como el proceso de preparación de la presentación.
“La verdad me pareció muy chévere. Siento que tanto el repertorio como lo que trabajamos fue bastante eficiente y fue muy increíble para todos”, contó la joven músico, quien tuvo entre sus momentos favoritos el medley de AC/DC.
Sin embargo, para Tatiana la experiencia no se quedó solamente en la interpretación musical. El repertorio también abrió una relación con la memoria, el lugar de origen y los sonidos que acompañan la vida cotidiana.
“Siento que es una conexión tanto con uno mismo como con el lugar en el que uno crece”, explicó. Desde su experiencia en Bucaramanga, relacionó algunos de esos sonidos con recuerdos de la infancia y, especialmente, con su familia: “Son sonidos muy conocidos que nos hacen recordar cuando uno era niño, a nuestros papás, a nuestros abuelos”.
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Esa conexión adquirió otro significado al encontrarse con niños entre el público. Para la flautista, verlos siguiendo el espectáculo permitió pensar en el papel que los músicos jóvenes pueden tener como referentes para quienes apenas empiezan a descubrir el arte.
“Siento que podemos ser una inspiración para ellos, por si en algún momento quieren ser músicos y empezar con el tema de la música. Este tipo de repertorio y este tipo de eventos son muy chéveres para inspirar a los niños”, expresó.
Otra de las voces recogidas durante la jornada destacó precisamente ese carácter abierto del espectáculo. Uno de los participantes, identificado en la entrevista como Arias, señaló que este tipo de propuestas permite acercar la cultura a personas de distintas generaciones y, particularmente, despertar el interés de los niños.
“Este tipo de eventos son muy buenos para el arte porque, al ser para cualquier edad, podemos impulsar la cultura en nuestra ciudad. Podemos hacer énfasis en que los niños tengan esa cultura y puedan venir a disfrutar estos eventos, así como cualquier otra persona”, expresó.
Su apreciación coincide con lo planteado por las jóvenes instrumentistas: la formación de públicos no depende únicamente de enseñar música, sino también de crear escenarios donde niños y familias puedan experimentar una presentación sinfónica desde una propuesta cercana y conectada con su territorio.

Una juventud que encuentra espacio en el arte
La presencia de jóvenes músicos fue también uno de los aspectos que llamó la atención entre los asistentes. Marcar Elizabeth Villamizar resaltó que la experiencia le permitió reconocer en las nuevas generaciones un interés por las raíces del departamento.
“El evento me pareció genial. Ver a la juventud aprovechando el tiempo de esta manera, mostrándonos el arte y, sobre todo, recordándonos lo autóctono, lo que es Santander y nuestras raíces, es un sueño hecho realidad. Fue espectacular”, expresó Villamizar.
Su reacción recoge uno de los elementos que atravesaron la puesta en escena: la posibilidad de vincular a nuevas generaciones con músicas, símbolos, paisajes y expresiones culturales que forman parte de la memoria regional mediante lenguajes escénicos capaces de dialogar con públicos infantiles, juveniles y adultos.
Para Juan Camilo Villamizar, otro de los asistentes, uno de los aspectos más atractivos del montaje fue la manera en que la música se complementó con otras disciplinas artísticas.
“Fue un concierto chévere, con una propuesta artística bastante interesante. La música estuvo complementada por las artes escénicas y los bailarines, y siento que la elección del repertorio fue muy acertada para el público al que estaba dirigido”, comentó.
Villamizar coincidió además con Tatiana en su gusto por uno de los momentos del repertorio. “Soy fan de la música de AC/DC, entonces me agradó bastante que añadieran ese tipo de repertorio”, señaló.
Más allá de sus preferencias musicales, su valoración se concentró en la necesidad de que estos eventos encuentren espectadores y puedan mantenerse dentro de la programación cultural de la ciudad.
“Es necesario apoyar estos espacios porque, cuando en escenarios culturales como estos se deja de ver la participación del público, es cuando empiezan a morir. Por eso me parece muy importante asistir a este tipo de eventos”, afirmó.
También planteó que una experiencia de este tipo puede convertirse en una alternativa para quienes buscan romper con los planes habituales de fin de semana y acercarse a otras manifestaciones culturales.
“De pronto no es el plan que uno tendría para un sábado cualquiera, pero créanme que es una buena opción si lo que están buscando es cambiar de rutina o enriquecerse un poco en el ámbito cultural”, añadió Villamizar.
Esa percepción sobre el valor de la oferta cultural local fue compartida por Héctor Santana Cala, quien destacó especialmente la capacidad que tienen estas propuestas para acercar a los jóvenes a las disciplinas artísticas.
“Esto es, como dice la palabra, espectacular. Es algo que motiva a la juventud a inclinar sus actividades hacia el arte y a alejarse de otras cosas”, señaló Santana Cala.
Para el asistente, la experiencia también dejó en evidencia una oferta artística que todavía no es suficientemente conocida por los habitantes de la ciudad.
“Aquí podemos demostrar que Bucaramanga tiene una gran calidad de artistas, una gran calidad de eventos y situaciones que la gente desconoce y que no ha tenido la oportunidad de disfrutar como hoy lo disfrutamos”, añadió.
Santana Cala también invitó a quienes no asistieron a esta presentación a estar atentos a la programación de diciembre en Neomundo, donde, según manifestó, habrá una nueva oportunidad de encontrarse con este universo artístico.
“En diciembre esto se va a volver a presentar en Neomundo y es la oportunidad para que Bucaramanga conozca que tiene un potencial muy grande en arte, en las danzas, en la música y en muchas cosas que realmente vale la pena explorar”, expresó.

Una apuesta cultural desde Neomundo
Para Neomundo, Raíces Sinfónicas hace parte de una estrategia que pretende darle continuidad a proyectos culturales propios y convertir el escenario en un punto de encuentro alrededor de la identidad regional.
El trabajo, según explicó su gerente, se ha logrado mediante la articulación de diferentes instituciones y equipos creativos.
“Se logra gracias al trabajo articulado, por supuesto, con la UNAB, con Estudio Cinco y CoCrea, y muestra un poco todo lo que es la santandereanidad que queremos celebrar”, señaló Díaz.
De esta manera, la apuesta busca construir relatos en los que los municipios, los instrumentos, las músicas y algunos de los principales referentes geográficos del departamento puedan encontrarse dentro de una misma experiencia artística, mientras intérpretes de distintas edades llevan esas referencias a nuevos públicos.
Raíces Sinfónicas funciona además como un anticipo de Navimundo, la propuesta con la que Neomundo continuará desarrollando este universo cultural durante la temporada de Navidad.
Díaz Zambrano explicó que el proyecto pretende mantener como hilo conductor las historias y los elementos asociados con la identidad de Santander.
“Muestra un poco todo lo que es la santandereanidad que queremos celebrar con Navimundo, que es un homenaje a los que nos vieron crecer; es la Navidad de Santander”, agregó.
Así, las voces de músicos y asistentes confluyeron alrededor de una misma preocupación: para que una escena cultural permanezca viva no basta con producir espectáculos, también es necesario construir públicos. Desde Mariana Pinto, que ve en los conciertos infantiles una posibilidad para que nuevos espectadores conozcan a las agrupaciones locales, hasta Tatiana, que reconoce en los jóvenes músicos una inspiración para los niños, Raíces Sinfónicas convirtió a Neomundo en un escenario donde la memoria de Santander dialogó con las generaciones que pueden darle continuidad.













