Espiritualidad
Jueves 08 de julio de 2010 - 10:00 AM

El tiempo pasa, ¿qué ha hecho usted con él?

¿Cuál es su edad? Haga cuentas y mire hoy cuánto tiempo ha transcurrido desde que llegó a este planeta.

Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com

Por ejemplo, si ha cumplido 40 ‘abriles’ se podría decir que ha vivido, de manera aproximada, 350 mil 400 horas. ¡Bueno! es obvio que los números no son tan exactos, pero igual esa cifra se ajusta algo a la realidad.

Si le sigue echando calculadora al asunto y asume que quien tiene 40 le ha dedicado 8 horas diarias a dormir, habría que decir que ha estado con los ojos abiertos 233 mil 600 horas.

¿Cuántas de esas horas realmente habrá aprovechado alguien que en la actualidad tenga 40 años?

La verdad es que no parece mucho el tiempo que se dispone para trabajar, para divertirse e incluso para realizar proyectos.

Si tenemos presente que no tenemos la vida comprada, los días que nos faltan por vivir se verían como algo fugaz.

Y mientras usted hace sus propias cuentas de acuerdo con su edad, lo invitamos a reflexionar sobre lo importante que es saber usar el tiempo de vida que pasamos despiertos.

¿Qué está haciendo ahora?

¿Le está sacando jugo a su presente?

¿Acaso no estará dejando todo para un mañana que es incierto?

La idea este texto no es que se sumerja en una angustia existencial, ni mucho menos que termine deprimiéndose. El sentido es otro.

Las horas y los días vienen y van; lo que debemos hacer es disfrutar cada segundo que se nos permita estar en este mundo.

Usted puede ser muy joven, pero al mismo tiempo puede estar desaprovechando esta bella época de su vida. Y, por el contrario, puede tener el cabello cenizo, o ni siquiera tenerlo ya,  y estar disfrutando la placidez de vivir.

Alguien dijo que contar, de manera literal, las horas que hemos vividos nos permite hacer balances y analizar, no sólo lo que hemos hecho, sino lo que nos falta por emprender.

Ojo: no se trata sólo de saber si ya sembró un árbol, si ya se tiene un hijo o si ya escribió el libro aquel del que todos dicen debemos redactar. El asunto va más allá de las cuentas bancarias o de lo ‘bailado’, como dicen por ahí.

También es un asunto de saber qué tan buena persona ha sido, a cuánta gente se le ha tendido la mano o qué tan valioso ha sido su aporte a la sociedad.

La cuenta regresiva que empezamos justo el día en que nuestros padres nos engendraron, se da en cada cosa que nos sucede.

Lo que ocurre es que no queremos darnos cuenta de que el tiempo avanza a pasos agigantados y que aún nos faltan muchas cosas por hacer.

LA ‘EXCUSITIS’

La palabra, a decir verdad, no existe en el diccionario. Y aunque es inventada, muchos usamos con relativa frecuencia ese término sólo para justificarnos.

Sacar excusas para dejar de hacer lo que nos corresponde se ha vuelto una penosa costumbre.

Tener excusas a toda hora es la peor enfermedad que acompaña a muchos de nosotros; sobre todo, cuando no nos atrevemos a cambiar.

Muchos ni siquiera se atreven a plantearse metas a corto plazo, porque temen fracasar en el intento.

Lo peor es que en ese ‘mar de excusas’, la vida se nos pasa sin detenerse y sumergiéndonos en la rutina, en la pereza e incluso en vicios, los cuales nos desgastan y nos hacen fracasar.

Las excusas son como esos pensamientos apagados que llegan a nuestra mente. Son ideas planas, obsoletas y ligeras, las cuales logran dejarnos atornillados.

Es por eso que nos volvemos mediocres; porque nos la pasamos buscando las mil y una razones para excusarnos por lo que no nos atrevemos a hacer.

¡Si no soñamos, no construimos!

¡Si no actuamos, no avanzamos!

Simón Bolívar, para estar acorde con la fecha del Bicentenario, antes de libertar país alguno, cayó derrotado en 17 batallas.

¡Qué tal ese dato!

El mal de la ‘excusitis’ enferma y nos deja plantados en el ayer esperando un mañana que nunca llegará. Debemos hacer algo para mirar hacia el frente.

Hay que hacer como el sol, levantarse temprano y no acostarse tarde; o comportarse como La Luna, que brilla en la oscuridad, pero se somete a la luz mayor.

Apuéstele a ser como el oasis, que le da agua al sediento. Copie a la luciérnaga, que aunque pequeña, emite su propia luz.

Piense en el agua, que es buena y transparente; y sígale la pista al río, que siempre va hacia delante.

No deje perder las 24 horas de este día, ni los 60 minutos que cada una de ellas nos regala.

 

Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com

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