Nos llega con relativa frecuencia. A él lo encontramos en los rostros de los compañeros de la oficina, en los de algunos familiares, en los de ciertos amigos; y muchas veces lo vemos en los espejos, cada vez que nos paramos frente a ellos.
Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com
Hablamos del desánimo, un virus muy famoso en estos tiempos, el cual taladra nuestros pensamientos. Poco a poco, esa desesperanza nos va carcomiendo las ganas de vivir.
El desánimo llega sin avisar y restriega nuestra voluntad, menosprecia nuestros sueños y, de manera literal, llena de agujeros los mapas de la prosperidad.
Todos lo hemos padecido en algún momento. Caemos aprisionados en el mundo negro de la desconfianza en nosotros mismos. Algunos caen en la depresión, otros se ven ansiosos y no faltan los que terminan aniquilados en una profunda tristeza.
El desánimo nos hace tropezar, nos lleva a callejones sin salida, nos hace ver muy vulnerables y, lo que es más preocupante, nos acarrea problemas más graves.
Si sentimos algunos de estos síntomas, ¡mucho cuidado! Estamos a tiempo de mirar hacia arriba.
Lo primero que debemos hacer es asumir que el desánimo, como tal, no es culpa de nadie más que de nosotros mismos.
Permítanos recalcar en esto último: ¡si estamos desanimados es por decisión nuestra!
No debemos echarles la culpa ni a la falta de plata, ni al jefe, ni mucho menos a la suerte. El desánimo es una fea actitud y, así las cosas, somos nosotros quienes decidimos asumir o no este rol derrotista.
¿Qué hacer?
No hay un manual, pero sí hay por ahí algunos truquitos fáciles de cumplir y muy útiles.
Es preciso tener la suficiente fuerza mental como para saber que podemos aprender de nuestros errores, sin tener que sumergidos en la tristeza por tales fracasos.
Una buena iniciativa es la de asumir patrones disciplinarios. Es algo así como emprender una dieta espiritual, la cual le apuesta a vencer todas esas gordas cucarachas que se crían en nuestros pensamientos.
Nos corresponde ser realistas y prácticos. No podemos quedarnos sentados en nuestras desvencijadas sillas; hay que levantarse y salir adelante.
Asumir la vida es uno de los mejores remedios contra el aburrimiento. Si no tenemos plata, ganémosnola; si no tenemos trabajo, busquemos la forma de ser productivos; si nos sentimos solos, saquémosle provecho a esa condición; si estamos pasados de kilos, hagamos ejercicio, en fin
Otro buen consejo es pedirle ayuda a Dios; ¡pero con fe! No hay mejor consejero que Él, ni nadie más efectivo.
Claro está que su dictamen divino también es muy contundente y no podemos olvidar la frase que Jesús dictó: ¡ayúdense que yo les ayudaré!
La Página Espiritualidad hoy le recuerda que si el desánimo lo tiene atrapado, no piense que es el final de su vida: todavía tiene un largo camino por recorrer, hay suficiente tiempo para trabajar y, la verdad, tiene mucha fuerza para continuar.
LISTA
El Top 10 de las fórmulas para derrotar a la desesperanza
1Tenga fe: ¿Sabe qué es la fe? Es tener la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Mejor dicho, es tener confianza. ¿No la tiene? ¡Claro que sí! Es sólo que los problemas le hacen ver todo oscuro. Sin embargo, en el fondo de su corazón, usted mismo tiene las soluciones para calmar ansiedades, dudas y miedos.
2 Una buena actitud: Es fundamental asumir las situaciones con serenidad y ponerle un poco de entusiasmo a la vida; por encima de los problemas. Así las cosas le den la espalda, ¡mire para el frente!
3 Su imagen física: puede sonar algo frívolo este consejo, pero es muy útil. Verse bien y hacer todo lo posible para lucir mejor, dan buenos resultados. Una postura adecuada genera una disposición feliz. Usted puede estar muy triste, pero su ropa, un corte de cabello y una salida a cine pueden proyectarle una inusitada felicidad, que se le convierte en la mejor medicina para tanto abatimiento.
4 Cree las circunstancias: Invente situaciones para sentirse bien. Usted no tiene que esperar a que todo le salga bien para amar un programa que le permita desahogarse y encontrar momentos de sana diversión. Es cierto que el mundo no siempre le sonríe; pero eso no le impide diseñar rostros positivos.
5 ¡No se ponga bravo! Recuerde que hay una sentencia que reza así: 'el que se enoja, pierde'. Y nada más cierto: disgustarse, sobre todo por bobadas, le deja arrugas, saca canas y, lo peor, lo sumerge en el tedio. Por muy dura que sean las cosas, mírele el lado bueno y deje de pelear.
6 Perdone y pida perdón: Nada de resentimientos ni rencores. Cuando odiamos, sufrimos. Si alguien nos hizo alguna cosa mala, perdonémoslo. Y si somos nosotros quienes le fallamos a alguien, nos conviene dejar orgullos y saber pedir excusas. No hay hechos más liberadores que el perdón y el arrepentimiento.
7 Una sonrisa: Eso sí que es estimulante. Sonreír es fácil y no vale ni un peso. Cuando lo hacemos, sentimos que todo está bien; es como una buena vibra que llega al cerebro y contagia.
8 Dar para recibir: servir es otro gran antídoto para sentirse mejor. Cuando se da con amor, se posa en el corazón una paz indescriptible. Y lo mejor es que lo mismo que usted dé, le será dado.
9 Una fuerzas: hágase al lado de gente de la que pueda aprender. Muchas veces nuestro desánimo es alimentado por personas que crean malas energías y a toda hora viven diciéndose y diciéndole a usted que nada vale el esfuerzo. Dos o más personas que se unen en un espíritu de colaboración y de respeto multiplican el positivismo. ¡Pafuera los amargados!
10 Perservere: Por ahí dicen que el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. Y mucha razón tiene, porque la perseverancia, desde que las cosas se hagan con buena disposición, siempre nos lleva al éxito.














