A lo mejor se ha formulado alguna vez la pregunta que encabeza esta página. Y con seguridad usted mismo se habrá respondido que, en verdad, no tiene realmente lo que se merece.
Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com
Con este texto no vamos a intentar convencerlo de que está errado en esa posición, ni mucho menos. Pero sí lo invitamos a analizar qué tanta responsabilidad le cabe a usted por no tener lo que anhela.
No siga leyendo este documento hasta que reflexione qué ha hecho por merecer un mejor sueldo, una mejor calidad de vida, un gran amor, en fin
¿Ya lo hizo?
¡Por favor, no le eche la culpa a nadie! La idea no es desembarazarse de su responsabilidad y achacarles sus males a los demás.
Y si insiste en que no es responsable de nada de lo que le pasa, le reiteramos que piense sobre qué puede estar sucediendo para que la vida no le sonría.
Le conviene recordar que los grandes triunfadores son los que son capaces de transformar sus sueños en realidad.
De pronto, usted ha tenido miedo de lograr lo que quiere. Ese es un sentimiento de inquietud que casi siempre se origina por las cucarachas que se anidan en su mente.
Si supera esa ansiedad usted puede seguir adelante; si no lo hace, esos bichos se transforman en fantasmas que lo dejan atornillado en la misma oficina de trabajo y con el mismo sueldo; en la misma relación absurda que sostiene con esa pareja que ya no ama y enfrascado en ese querer ser.
Uno de los defectos de quedarse anhelando algo que nunca llegará, es que turba sus sentidos y hace que usted se la pase diciendo: pobrecito yo, soy de malas, que vida tan aburrida la mía.
Descubra el valor que lleva por dentro.
¿Cuántos miedos enfrenta en su vida?
Quizás le da miedo asumir los riesgos de formar una empresa, le da pavor protocolizar una relación estable con alguien; e incluso le aterra la sola idea de renunciar a un cargo laboral que, aunque le ofrece cierta estabilidad en las quincenas, lo mata del tedio.
¡Es una lástima pensar así!
Quien vive sumergido en sueños irrealizables, se resiste a la posibilidad de algún tipo de cambio en su futuro cercano.
No lo queremos regañar, pero la actitud cobarde que usted asume con lo que le ocurre, equivale al rechazo de la vida misma y a escoger los caminos de la angustia y de la ansiedad, los cuales lo abrazan cada vez más de una manera estrecha.
Enfrentarse a la realidad, asumir retos y luchar por lo que se merece son acciones claras que le permiten crecer y experimentar la vida como algo satisfactorio.
Es por eso que cuando una crisis toca a la puerta, los que tienen fortaleza reaccionan. Y aunque a ellos el miedo los sacude, al sentir que se les mueve el piso luchan por todos los medios para no caer.
De pronto usted sí tiene lo que se merece. Y si tiene tan poco es porque sencillamente no ha querido más en la vida real.
Digámoslo de otra forma: no ha hecho nada para estar mejor.
A veces los miedos no lo dejan romper las viejas estructuras, las cuales están basadas en conclusiones falsas y roles derrotistas o lastimeros.
No obstante, si cambia sus enfoques y enfrenta los temores, se dará cuenta de lo maravilloso que es disfrutar lo que se ha ganado con su propio esfuerzo.
El cambio, así sea con la sombra del miedo, es una característica integral de su ser.
Cuando hay vida, hay esperanzas.
¡Le llegó la hora de demostrar qué tanto se merece en la vida y sacarles el quite a tantas excusas!
UN MINUTO
Un minuto sirve para sonreír y hasta para llorar. Sirve para ver el camino, admirar un jardín, sentir el perfume de la flor, contemplar el césped mojado y percibir la transparencia del agua.
Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito, aunque sin poder entenderlo.
A veces sólo se dispone de un minuto para escuchar el canto de los pájaros, para oír el silencio o para interpretar una nueva canción.
En un minuto, uno dice el sí o el no que cambiará toda su vida.
Basta un minuto para acabar con muchos años de estabilidad en el hogar. En un minuto destrozamos la vida de nuestros seres queridos, por sólo un minuto de infidelidad.
También en un minuto podemos salvar nuestro hogar colocando en la balanza años de convivencia, entrega y sacrificios por la gente que realmente nos quiere.
Se requiere de un minuto para un apretón de manos y conquistar un nuevo amigo.
En un minuto se puede sentir la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción o la alegría de la victoria.
Un minuto parece tan poquito y, sin embargo, puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida.
Lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo. Viva cada minuto intensamente.
La vida es hoy. ¡Que el reloj de su vida, marque cada minuto al compás de los latidos de su corazón!
TODO SE REMUNERA, MENOS EL ALMA
DIEGO MAURICIO CABALLERO
Especial para VANGUARDIA LIBERAL
Se habla de que nada nos queda grande, que somos echados palante o que nada nos doblega; son como himnos en la monotonía de muchos colombianos.
Lo cierto es que sufrimos de una dependencia donde las excusas son las drogas: excusas del por qué estamos como estamos, por qué tuve que robar, por qué el licor es mi acompañante cada fin de semana, hasta el por qué nací en este país.
Creemos ser libres en nuestros pasos, pero pensamos como esclavos. A muchos la historia de la Independencia les pesa, tanto así que ni las caras son capaces de levantar; otros ni saben por qué es el Bicentenario. Sin embargo no hay que culpar a nadie porque sería excusarnos de nuevo, así sea una ironía que la vida no es vida si no una simple apología. Pero es ahí donde tenemos que empezar a cambiar una vana tradición.
Hay que ser valientes para sonreír donde no hay motivos para hacerlo; ser echaos palante para caminar en medio del facilismo y no dejar que las cosas nos queden grandes.
Dios es dueño de lo sobrenatural, no de lo espectacular. Somos sus hijos y por eso nos dio una serie de leyes y regalos como el poder pensar, el tener libre opción, sentir amor, tener sueños, el poder relacionarnos, el tener una familia Lo mejor es que nos especializó en unos dones, los cuales son parte de cada segundo de nuestra vida: si mira en la hoja del ayer y ve que cuando hablaba algunos eran felices, es porque su don es alegrar una sonrisa; si cuando peleaba con mamá, usted era el único que bajaba la mirada y aceptaba sus errores, su don es la nobleza; si hizo que un corazón herido volviera a creer, su don es el amor; si habla o escribe de lo que nadie entiende, su don es la sabiduría.
Ojalá que al haber recordado algunas verdades, podamos en algo empezar a ser libres.














