A nuestra vida le faltan esas cintas de papel arrolladas que se arrojan en fiestas o jornadas de diversiones. A veces no les ponemos una cara amable a los hogares o a los sitios de trabajo o de estudio. Nos conviene promover una fiesta en nuestros corazones y adornarlos con serpentinas.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Algunas personas tienen todo para ser felices y ni siquiera lo saben. Esa, sin lugar a dudas, es una de las grandes paradojas del mundo actual.
Lo que nos sucede a muchos, de manera desafortunada, es que siempre esperamos algo “extraordinario”; y, en esa larga espera, nos perdemos el encanto de las cosas sencillas que ya poseemos.
¡Ahí estamos pintados!
A otros seres humanos, lo que les ocurre es que caen en la trampa de postergarlo todo. Se la pasan trabajando hasta más no poder y se olvidan de disfrutar lo que hoy tienen en sus manos. Quienes actúan así, por alguna extraña razón, consideran que la felicidad les llegará después.
Hay varios individuos que tienen metido en sus cabezas que solo serán felices en la medida en que conjuguen el verbo “tener” en primera persona: “si yo tuviera plata”, “si yo tuviera carro”, “si yo me casara”, “si yo trabajara en tal empresa”, en fin… Le dejan la decisión de ser feliz a un “si” condicional que nunca llega.
También están los que viven atrapados en un remolino de afanes por el futuro, de tristezas por el pasado y de desilusiones por el presente; cuando lo provechoso es gozar del terruño y de las pequeñas realizaciones que logramos conseguir cada día.
Por ahí hay más de uno que vive acumulando dinero y más dinero. Les pasa lo de ciertas abejas que se asfixian en la miel que acumulan. De igual manera, esas personas se pierden en los dulces y en las riquezas que han ido consiguiendo.
No faltan los que confunden la felicidad con la ausencia de problemas y fantasean con un mundo irreal. Ciertos hombres se atreven a decir que prefieren ‘no leer noticias’ ni conocer las duras realidades que viven los demás, solo para no llamar la tristeza.
La verdad es que somos tan felices como nosotros elijamos serlo; la felicidad no llega de afuera, pues del cielo nada nos caerá.
Nosotros mismos construimos nuestra felicidad y la disfrutamos con Dios, con el amor real, con las cosas simples y con una vida serena.
Nadie le dará la felicidad que usted mismo no cree. ¿Quiere un ejemplo?
Quienes viven de mal genio deberían entender que si quieren estar en paz, tienen que aprender a controlar sus reacciones, sus palabras, sus sentimentalismos, sus rabias y sus emociones. Tal vez les falta una pequeña gota de serenidad para estar tranquilos.
No cabe duda de que Dios hizo su mejor esfuerzo a la hora de pintarnos. Él, como el gran artista de la creación que es, mezcló los rasgos tanto físicos como sicológicos de nuestros padres y nos otorgó algunos dones.
A nadie le dio todo completo, pero tampoco nadie se quedó sin nada. Lo que usted debe hacer es moldear el don que recibió y pintar sobre el lienzo de su vida la misión que le corresponde.
Para ser feliz solo basta con proponérselo; porque eso que llaman “tristeza” es algo que nos envían los demás.
Por último, reflexione sobre lo siguiente: ¿Si hoy tiene vida, no cree que cuenta con la suficiente felicidad en sus manos?
¡Anímese a disfrutarla!
Viva pensando en el Dios que lo rodea y lo acompaña a cada momento. Si lo hace, sentirá que su vida se convierte en una bella plegaria de fe y de amor.
LE QUEDA PROHIBIDO...
… Llorar sin aprender.
… Levantarse un día sin saber qué hacer.
… No luchar por lo que quiere.
… Hacer que alguien pague sus deudas.
… Llamar a los amigos solo cuando los necesita.
… No ser usted ante la gente.
… Fingir ante las personas que no le importan.
… Hacerse el gracioso con tal de que lo recuerden.
… No ser consecuente con lo que dice.
… Tener miedo a la vida y a sus compromisos.
... No intentar comprender a las personas.
… No saber que cada uno tiene su camino y su dicha.
… No tener un momento para la gente que lo necesita.
… No comprender que lo que la vida le da, también se lo quita.
Sobre La imagen de Dios
Muchos hombres y mujeres, que se creen muy religiosos y hasta piadosos, solo son idólatras de sus dioses, de los mismos que ellos han hecho o de los que otros les han vendido. Lo peor de esta idolatría es que puede tener gravísimas consecuencias, ya que en nombre de ese falso dios, se pueden realizar y justificar grandes perversidades. Por algo será que la Biblia, después de mandar a amar a Dios sobre todas las
cosas, ordena no tomar su santo nombre en vano. Se ha abusado tanto de Dios, que quizás no nos debería extrañar que muchos se nieguen a creer en Él.
Nunca se canse de intentar que su vida sea mejor; la perseverancia siempre tiene su recompensa.
Simpática historia
Treinta hombres que padecían de un leve retardo mental se perdieron justo cuando regresaban a su pueblo. Ya era tarde. De pronto empezó a llover y se refugiaron bajo un árbol para pasar la noche; todos juntos, unos sobre otros.
Y cuando se despertaron se vieron tan “enredados”, que estaban hechos un lío y no podían distinguir de quién era cada brazo y cada pierna.
Para resolver el “problema”, uno de ellos tomó un alfiler y lo clavó en la primera pierna que vio.
- “¡Ay!” gritó uno de ellos.
“Ahí lo tiene” replicó, “esa pierna es suya”.
Luego pinchó en un brazo.
- “¡Ay!” exclamó otro, identificándose como el propietario de dicho brazo.
Y así, de manera sucesiva, hasta que se deshizo el lío.
¿A qué viene esta singular historia?
A que deberíamos entender que cuando nuestro corazón responda instintivamente a las alegrías y a las penas de los demás, se sentirá vivo y solucionará sus problemas; así no sea muy inteligente.















