Debemos tener muy presente que para ser realmente grandes en la vida, hay que estar con la gente, no por encima de ella. Eso sí, cada quien forja su propia grandeza.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Podemos aspirar a ser grandes, pero debemos lograrlo ‘con’ y ‘entre’ la gente. La verdadera grandeza no necesita la humillación del resto.
Habrá notado que escribimos entre comillas las preposiciones ‘con’ y ‘entre’.
¿Por qué? Porque en eso radica la grandeza: ¡En brillar en medio de la gente, para que esa luz nos irradie a todos!
El problema de tener ínfulas de grandeza es que nos pone en el plano de la competencia o en una absurda rivalidad.
Nuestros retos son con cada uno de nosotros. La misión no consiste en subir a la cima solo para gritarlo a todos los vientos. Si nos ponemos a alardear, lo único ‘grande’ que conseguimos es caer en el error de la prepotencia.
Brillar siempre será bueno, pero no podemos ‘encandelillarnos’. Muchas veces alguien lucha de manera desaforada por llegar a ser el jefe de la oficina, por tener el mayor número de millones en sus cuentas bancarias o por vestir con los últimos ‘gritos’ de la moda.
Suele suceder que cuando se alcanzan tales instancias, los únicos ‘alaridos’ que escuchamos son los de nuestras conciencias, las cuales nos ponen frente a los espejos de la soledad, la tristeza o la depresión misma.
Deberíamos saber que con el solo hecho de tener salud, ya tenemos el brillo terrenal ganado. Lo demás, entiéndase el trabajo, el dinero, el amor o la estabilidad, llegan por añadidura.
Por algo se leerá en las Sagradas Escrituras que “el reino de los cielos se parece a un grano de mostaza”.
Orar, servirle a la gente, perdonar, sonreír a pesar de la tormenta que nos azote, saber escuchar, no quejarse de nada, hacer lo debido aunque no sea lo esperado, no vivir de la ovación, no presumir de nada, darle un abrazo a quien lo necesite, en fin... ¡Todos esos procederes son actos de grandeza!
Queremos aclarar que sí es buena una sana creencia en nuestras capacidades, pero no debemos pasarnos de la dosis, pues podría ser perjudicial y nos podría destruir.
No hay que ambicionar el poder, sino ponerse al servicio de los demás. ¡Ese es el verdadero éxito en la vida!
Porque el poder se manifiesta en la humildad. Y por eso la grandeza es la expresión del espíritu de un hombre, hecho por Dios.
Ser una mejor persona
* Se le debe dar una mano a quien pide un favor. Hay que ayudarle a llevar su carga y colaborarle en su tarea; pero, no lo reemplace en lo que esa persona debe hacer. Ojo: usted puede terminar haciendo lo que no le corresponde.
* Conozco al líder de un grupo que tiene muchos amigos, no porque habla mucho, sino porque su conversación es generosa con los demás. Es buen oyente, es creativo para hacer preguntas, hábil para hacer que los demás hablen más que él, se interesa por lo que le dicen sus subordinados, le encanta que sean los demás los que planteen soluciones y, sobre todo, apoya a su gente. ¿Así es usted en casa con sus hijos o en la oficina con sus empleados?
* No sea como el ‘fosforito’, que se enciende con nada. La rabia no deja cosas positivas. Además, con la soberbia no hay oportunidad de nada distinto a lastimarse uno mismo. Algo más grave: El rabioso hace sentir mal a quienes lo rodean.
* La principal forma para no dejarse abatir con los ‘cruces de caminos’ que nos enfrenta la vida, es ver las cosas de una manera práctica. Y una de las tácticas para ser práctico consiste en vivir de una manera sencilla, sin mayores aspavientos.
* Elimine de su vocabulario frases como ‘algún día’, ‘ya vendrá la ocasión’, ‘quizás mañana’. Aprenda a disfrutar todos los regalos que cada día se nos dan como gracia de Dios.
* Haga de cuenta que sus horas están contadas y verá que serán muy pequeñas las situaciones que lo harán enojar. No desaproveche lo que le agregue risa o alegría a su vida.
Con los pies en la tierra
Podemos ser grandes con el simple vuelo de nuestros sueños. Hablamos de aquellos anhelos que se elevan lo más alto posible, pero que se conciben con los pies en la tierra.
Debemos dar grandes pasos para alcanzar nuestras metas, siempre y cuando se hagan con serenidad y confianza propia.
La pasión es otra chispa. No podemos dejar que la vida, que ha de ser una bella emoción, se convierta en una costumbre.
Vencer el miedo, también nos hace grandes. A veces vemos el camino muy tortuoso; pero cuando lo encaramos con valentía, aprendemos a clarificar nuestro horizonte.
Tenga presente las bendiciones que ha recibido de Dios. Dicen que esta forma de pensar, es un método científico que ha sacado del pesimismo a millones de personas.
Escriba hoy tres razones que tenga para ser feliz. Encuéntrelas, disfrútelas y cambiará de manera radical su forma de ser.
Use palabras brillantes, alegres y optimistas. Hable con términos que le prometan a usted victorias. Si lo hace, se le rejuvenecerá su estado de ánimo.















