No quiera ir al triunfo por los atajos. Las vías ‘fáciles’ para acceder a sus metas no son siempre los mejores caminos.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Es cierto que algunos trayectos de su vida son difíciles, tortuosos o de alta peligrosidad; pero si maneja concentrado, si va paso a paso y sin acelerarse, siempre avanzará. Además, tendrá su compensación con una triunfal llegada a la meta.
El hecho de que exista el riesgo de caer al precipicio no quiere decir que se pueda quedar al margen del camino.
Por eso es preciso que conozca el terreno por el cual conduce. Eso sí, por más débil que se sienta, jamás retroceda, sin que por ello deba hacer movimientos ciegos o caer en la ligereza del volante, pues puede terminar en lo más profundo del abismo.
En todo trayecto es preciso ser fuerte y siempre dirigirse hacia los destinos anhelados, teniendo en cuenta que al final encontrará mejores horizontes.
Cuando en la ‘carretera de la vida’ se le presenten pasos de angustia o cuando la salida no esté en donde usted la busca, intente por otro lado o con otros medios. No gaste sus energías en lamentarse, sino en construir su propio camino. Concéntrese en la solución, no en el problema.
Borre de su mente las palabras ‘derrota’ o ‘fracaso’. ¡Piense que puede y podrá!
Algunos viajes van acompañados de situaciones dramáticas que parecen someterlo a prueba todo el tiempo, pero debe superar cualquier barrera. Dicen que cuando se va a recibir algo valioso, Dios primero le impone retos.
Si enfrenta las dificultades, consciente de que son parte del proceso de lograr el éxito, en primer lugar no será un desertor; y en segundo, obtendrá todo lo que quiera de la vida.
Finalmente usted puede pronunciar la siguiente oración: “Avanzo con confianza y con la certeza de que siempre creceré. Mi optimismo aumenta cada día. Soy capaz de crear muchas cosas, más de las que jamás hubiera creído posible”.
Vale decir que antes de encender los motores de su vida, cada día debe dar gracias por la posibilidad que tiene de estar en este mundo y, sobre todo, dejarse conducir por el ‘timón’ y por la bendición de Dios.
Tenga confianza
Sea optimista, use palabras alegres y positivas. Mejor dicho, hable con términos que le prometan a usted victorias reales.
Si lo hace, se le rejuvenecerá su estado de ánimo y cada día se levantará con razones poderosas para seguir disfrutando el bello arte de vivir.
Usted dirá que se lee fácil, pero que es complicado poner este consejo en práctica.
Si es de los que piensa así, le aconsejamos hacer el siguiente ejercicio:
Escriba tres razones que tenga para ser feliz. Encuéntrelas, disfrútelas y cambiará de manera radical su forma de ser. ¡Haga este ejercicio todos los días!
Si la tristeza le invade, ¡sonría!
Y si el sonreír no basta, ¡cante! Busque dentro de usted los muchos motivos que tiene para ser feliz y estar agradecido. Notará que la tristeza se irá desvaneciendo como la nieve ante la caricia cálida del Sol.
Usted vino a este mundo para ser feliz. No puede desgastar ni un segundo en pensamientos que hacen de su día un pésimo momento. Sea más inteligente y aproveche su estancia en la Tierra.
Le reiteramos: Si está triste, no le dé más cuerda al abatimiento, ¡levante su ánimo! Actúe como una persona feliz y esta emoción se irá convirtiendo en una actitud permanente.
Nada hay imposible; hay caminos que conducen a todo. Si tuviera la suficiente voluntad, contaría siempre con los medios necesarios. Recuerde que no sucede nada bueno que no haya sido alguna vez un sueño.













