Espiritualidad
Jueves 11 de febrero de 2021 - 12:00 AM

En las Manos de Dios y, sobre todo, en el tiempo de Él

Las cosas más maravillosas de la vida toman tiempo. Y si bien dicen que “a Dios le gusta hacerse esperar”, finalmente recibimos sus Bendiciones cuando nos corresponde tenerlas.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

Hay cosas que procuramos realizar y nunca nos salen; también hay otras que encaramos con tesón y sin embargo nos resultan al revés. Podría decir que se trata de situaciones que nos cuesta digerir, sobre todo por las consecuencias que ellas nos acarrean.

De igual forma, esos acontecimientos nos generan angustias y alteran nuestra cotidianidad.

Pese a ello, debemos entender que cada suceso se da cuando corresponde y trae consigo una lección que nos ayuda a madurar.

La verdad es que lo que nos pasa no ocurre siempre a nuestra manera ni en nuestro tiempo; todo se da en el tiempo del Señor.

Detrás de cada episodio de nuestra existencia hay una razón de ser y, tarde o temprano, la vida termina interpretándonos tal propósito.

Si lo analizamos bien, las cosas toman su curso natural a veces cuando menos lo esperamos, pero también en ese mismo camino se van nivelando las cargas.

Casi siempre pretendemos presionar que algo en nuestra vida se dé a nuestro modo, sin saber que quien decide es Dios.

¿Por qué nos impacientamos? ¿Cuál es la prisa para que algo se dé al ritmo de nuestros antojos y caprichos? ¿Por qué nos da rabia con los que van delante, creciendo y desarrollándose más que nosotros?

Hay que saber esperar, así eso nos cueste. Dejemos de pensar que todo es urgente y no sigamos en esa carrera desaforada, que solo nos dejará sinsabores.

Dios siempre nos promete Bendiciones; solo debemos esperar que ellas nos lleguen cuando sea preciso.

Los que confían en Dios se llenan de paciencia y tienen fe porque saben que triunfarán.

Debemos estar tranquilos con la Misericordia y la Gloria que Dios nos brindará a su debido tiempo.

¿A qué viene todo esto?

A que es preciso saber manejar y distribuir de manera adecuada cada minuto de nuestra vida, de tal forma que cada situación que nos surja sea abordada con la suficiente entereza.

Naturalmente, siempre será clave dejar que las circunstancias nos sorprendan, entre otras cosas, para abrir las ventanas de la serenidad y mantenernos fuertes ante las adversidades, siendo estrategas ante lo fortuito y viviendo tranquilos con el ‘día a día’.

Recordemos que aceptar la Voluntad de Dios es comprender que Él tiene planes mejores y más grandiosos de los que podemos imaginar.

Hoy, más que nunca, no se nos está permitido desfallecer ni mucho menos ‘tirar la toalla’.

Hay que seguir orando con la mayor devoción y creyendo en la Presencia de Jesús en nosotros, porque así podremos ser más fuertes.

Miremos al frente y tengamos claro que Él nos llevará hasta el lugar que debamos estar. Amén.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Cuéntenos qué es lo que aflige su estado de ánimo en la actualidad. La idea no es solo que se desahogue, sino que pueda compartir con nosotros sanas estrategias para recomponer su espíritu y de paso para alentar a otras personas que estén pasando por su misma situación. El objetivo es claro: que pueda mitigar los efectos de esas solitarias angustias por las que atraviesa. Envíe su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com y en esta columna le responderá Euclides Kilô Ardila. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Le he echado cabeza y no sé si es tiempo de ir al sicólogo. Le confieso que soy consciente de lo que me pasa, pero con el tema de la pandemia y sus repercusiones en mi entorno he comenzado a flaquear; tanto que mi estado de ánimo hoy está en el piso. Soy una mujer profesional, organizada económicamente y centrada en mis acciones. Sin embargo me he sentido afligida por lo que ha significado este largo tiempo de emergencia sanitaria. Me gustaría saber su opinión y le agradezco su amable atención”.

Respuesta: Muchas personas solo suelen acudir a ese tipo de consulta profesional cuando ya no pueden más con un ‘cuadro de sufrimiento’ en el que, de manera literal, han perdido el control de las emociones e incluso de la vida cotidiana, tanto en el ámbito social, como en los aspectos familiar y laboral.

Usted, en su carta, no me da muchos detalles sobre qué es exactamente lo que le ha hecho flaquear. No obstante, le cuento que es relativamente ‘normal’ lo que siente, sobre todo por la pandemia y por las duras consecuencias que ella le ha desencadenado.

Aunque veo que tiene claro que ‘algo no anda bien’ en su estado de ánimo, debo decirle que hay situaciones que son claras para ofrecerle un diagnóstico más certero de su real estado emocional.

Me gustaría saber si con frecuencia tienen problemas para conciliar el sueño y descansar, si le cuesta trabajo desconectarse de los problemas que a diario la acosan, si se ha sentido irritable o con cambios de humor súbitos y si pierde el control sobre los acontecimientos diarios. ¿Acaso llora con facilidad, sin poder evitarlo?

Siento que debe evaluar a conciencia estos síntomas para evaluar el camino a tomar. Le confieso que la sola idea de consultar el sicólogo es una sana terapia que, más allá de que lo considere necesario, le permitirá apreciar su estado desde una manera más clara. Se lo menciono porque, con cierta frecuencia, las emociones toman el mando y nos impiden pensar con claridad, nos bloquean o nos impulsan a tomar decisiones que en otros momentos no habríamos siquiera considerado.

Es obvio que por todo esto de la ‘cuarentena’ y del aislamiento preventivo usted puede sentirse confundida y por momentos perder la brújula.

Así las cosas, sacar una consulta con el sicólogo puede ayudarle a encontrar el camino y buscar explicaciones a lo que le pasa, independientemente de que usted crea que tenga que ir o no.

Lo que trato de decirle es que no se debe sufrir en vano, máxime cuando los problemas pueden agravarse al no afrontarlos o no saber cómo hacerlo. Le reitero que acudir al sicólogo es, de manera precisa, un buen mecanismo para cuidarse y dedicarse la debida atención.

Es obvio que los actuales tiempos le están retando su salud física y mental y, por ende, le es preciso ser resiliente para sobrellevar el temporal.

Si es fuerte y transforma su dura realidad en aprendizaje, podrá recuperarse muy pronto de lo que le preocupa y además podrá tomar decisiones acertadas.

Será fundamental aprender a manejar sus propias reacciones emocionales frente a las situaciones que esté experimentando.

Finalmente le aconsejo orar al menos un minuto al día. No alcanza a imaginar lo revitalizante que es para el alma y para el cuerpo solicitar la Bendición y la Misericordia de Dios.

CORTAS REFLEXIONES

* Su mundo es más bonito cuando lleva consigo cosas buenas y asume una actitud que irradia mucha luz.

* La esperanza no es una ilusión, es una flor que nos ha sembrado Dios para renacer en medio de las rocas.

* Vaya paso a paso. Puede sentir miedo e incluso ir con dudas; pero la clave es que avance con firmeza.

* ¡Esté atento! En cualquier momento la vida le avisará y la oportunidad aparecerá frente a sus narices.

* La salud viene de la paz de la mente, del corazón y del alma. Ella viene de la alegría y del mismo amor.

* Una tormenta hace que el árbol desarrolle raíces más profundas. Tras la borrasca, usted saldrá reforzado.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

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