Dicen que todas las personas que aparecen en nuestra vida están predestinadas para que nos encontremos con ellas. ¡Y cada una nos deja grandes lecciones!

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
Cada ser humano que aparece en nuestra vida llega para enseñarnos algo y, de alguna forma, para ayudarnos a cumplir nuestra misión en este mundo. Por eso se podría decir que nadie se nos cruza por azar ni por casualidad.
Según un proverbio chino, todos tenemos un hilo invisible que nos conecta con aquellos que debemos conocer.
Y tal aforismo también nos recuerda que si bien ese lazo se podrá enredar algunas veces, jamás se romperá.
Familiares, amigos, compañeros de trabajo, profesores, colegas, jefes y amores aparecerán cuando deban estar a nuestro lado.
Y así nos hagamos los indiferentes o pretendamos ‘sacarles el quite’, tarde o temprano quienes estén destinados a encontrarse con nosotros llegarán sin importar tiempo, lugar o circunstancias.
Varios de ellos aparecen en nuestro mundo para hacernos ver algo que no vemos; otros nos permiten transformarnos; hay quienes llegan para recordarnos cuál es nuestra tarea en esta vida; hay muchos que nos ayudan a crecer y hay otros que nos hacen madurar.
Claro, también tenemos que hablar de los que definitivamente se quedan a nuestro lado, ya sea porque comparten una misión similar o porque simplemente la conexión con ellos viene en el ADN y están tatuados con tinta indeleble.
Obvio hay quienes solo aparecen en ciertas temporadas, otros se demoran un poco más y están los que les basta solo un segundo para darnos un giro de 180 grados.
Dicen que las vidas están entrelazadas, pero yo prefiero hablar de conexión, de química o incluso de destino.
Se trata de relaciones espontáneas, que no son forzadas ni mucho menos calculadas. Todo fluye tan perfecto que, en un abrir y cerrar de ojos, estas personas tocan nuestra alma.
Cada ser, cada situación, cada problema que tengamos, cada momento feliz y en general todas las experiencias que experimentemos con los demás se dan para que comprendamos algo.
Es fundamental detectar el motivo por el que alguien entra en nuestra vida, pues de esta forma asimilaremos muchas cosas.
Las personas que más nos marcan son las que nos llenan, porque así sea de un modo pasajero saben sacarnos una alegría o un poco de chispa.
No obstante, hay otras que llegan y nos dejan alguna huella negativa. Esas personas no deben ser menospreciadas; sin embargo tampoco podemos atarnos a sus negras intenciones. Ellas están para enseñarnos lecciones, no para amargarnos.
Amigos o enemigos, parejas o simplemente amoríos, parientes o vecinos van a impactarnos de alguna forma y hasta pueden influir en nuestras decisiones.
Por eso debemos ser conscientes de que todo lo que hacemos en nuestra vida repercutirá en quienes nos rodean.
Insisto en decir que la vida es un constante aprendizaje. Siempre alguien entra o sale de nuestro entorno y, en medio de alguna circunstancia, nos podrá sorprender.
EL CASO DE HOY
Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “Paso por un par de decepciones que, de alguna forma, me hacen sentir muy achantado. Esas dos situaciones, que tampoco tienen que ver con que mi mundo se acabe, me hacen víctima de ráfagas de tristeza. Por más que trato de pasar la página, no supero lo vivido. No sé si eso que siento sea normal. Me gustaría que me ofreciera algún consejo sobre este tema. Le agradezco una respuesta”.

Respuesta: Cualquier rasgo de tristeza, sin que tenga que ser un tema propiamente atado a una depresión, indica que algo no va bien en nuestro interior y debemos buscar la manera de solucionarlo.
Aunque si mira ese abatimiento desde una manera propositiva, sabrá que todo esto le brindará una gran lección, pues le hará reflexionar sobre lo que deberá hacer para no seguir así.
Al leer su carta detecto que estas decepciones vividas, así como estas ráfagas de sufrimiento que experimenta, podrían ser temporales y hasta le ayudarían a crecer.
Es obvio que las decepciones vividas han hecho que usted se haya desencantado. Pero si usted mismo menciona en sus líneas que por eso su “mundo no se va a acabar”, yo le pregunto: ¿Por qué no asimila lo sucedido y sale de ese letargo?
Pienso que no ha sabido manejar las frustraciones o las decepciones que esos episodios le dejaron.
Debe asimilar lo vivido, asumir la parte de responsabilidad que le corresponde por tales hechos, pensar más en su tranquilidad y, por supuesto, superar esos momentos de una vez por todas.
De entrada le sugiero que se desahogue, sin caer en un ‘mar de lágrimas’. Es decir, deje que su cuerpo exprese lo que siente con total libertad y que saque lo que lleva dentro para que no se reprima.
Si a pesar de ello no logra despejar esos instantes de tristeza, creo que será conveniente indagar un poco más para conocer, desde su propio ser interior, las causas de lo que está desencadenando su estado.
Es aconsejable que reflexione sobre lo que le pasa, entre otras cosas, porque le urgen soluciones para salir de esa situación. Por favor, deje de victimizarse y no busque culpables; es mejor evaluar de la forma más objetiva posible lo sucedido.
En estos casos también soy amigo de escuchar la voz de su conciencia. ¡Pídale a Dios lucidez y sabiduría!
REFLEXIONES CORTAS
* El objetivo de la educación es transformar los espejos en ventanas. No se trata de lograr que los niños piensen exactamente lo mismo, sino de potenciar sus habilidades.
* Si no ve su valor, siempre se rodeará de personas que tampoco lo apreciarán. Si crece su autoestima, su vida le sigue el paso.
* El riesgo es parte de la vida y se debe asumir para superar una situación desafiante. Claro que hacer eso no significa lanzarse a cualquier proyecto a la ‘topa tolondra’. Sea consciente de que no puede arriesgarlo todo en un solo plan, sobre todo si él implica compromisos a nivel económico.
* Un amigo es alguien con quien nos atrevemos a ser nosotros mismos. La verdad es que en la vida diaria solemos llevar máscaras, pero con los amigos nos mostramos desnudos emocionalmente.
* No mire el reloj, haga lo mismo que él: a pesar de todo, siga avanzando.

















