Los problemas arrecian y tenemos que saber resguardarnos de ellos. No se trata de esquivarlos, sino de lograr que ellos no nos provoquen más daño de lo normal.

¿Le ha ocurrido que todos los problemas se le juntan de una? Nadie sabe por qué, pero es algo común en estos tiempos. Cuando las cataratas del cielo se abren, en un abrir y cerrar de ojos, el aguacero de problemas cae con fuerza sobre nosotros, al punto que logra deshojar nuestro estado de ánimo.
Es entonces cuando sucesiones vertiginosas de emociones feas, que nacen en un hoyo de la barriga, desembocan en malas caras, gritos, rupturas, ansiedades y hasta en silencios depresivos.
Son aquellas temporadas cuando se mira al cielo para encontrar una respuesta; pero las nubes, por el contrario, se tornan más grises y oscuras que el pensamiento y arrecian con mayor inclemencia.
Por eso cada día nos vemos pegados a la cama, y de pronto nos percatamos de que la voluntad está refundida entre las sábanas. Luego reconocemos que respirar duele tanto como hablar.

Cuando eso le suceda, busque un ‘paraguas especial’. ¿Cómo así? Hablamos de ese utensilio que sirve para guarecerse de la lluvia. ¡Bueno no lo tome tan literal! Tampoco piense que la idea es huirle a los problemas.
¡No! más bien es una forma de capotear el temporal, para que no se moje más de la cuenta. Si analiza bien, el paraguas está formado por una superficie convexa de plástico, sujeta a un armazón de varillas plegables y dispuestas alrededor de un eje central terminado en un mango adecuado para llevarlo en una mano.
Y de eso se trata, de que usted tenga el bastón a su alcance y sepa en qué momento abrir la sombrilla. Las varillas permiten que cuando ‘llueva’ duro, usted se sienta como en un lugar protegido.
Nuestra página de hoy indagó sobre ese tipo de ‘sombrilla espiritual’ que, si la utiliza a tiempo, hará que amaine esa borrasca que sacude a su corazón. Veamos:
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‘Sombrillas’ espirituales
No se aburra: Las personas que dicen estar aburridas, jamás logran capotear los problemas. En cambio, el concepto de aburrimiento sí lo llevan grabado en su hablar. A ellas se les escucha decir: ¡Estoy harto! ¡No tengo ganas de trabajar! ¡Qué mamera! Para este tipo de personas, el entusiasmo debe ser el paraguas que les permita salir adelante.
¿Cómo ‘mata a sus pulgas’? Todos debemos identificar cuál es la mejor forma de tratar los problemas. Haga este ejercicio: Cierre los ojos durante un minuto y piense en un problema que haya afrontado con anterioridad: ¿Cómo le fue con su propia forma de ‘matar las pulgas’? ¿Las mató? ¿Le costó trabajo hacerlo? o simplemente dejó que las pulgas lo picaran una y otra vez.
No emprenda la retirada: Hay que tener valor para afrontar la lluvia. Nadie dice que asumir un problema sea fácil; pero tenga en cuenta que en medio de la lluvia, lo mejor es ver dónde se puede escampar.
¿Qué guía su vida? Ser un buen padre, un buen amigo, un buen esposo y un buen hijo; y guiar nuestra vida por la ética, el amor y el altruismo, son buenos para darle sentido a nuestro mundo.
¡Motívese! Casi siempre los problemas crecen porque no estamos motivados. Sólo cuando alguien se pone una meta (la que sea), el objetivo lo hace mover y no lo deja caer en la depresión. Se pueden diseñar objetivos en la familia, en el trabajo, en lo económico, en lo social, en lo afectivo, en lo físico, en la salud, en lo intelectual o en el aprendizaje y en lo espiritual.

Sea positivo: Algunas borrascas se generan por un problema de actitud mental. Se da en aquel que piensa que nada le sale bien y siempre ve angustias a su alrededor. Entre más negativos son los pensamientos frente a la vida, hay mayor crisis. La vida se ve como se puede ver, a través de distintos pares de lentes; es decir, con lente pesimista, color rosa, distorsionado, de fantasía, de positivismo, en fin…
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Después de la tempestad, viene la calma: Después de un fuerte aguacero, viene la calma y sale el sol. Por muy grave que sea su problema, recuerde que una vez lo solucione usted volverá a ver claro.
No se deje vencer: No puede permitir que la situación que afronte le ‘dispare’ su espíritu; porque si logra hacerlo, estará perdido. Hay personas que no comen ni duermen pensando en el problema, cuando muchas veces la solución está más cerca de lo que se imaginan.

Pida ayuda, si es necesario: Cuando vea que su situación ya tocó fondo, no olvide que siempre hay una luz en el camino. Compartir su problema con alguien de confianza es un aliciente; no para descargarse en los demás, sino para llevar su peso con mayor calma.
Tome decisiones: No se quede esperando que la respuesta caiga del cielo. Conjugar el verbo actuar en primera persona, lo llevará al camino. Nadie dice que no se puede equivocar, pero si no decide algo, nunca saldrá del embrollo.
















