En zona rural del municipio de San Andrés, los habitantes tienen que arriesgar sus vidas para llegar al casco urbano, ir a estudiar o sacar sus productos.

Publicado por: Katterine Dimas
En Santander una emergencia por fuertes lluvias terminó convirtiéndose en una crisis silenciosa que hoy golpea la movilidad, la economía y la tranquilidad de cerca de 1.500 familias campesinas en San Andrés.
Desde el 11 de abril de 2023, cuando una avalancha provocada por la creciente de la quebrada El Congreso arrasó con dos puentes —uno vehicular y otro peatonal—, varias veredas del municipio permanecen prácticamente aisladas.
Las estructuras destruidas comunicaban a habitantes de sectores como Caracol, Ramada, Pablo VI, El Ciral y Laguna de Ortices, veredas productoras de café, cítricos, ganadería, panela y el desarrollo turístico del corregimiento. Sin embargo, tres años después del desastre, la prometida solución definitiva sigue sin llegar.
“Ha sido la odisea más dura que nos ha tocado vivir. Sin puente ha sido muy complejo el tema de la movilidad para los niños ir a estudiar, para las personas ir al pueblo a comprar el mercado, vender sus cosechas, asistir a una cita médica… para todo”, relató una habitante afectada, quien resume el cansancio colectivo de toda una población rural. Puede leer: Puente El Congreso: Así es el peligroso trayecto de comunidades en San Andrés

La obra millonaria que no avanza
Tras la emergencia, durante la administración del entonces gobernador Mauricio Aguilar Hurtado, se anunció un contrato inicial por 5 mil millones de pesos para la construcción del nuevo puente. Meses después, según la comunidad, fueron adicionados otros 4 mil millones, elevando la inversión a 9 mil millones.
Con la llegada del actual gobierno departamental, encabezado por Juvenal Díaz Mateus, se sumaron 5 mil millones más, para un total cercano a los 14 mil millones de pesos destinados a la obra. Pero pese a la millonaria cifra, el puente sigue siendo una promesa.
“Hoy, tres años después, no hay puente. El avance es mínimo porque el contratista va y viene; no se ve suficiente personal ni maquinaria. Hay días en que uno apenas ve dos o tres personas trabajando, luego desaparecen semanas o meses. Eso es una locura”, expresó la denunciante.
La inconformidad ha ido en aumento ante el incumplimiento de fechas para la entrega del puente. “Supuestamente en cuatro meses ya iba a haber puente, pero ya uno ni cree. Han dado fechas y fechas y nunca cumplen. Ya estamos cansados”, afirmó la líder comunitaria.
Publicidad
Niños, adultos mayores y campesinos arriesgan la vida
Mientras la obra permanece estancada, la vida diaria se ha convertido en un desafío extremo. Los habitantes deben caminar por laderas inestables, trochas improvisadas y caminos de hasta dos y tres horas para llegar a la vía principal o al casco urbano.
El alcalde de San Andrés, Freddy Antonio Ramírez, en diálogo con Vanguardia reconoció la gravedad del panorama: “Hemos venido buscando una solución; el año anterior logramos que se instalara un puente militar y restablecimos el paso, pero debido a la falla geológica del sitio, nuevamente estamos incomunicados”.
Antes de ese puente militar, fueron los mismos campesinos quienes levantaron pasos artesanales con tablas y hasta una canasta sostenida por guayas para movilizar alimentos, carga y personas. No obstante, las lluvias continuas y la fragilidad del terreno terminaron colapsando también esas alternativas.
“La comunidad abrió un ramalito que baja a Pangote y luego a San Andrés, pero este camino es un recorrido a pie de dos horas, mientras que el paso normal era apenas de 20 minutos”, explicó el mandatario.
Según las autoridades, la solución definitiva requiere recursos adicionales cercanos a los 20 mil millones de pesos para estabilizar la montaña mediante muros de contención, una cifra que ni el municipio ni la Gobernación tendrían hoy disponible.
















