No nos dejemos intimidar por las circunstancias difíciles, es mejor enfrentarlas. A través de la resiliencia y la fe ganaremos entereza y superaremos las situaciones complicadas.

Un gran docente en los años 80 nos habló, tanto a mí como a los demás compañeros, de un singular ‘juego de palabras’, con el cual nos transmitió este mensaje: “Nunca sabremos qué tan fuerte somos, hasta que ser fuerte sea nuestra única opción”.
Ese día comprendí que las circunstancias por las que pasemos, por más difíciles que ellas sean, nos ayudan a forjar nuestra personalidad.
Porque justo en los momentos más oscuros de la vida es cuando la luz interior que yace en el fondo de nuestro corazón tiene la oportunidad de brillar con mayor intensidad.
Es cierto: cuando tocamos fondo debemos ‘sí o sí’ llenarnos de determinación y valor. Yo sé que todos tenemos una capacidad diferente para ver la vida y para enfrentar las dificultades que se nos presentan; también reconozco que cada quien camina a su propio ritmo; no obstante, para seguir adelante es preciso confiar en nuestras propias capacidades.
Los problemas se resuelven por la manera como reaccionemos y depende de nosotros mismos el salir airosos de ellos.
No nos enfoquemos en lo negativo, busquemos cosas esperanzadoras y pongamos toda nuestra atención en ellas.
Si hoy pasamos por algún momento difícil, en lugar de huir o de pretender hacer como si nada pasara, debemos ver esa situación como una oportunidad para fortalecernos.
Además, con cada amanecer siempre hay una nueva oportunidad de recomenzar. Permitamos que cada día se convierta en otras 24 horas para reconstruirnos y para desplegar una renovada energía.
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A veces, así no lo notemos al principio, los caminos más difíciles nos llevan a los destinos más hermosos. Tengamos fe en que cada tribulación tiene un propósito, y que de cada experiencia dolorosa surge una lección invaluable.
Si algo difícil nos sucede, eso significa que la vida nos está preparando para algo grande, algo que quizás aún no podemos ver, pero que sin duda está en nuestro provenir.
Seamos pacientes, perseverantes y confiemos en que, de la mano de Dios, las nubes grises se desvanecerán.
El mañana está lleno de posibilidades y tenemos el poder de escribir un nuevo comienzo, siempre y cuando aprendamos a asumir las consecuencias de nuestros actos.
Si llegó a esta parte del texto, lo invito a elevar al cielo la siguiente plegaria, la cual dice así: Señor, dame fuerzas y bendíceme con la certeza de que bajo su amparo podré sorprenderme gratamente todos los días con mi propia entereza. No permita que una nube gris me desvíe de mi horizonte. Amén.
BREVES DE HOY

La devoción a María Auxiliadora data del siglo XIX y está ligada a San Juan Bosco, sacerdote fundador de la Congregación Salesiana. En 1862, el santo italiano tuvo una visión en la que vio a la Virgen bajo la advocación de María Auxiliadora. Cuando contaba con solo nueve años, él tuvo un sueño en el que la Virgen ya le indicaba su vocación: sería sacerdote. Años más tarde, la Virgen vuelve a hablarle en otro sueño y le dice que quiere ser honrada con el título de “Auxiliadora”. Es en ese sueño en el que le señala el sitio en el que construir en Turín el templo dedicado a Ella, la actual Basílica de María Auxiliadora.
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Son muchas las cosas buenas que Dios nos concede cada día, pues siempre es compasivo y está lleno de amor. ¡Jesús nos da con generosidad! En Mateo 5:45 se lee: “Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos”.

Implore la mano amiga del Señor y solicítele que le dé claridad, serenidad y luz para saber cómo continuar su camino. Si lo hace, en las decisiones difíciles Él le regalará una dosis de sabiduría y jamás lo abandonará.

Hay un principio de acción y de poder que todos podemos desarrollar: ¡Se llama fe! Cuando nos esforzamos por alcanzar una meta digna, estamos ejerciendo tal poder, pues sembramos nuestra esperanza en algo que aún no podemos ver.

Así como hacemos ejercicio para tener una mejor figura, debemos también entrenar nuestra fortaleza para seguir adelante. Si afrontamos los problemas con tesón y con la mayor dignidad posible, podremos crecer y avanzar.
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DUDAS DEL ALMA

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Acabo de pasar los 32 años y siento que no avanzo, que me encuentro estancado y sin dirección alguna. Soy un hombre que parece atrapado en un remolino y no sé cómo salir de él. ¡Deme un consejo!”
Respuesta: La sensación de no avanzar tiene dos matices: una, que es la que le indica que debe hacer algo para salir de esa ‘parálisis’; y la otra, que está en mora de recobrar su fe. Sea como sea, esa intuición lo está guiando hacia una versión más auténtica y realizada de usted mismo.
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Todo en la vida tiene un propósito y, en ese orden de ideas, debe aprender la lección que corresponda. Debo decirle que a pesar de que le parece que está “atrapado en un remolino”, tal y como lo escribe en su carta, sí puede salir de ese embotellamiento. Es solo cuestión de entablar un diálogo con usted mismo para detectar qué fue lo que lo llevó a sentirse sin dirección.
¡Hombre, apenas tiene 32 años! Tiene toda la vida por delante. ¿Si no está estancado el árbol que tarda años en echar raíces profundas antes de comenzar a crecer hacia el cielo, por qué cree estarlo usted?
Me atrevería a decirle que está en una etapa en donde la incertidumbre y la confusión convergen. ¿Y cómo salir de esa intersección? Enfocándose en sus propósitos para cumplirlos.
Le reitero que debe hacer una introspección para conectarse con su esencia. Y si lo ve viable, eleve una oración al Creador, pues Él lo iluminará para que salga de ese estancamiento que cree tener.
¡Confíe en el proceso! Aunque el camino pueda parecer oscuro en este instante, tenga fe. La claridad vendrá a usted cuando acepte y abrace cada etapa de su viaje con amor y paciencia.















