Si tiene alguna inquietud espiritual, envíenos su testimonio al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com La consulta de hoy nos habla de un hombre, quien a sus 31 años, está confundido sobre lo que puede ser su futuro. Veamos:

Testimonio: “Soy un tonto y un ‘bueno para nada’, pues no sé qué quiero hacer con mi vida. A pesar de tener 31 años, aún no sé para dónde voy. Hay mucha confusión y angustia existencial por mi mañana. ¿Qué me podría aconsejar? Gracias por atender mi caso”.

Respuesta: Es relativamente ‘normal’ sentir incertidumbre por lo que pueda ocurrir mañana. ¡Permítase sentir lo que siente, sin tantas recriminaciones!
Además, nadie sabe qué nos deparará el futuro y poder enfrentarnos a él resulta complicado en ciertas ocasiones. ¡Nadie conoce a ciencia cierta lo que sucederá!
Reflexione sobre lo que le apasiona y lo que realmente quiere hacer en la vida. Respóndase las siguientes preguntas: ¿Qué le hace sentir pleno? ¿Cuáles actividades lo llenan de energía? ¿Qué le gustaría aprender? Mejor dicho: ¿Qué es importante para usted? ¿Qué tipo de vida quiere vivir?
No tenga miedo de cambiar de rumbo, si al responder tales cuestionamientos decide que debe hacer algún tipo de giro: la vida es un camino en constante evolución y, a decir verdad, es normal que sus objetivos cambien con el tiempo.
Lea además: ¡Entre más sencillo, mejor!
Otra sugerencia: no se agobie pensando en el futuro lejano. Enfóquese en el presente y en lo que puede hacer hoy, para acercarse a sus sueños.
También ponga en primera fila su bienestar emocional, pues la salud mental y la espiritualidad son claves a la hora de asumir lo que el futuro le depare.
Publicidad
Usted no está solo, muchos otros han pasado por lo mismo y han encontrado su camino. ¡Dios está a su lado!
Confíe en usted mismo y en su capacidad para crear un futuro que lo llene de satisfacción. Lo mejor es abonar el terreno de un buen futuro a punta de sanas actitudes, pues Dios siempre premia al que actúa bien.
CORTAS REFLEXIONES

Cero rencores: No deje que el mundo lo endurezca, tampoco permita que una traición lo vuelva rencoroso o le haga perder la fe en la gente. Jamás permita que la amargura le quite la paz o le reste calidez a su alma. Que su corazón siempre pueda latir, no solo por su vida sino también por las causas nobles.

Los abrazos: Los abrazos son la manera que encuentra Dios para recordarnos lo mucho que somos amados. Ellos son como apretones de manos, que vienen desde la semilla de la gratitud y de la solidaridad. Dé abrazos y déjese dar varios de ellos, ya que así recarga energías. Ese es el más bonito ‘vestido’ que puede regalarle a alguien.

Sea propositivo: Lo más importante es enfrentar las situaciones que nos toca vivir con tesón y decoro. Tenemos que aprender a sobrellevar los altibajos, a ponerle la cara a un problema y, sobre todo, a sonreírle a la vida. Una persona alegre contagia e ilumina a los demás con su sola presencia.















