En ocasiones la vida no nos da lo que queremos sino lo que necesitamos aprender. De cada circunstancia queda una gran lección.

Dicen que no existen las coincidencias y que, en cierta medida, todos caminamos por un sendero que viene diseñado con anterioridad. Así las cosas, valdría preguntarnos: ¿Todo lo que nos ocurre hace parte del mundo de las casualidades o es una señal de que vamos por el camino correcto?
Yo diría que la vida nos sumerge en situaciones que al final se convierten en reencuentros fortuitos o en sincronicidades asombrosas. A veces hay personas o situaciones que surgen en el momento preciso en el que las necesitamos, como si fueran señales del camino que debemos emprender.
En ese sentido, debemos abrirnos a la vida con gratitud y aceptarla tal y como ella es, rindiéndonos a los momentos y a los encuentros que surgen en el ‘día a día’. (Lea además: una sencilla suma espiritual)
Dichas convergencias son, en realidad, destellos divinos que ajustan nuestra cotidianidad, llevándonos exactamente a donde debemos llegar. No hay nada al azar, nada es caprichoso; cada circunstancia vivida está llena de sentido, así al principio no lo comprendamos del todo.
Yo sé que esos caminos a veces se presentan confusos, llenos de retos y sombras, pero al final todos ellos tienen una razón de ser. La vida, entonces, no es ni ‘justa’ ni ‘injusta’, simplemente es. Cada experiencia que vivimos es un aprendizaje y una puerta abierta hacia nuestro crecimiento espiritual.
Cuando nos encontramos en medio del dolor o de la incertidumbre, nos asalta la siguiente pregunta: “¿Por qué a mí?”. Tal vez el cuestionamiento debería ser: “¿Para qué se afronta esa dolencia?”.
Perder un empleo, por ejemplo, puede parecernos devastador en el momento. Nos invade la tristeza y la desesperación. Sin embargo, al cabo del tiempo, cuando encontramos nuevos caminos o creamos nuevas oportunidades, descubrimos que esa pérdida fue, en realidad, una liberación, un acto de gracia que nos sacó de un estancamiento invisible.

Insisto en decir que no hay casualidades, solo oportunidades que a veces no estamos listos para reconocer. Ellas siempre se dan, lo que sucede es que a menudo nuestra visión está nublada por las preocupaciones diarias, y no las vemos hasta que estamos preparados para recibir su luz.
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Dejemos entonces espacio para lo inesperado, pues en esa aparente aleatoriedad, la vida nos brinda momentos para abrir los ojos y el corazón. En el camino de la vida encontramos la gracia, el amor y la sabiduría que nos revelan que no existen los accidentes.
En síntesis: Al confiar en ese flujo divino, nos damos cuenta de que todo, absolutamente todo, tiene un propósito valioso
REFLEXIONES CORTAS

¡Agradezca a Dios en cada amanecer! Con su bendición, todo saldrá bien.
No se complique, disfrute; no se queje, aprenda; no se enoje, sonría; y no se preocupe más de la cuenta. Muchas de las cosas ‘malas’ que usted teme, nunca le ocurren.
Lo que hoy no se valora, en un futuro se lamenta.
Si falló ayer, no importa; hoy tiene la oportunidad de recomenzar.
La persona que lo lastima, lo hace fuerte; quien lo critica, lo hace importante; quien lo envidia, lo hace valioso; y quien lo rechaza, le hace un favor.
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Si la Virgen lo tiene de la mano, no se hundirá. Bajo su manto, todo fluirá. ¡Ofrézcale una plegaria!
Sea optimista, el pesimista es solo un espectador.
CONSULTA ESPIRITUAL

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Siempre he anhelado algo en especial y, por más que trabajo en ello, no lo logro. Pienso una y otra vez y no encuentro explicación del por qué no me salen las cosas. No sé qué puede estar ocurriendo conmigo, pero no me parece justo que la vida no me dé esa oportunidad. ¿Me podría dar algún consejo? Gracias por atender mi inquietud”.
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Respuesta: En su mente siempre ocurre un proceso paradójico: cuanto más rechaza algo, más grande se hace; y cuando más rápido acepta algo, es cuando las cosas realmente empiezan a cobrar sentido.
Ojo: no le estoy diciendo que esté ‘satisfecho’ con todo lo que le ocurre ni tampoco que se resigne a sufrir.
¡Ni más faltaba!
Lo que pretendo decirle es que solo cuando acepte los acontecimientos tal y como ellos son, podrá cambiarlos e incluso podrá transformarse para bien.
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Esta es una invitación a ser más receptivo y a evitar las ideas preconcebidas o los juicios sobre cómo deberían ser las cosas.
Se lo digo porque, muchas veces lo que creemos que es ‘malo’ para nosotros, con el paso del tiempo resulta ser lo más beneficioso.
En otras palabras, cuando comienza a crecer interiormente y se da cuenta de que todo lo que le ocurre es para su crecimiento y evolución, usted mismo se hace flexible y, de paso, aprende a poner ‘las cosas en contra a su favor’. Sí, es un singular ‘gana-gana’.
De eso que me habla en su carta, de lo que tanto anhela y que no se le ha dado, le diría que tendría que aprender a ser paciente y a entender que en la vida no suceden en su tiempo, sino en el de Dios.
La mejor opción de lo que ha vivido hasta ahora consiste en sacar lo mejor de esa experiencia y trabajar persistentemente, con mucha entrega y pasión, sin desvanecerse.
No hay una fórmula exacta para lograr lo que se quiere y cada quien construye y encuentra el camino de formas diferentes.
Sin embargo, los enfoques mentales y emocionales que decida implementar son determinantes en ese rumbo.
Cada día, al despertar, agradézcale a Dios por el presente, por las nuevas 24 horas que hoy tiene para ser feliz. Si anhela algo, con gran devoción y oración, pídale al Creador señales de si va por buen camino, o que le envíe a las personas correctas en su trayecto. ¡Le envío una buena vibra!
















