Espiritualidad
Viernes 14 de febrero de 2025 - 06:54 AM

Reflexión del día: Las incoherencias de nuestra vida

Somos incoherentes cuando nuestras palabras no coinciden con nuestras acciones. Vivir en contradicción nos desgasta y, con el tiempo, puede destruirnos.

Nos dirigimos a un lado distinto del que pensamos.
Nos dirigimos a un lado distinto del que pensamos.

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Todos soñamos con un cuerpo saludable y bien moldeado, pero a menudo caemos en las tentaciones de los dulces, de los helados y de la comida ‘chatarra’. Queremos un estilo de vida más ‘fitness’, pero jamás hacemos ejercicio y, peor aún, nos dejamos llevar por hábitos que nos lanzan a la obesidad y la pereza.

Doble cara
Doble cara

Más allá del físico, diría que buscamos paz, pero terminamos alimentando la ansiedad con excesos. Y lo peor es que, si no somos conscientes de estas contradicciones, con el tiempo las normalizamos y ellas terminan afectando nuestra vida diaria.

Sin darnos cuenta, muchas veces vivimos en desacuerdo con lo que decimos, pensamos, sentimos y hacemos. Es como cuando vamos a misa y rezamos con devoción, pero al salir tratamos con indiferencia o dureza a los demás.

Hay muchos ejemplos de la incoherencia diaria.
Hay muchos ejemplos de la incoherencia diaria.

Predicamos paciencia, pero perdemos la calma ante la mínima demora; defendemos la honestidad, pero justificamos pequeñas trampas cuando nos convienen; y decimos que queremos un mundo con valores, pero consumimos contenidos que normalizan la violencia, la infidelidad, la grosería y la falta de principios.

Reflexión del día
Reflexión del día

¡Cuidado!

La incoherencia en nuestra vida es como la grasa en las arterias: se acumula poco a poco hasta obstruir el flujo de lo bueno, de lo sano y de lo verdadero. Al principio no se nota, pero con el tiempo sus efectos son inevitables: esa ‘grasa’ nos aleja de los demás, nos endurece el corazón y nos vuelve insensibles al daño que causamos. Y como ocurre con un infarto, tarde o temprano la grasa nos pasa la factura de cobro.

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El problema se agrava cuando la incoherencia viene de quienes tienen autoridad sobre nosotros: padres, jefes, profesores y gobernantes. Si ellos no son congruentes con lo que dicen, pierden credibilidad y liderazgo.

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  • No podemos pedirles a nuestros hijos que no beban si cada fin de semana llegamos borrachos a casa.
  • No podemos exigirles puntualidad a nuestros empleados si somos los últimos en llegar a la oficina.
  • No podemos pedir respeto si siempre atropellamos a los demás con nuestras palabras y acciones.

Cuando hay incoherencia, surgen conflictos. ¿Por qué? Porque la gente nos escucha, pero también observa si somos fieles a nuestras palabras; y cuando no lo somos, tarde o temprano nos lo reprochan.

Si queremos un cambio real, debemos empezar por nosotros mismos. Como padres, jefes, maestros o líderes, nuestra responsabilidad es ser ejemplo de lo que predicamos.

En conclusión: Pensamos una cosa, sentimos otra y hacemos una muy distinta. Esta incoherencia hace que nuestra cotidianidad se nos arruine

¡Pero hay esperanza!

La clave no es la perfección, sino la conciencia. Si detectamos nuestras contradicciones y trabajamos en ellas, podemos encontrar el equilibrio entre lo que creemos y lo que hacemos.

El verdadero bienestar no nace de la lucha entre lo que anhelamos y lo que hacemos, sino de la armonía entre la intención, los buenos propósitos y las acciones.

El tema de hoy es para hacer un alto y reflexionar, ser coherentes y vivir con integridad. Al final, lo que realmente transforma el mundo no es lo que decimos, sino cómo vivimos.

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La paz interior y la conexión con nuestro entorno surgen cuando lo que pensamos, decimos y hacemos están en sintonía. ¡Solo así podemos inspirar a otros!

La consulta del día

Consulta espiritual
Consulta espiritual

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

La falta de reconocimiento te afecta
La falta de reconocimiento te afecta

Testimonio: “Me esfuerzo al máximo en mi trabajo y en mi vida, esperando que al menos alguien lo note. Sin embargo, con el tiempo me doy cuenta de que los reconocimientos son nulos y que, por más que lo intente, mis acciones parecen intrascendentes. Eso me desanima y no sé cómo levantar mi estado de ánimo. A veces siento que nada vale la pena y deseo tirar la toalla. ¿Qué me aconseja? Gracias.”

Respuesta: Lo entiendo, y es natural que la desmotivación aparezca en ciertos momentos. Es comprensible que se pregunte si realmente vale la pena seguir adelante. Sin embargo, quizás no perciba que su valor no depende de la mirada ajena. No haga las cosas esperando la aprobación de los demás; la vida no se trata de eso.

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Su esfuerzo no pierde significado solo porque no recibe ovaciones. Cada tarea bien hecha, cada gesto honesto y cada responsabilidad cumplida dejan huella, aunque nadie lo mencione.

El mundo no siempre responde con gratitud inmediata, pero eso no significa que su trabajo o su presencia no sean importantes.

Tal vez sea momento de hacer una pausa y preguntarse: “¿Por qué hago esto? ¿Para quién lo hago realmente?”. Si la única razón es obtener reconocimiento externo, la frustración será inevitable. Pero si encuentra un fin más personal y genuino, la motivación puede renacer. Valore las pequeñas cosas que sí le generan satisfacción y rodéese de quienes realmente aprecien su esfuerzo, aunque sean pocos.

La vida no siempre es justa, y en el trabajo rara vez los logros son reconocidos de inmediato. Pero eso no define su valía. Si se siente agotado y sin rumbo, quizá sea el momento de explorar nuevas opciones, cambiar de ambiente o simplemente tomarse un descanso. ¡Reflexione sobre ello!

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