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Viernes 12 de junio de 2026 - 01:00 AM

¿El menos malo?

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Tuvieron que pasar ocho días después de las elecciones y cinco desde que finalizó el escrutinio para que el candidato del establecimiento reconociera el resultado de la primera vuelta presidencial. Su “jefe de debate”, el mismísimo presidente de la República, que puso en duda la legitimidad, integridad y transparencia del sistema electoral, a pesar de que manifestó que el único resultado vinculante que atendería y aceptaría sería el de las comisiones escrutadoras, no lo ha hecho hasta el momento.

Hace poco, el procurador general de la Nación, la presidenta de la Corte Constitucional y los presidentes del Consejo de Estado y de la Corte Suprema de Justicia lo instaron a reconocer y respetar la decisión de los colombianos expresada en las urnas el 31 de mayo. Ni se inmutó. Y, a pesar de las advertencias, sigue participando activa e indebidamente en política.

Los candidatos, al menos, atemperaron el discurso; pero las campañas siguen polarizando al país. El nivel superó todos los límites. Tanto que ponerse la camiseta de la Selección Colombia resultó siendo un problema mayor. A ese extremo llegamos. La discusión quedó abierta por cuenta de dos fallos judiciales.

Ojo: la propaganda electoral está regulada. Los símbolos, emblemas o logotipos de las campañas deben registrarse ante el Consejo Nacional Electoral y no pueden incluir ni reproducir los símbolos patrios, los de otros partidos o movimientos ni generar confusión con otros previamente registrados. La ley también regula cuáles son los símbolos patrios: la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional. El interrogante que se plantea es si la camiseta de la selección reproduce o no un símbolo patrio (¿la bandera?) que permita prohibir su uso en plena campaña y en pleno Mundial.

Más allá de la discusión, el 21 de junio hay que votar. Puede escoger a alguno de los candidatos que ganaron en la primera vuelta o votar en blanco si lo prefiere.

El voto en blanco representa una manifestación de rechazo si ninguno de los candidatos lo satisface. En segunda vuelta, la presidencia la gana la fórmula que obtenga el mayor número de votos, pero el voto en blanco es una opción válida que no favorece ni perjudica a alguno de los candidatos. No obliga a repetir la elección, pero es una manera de expresar inconformismo sin abstenerse de participar.

No se crea el cuento de que votar en blanco es “regalar” el voto o votar por el otro. Tampoco se conforme con aquello de que, de dos males, el menos malo. El 21 de junio hay de dónde escoger: los candidatos y su fórmula vicepresidencial que ganaron la primera vuelta, y el voto en blanco si ninguno de ellos lo representa.

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