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Martes 28 de julio de 2026 - 01:00 AM

Homero, siempre presente, siempre actual

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Se está proyectando en las salas de cine Odisea, película del director Christopher Nolan. Vuelve al celuloide el poema épico que se atribuye a Homero, aedo (poeta y cantor) de la antigua Grecia, quien se supone que vivió hace unos dos mil ochocientos años, obra literaria que ha influido en todas las generaciones que ha habido en el planeta en los últimos casi tres milenios, pues sus versos son fiel espejo de las ansiedades y esperanzas del ser humano.

No me pronuncio sobre la película, ni sobre el debate de si es o no fiel al texto homérico. Odisea no es un texto histórico; es una hermosa obra literaria y da libertad para que cada quien la interprete la difunda según su horizonte cultural.

El eje del asunto es que la obra de Homero es inmortal; es un faro que ha iluminado a la humanidad durante cerca de tres mil años y hoy es tan fresca como lo fue en la etapa oscura de Grecia (1200 a. N. E. a 800 a. N. E.), cuando aún no se había vertido al texto escrito y los aedos la transmitían oralmente por la geografía griega, de generación en generación.

No tomo partido sobre “la cuestión homérica”. No me pronuncio sobre la teoría de que su autor fue efectivamente Homero, o de que su autoría está en cabeza de una larga tradición de poetas orales que durante cientos de años perfilaron lo que hoy conocemos como obra homérica.

Considero que Odisea es una obra exquisita. Es la gesta de un hombre que sobrevive no por su fuerza, sino por su intelecto y su capacidad de adaptación a las circunstancias.

El viaje de Odiseo (como lo llamaron los antiguos griegos) es una metáfora de lo que es la vida: una sumatoria de tentaciones, decisiones (acertadas unas, equivocadas otras) y su lucha por no olvidar quién era.

Es exquisita su nostalgia, el anhelo de regresar al hogar, su ingenio, astucia, voluntad, paciencia, inteligencia, el enaltecimiento de la hospitalidad, el protagonismo de la mujer, el poder de los lazos afectivos, la reconciliación, la lealtad, la fidelidad, el respeto y el culto a los muertos. La obra enseña que el éxito es frágil y la vida es corta.

Odiseo o Ulises (según los latinos) ha sido fundamento de obras literarias, del cine, la ópera, la música, el teatro, la moda, de teorías filosóficas, sociológicas, psicológicas, psiquiátricas y, de ñapa, la hospitalidad es el antepasado remoto de los derechos humanos.

La Odisea y Homero no envejecen; son antiguos y modernos, son la necesidad del hombre de sobrevivir, ser reconocido y la perenne nostalgia del terruño, el hogar y la familia.

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