Esta semana conocimos los resultados del Ranking de Hospitales y Clínicas 2026 de IntelLat y hay una razón para sentirnos orgullosos: Colombia cuenta con instituciones capaces de estar entre las mejores de América Latina.
El Hospital Internacional de Colombia (HIC) se ubicó séptimo entre los mejores hospitales de Latinoamérica y segundo en Colombia, entre 105 instituciones de diez países. Su desempeño fue especialmente destacado en Seguridad y Resultados Clínicos, Tecnología y Telemedicina, dimensiones en las que ocupó el primer lugar nacional y el cuarto en la región.
A esto se suma su posición entre las cinco mejores instituciones en Sostenibilidad y Experiencia del Paciente, y el reconocimiento de Cardiología, Neurología y Oncología entre las diez especialidades más destacadas de América Latina.
Pero detrás de cualquier reconocimiento hay personas. Miles de colaboradores que, desde diferentes roles, hacen posible estos resultados y demuestran que en Colombia es posible construir instituciones de talla mundial.
Esta reflexión cobra especial relevancia después de la conversación que sostuvimos esta semana con el Gobierno Nacional, el Ministerio de Salud y representantes de cinco fundaciones hospitalarias: Fundación Cardiovascular de Colombia, Fundación Santa Fe de Bogotá, Fundación Cardioinfantil – LaCardio, Hospital San Vicente Fundación y Fundación Valle de Lili.
Que instituciones de naturaleza fundacional y con décadas de experiencia podamos sentarnos alrededor de una misma mesa con el Gobierno para hablar del futuro de la salud es una buena señal. La pregunta ahora es cómo convertir ese diálogo en acciones concretas.

La salud no puede recuperarse desde un solo frente. El Estado tiene una responsabilidad fundamental, pero necesita del sector privado, las fundaciones, los hospitales, la academia y las regiones. Por eso vemos con buenos ojos que el Gobierno actual esté promoviendo espacios de colaboración con quienes también podemos aportar a esta tarea.
La reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto ha mostrado el valor de esta manera de trabajar: cuando lo público y lo privado se acercan, se pueden movilizar inversión, conocimiento y capacidad de ejecución para obtener resultados. En salud, ese mismo espíritu puede abrir nuevas posibilidades.
El Chocó es uno de los lugares donde más necesitamos llevarlas. Allí no basta con prestar servicios; hay que construir modelos sostenibles, fortalecer la gobernanza y formar talento para que las soluciones permanezcan en el territorio.
La crisis de la salud tiene problemas estructurales que requieren decisiones. Pero también tenemos que preguntarnos qué podemos aprender de las instituciones que han logrado resultados y cómo llevar ese aprendizaje a quienes más lo necesitan. Los rankings no solucionan una crisis, pero pueden ayudarnos a identificar experiencias que vale la pena conocer y replicar.
Esa capacidad de buscar nuevas respuestas también tiene un nombre: innovación. Esta semana, la Fundación Cardiovascular de Colombia (FCV) fue elegida como la empresa más innovadora de Santander. Es un reconocimiento a una cultura construida durante años alrededor de una convicción: cuestionar lo establecido y encontrar mejores maneras de hacer las cosas.
Este reconocimiento pertenece a más de 5.000 corazones: colaboradores y directivos que hacen posible la misión de la FCV. A todos ellos, gracias por convertir el talento y el compromiso en una forma de seguir cuidando vidas.
Porque transformar la salud de Colombia no es tarea de unos pocos. Es una responsabilidad de todos.










