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Columnistas
Sábado 12 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

No podemos llorar

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Tenemos que reaccionar y despertar la enjundia santandereana, el carácter que nos caracteriza, para enfrentar la desidia, el conformismo y la normalización de lo anormal. En estas últimas semanas, muchos espacios de opinión, incluidos apreciados columnistas de este medio, reuniones institucionales y sociales, conversaciones con conocidos y colegas, han coincidido en torno al abandono, la decadencia y el rezago urbano que padece Bucaramanga.

Nos dan ganas de llorar, pero me niego a aceptarlo. Sé que hay potencial y que en distintos espacios se exponen las problemáticas, incluso se proyectan iniciativas, pero nos falta pasar a la acción y eso requiere otro nivel.

Hay cosas sencillas que podrían corregirse muy rápidamente y hay otras mucho más complejas que requieren soluciones de fondo y que hoy no vemos ni cerca. Simplemente arreglar los separadores viales y los parques. Eso solo requiere poda recurrente y se cobra en la factura del aseo. Si a ello adicionamos los ecopuntos para recibir inservibles y escombros, la recuperación de andenes y el ejercicio de autoridad de tránsito y de espacio público, seguramente tendremos lo básico mucho mejor y buena parte de eso está autofinanciado, o sea que el presupuesto no es excusa. Solo necesitamos alguien que se haga cargo.

Otra cosa es la inseguridad rampante, la ausencia de transporte público, el incremento de vivienda informal en la escarpa, el incierto futuro de los desechos sólidos, la escasa promoción de inversión privada que supere la informalidad y la falta de proyectos relevantes para nuestro desarrollo, tanto en infraestructura vial como en servicios públicos y desarrollo social. Ahí están los problemas complejos que requieren mayor liderazgo y acción. No están ni financiados ni siquiera priorizados. En su mayoría, no hay diseños definitivos y, con tan malas experiencias como las de los $80.000 millones en Findeter o el crédito de más de $500.000.000 suspendido, se evidencia que tenemos un gran problema de planeación por superar.

Reitero, sí me dan ganas de llorar, pero no lo haré; tampoco me quiero conformar. Bucaramanga es el mejor lugar para vivir, aquí nacimos y tenemos nuestros mejores momentos. Me gusta la idea de los jardines que promueve la alcaldía, pero, en orden de prioridades, no sé si el regreso de las abejitas es lo más costo eficiente. Lo que sí creo es que podemos ayudar en muchas otras cosas y pasar de la participación representativa a la colaborativa. El reto es volver a enamorarnos, pero de verdad, con pruebas de amor sincero.

Un ciudadano enamorado se interesa por lo sencillo y por lo más complejo. Aporta, cumple las normas, no bota basura, paga sus impuestos, no ofrece coimas, denuncia, invierte tiempo y energía en participar, cuestiona e insiste.

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