Magazín cultural
Viernes 11 de septiembre de 2026 - 12:56 PM

Un santandereano entre los Caballeros de las Artes y las Letras de Francia: la historia de Carlos Serrano

Carlos Serrano Vásquez ha construido una vida profesional entre museos, archivos, aulas y organismos internacionales, siempre con el patrimonio como hilo conductor. Hoy, un reconocimiento recibido en Francia vuelve la mirada sobre una trayectoria que comenzó mucho más cerca: en Bucaramanga.

Carlos Serrano Vásquez pasó del Museo Nacional de Colombia a la Unesco, dirigió el Parque Arqueológico de San Agustín y ha trabajado con museos y archivos en distintos continentes. Francia acaba de nombrarlo Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En la foto, en Arabia Saudita. Foto suministrada/VANGUARDIA
Carlos Serrano Vásquez pasó del Museo Nacional de Colombia a la Unesco, dirigió el Parque Arqueológico de San Agustín y ha trabajado con museos y archivos en distintos continentes. Francia acaba de nombrarlo Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En la foto, en Arabia Saudita. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Carlos Serrano Vásquez todavía habla del reconocimiento con cierta incredulidad. Mira su propia trayectoria con la misma discreción con la que ha trabajado durante años entre museos, archivos, sitios arqueológicos y organismos internacionales.

“Son estas cosas que uno dice: esto se lo dan a la gente que ha hecho cosas muy grandes”, cuenta entre risas. Él las ha hecho.

En julio de 2026, Carlos recibió una carta del Ministerio de Cultura de Francia en la que se le comunicaba su nombramiento como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, dentro de la promoción de primavera. La distinción reconoce a quienes se han destacado por sus creaciones o por su contribución a la difusión y el fortalecimiento de las artes y las letras.

La noticia se ha convertido en una especie de espejo de una carrera que ha tenido una misma preocupación de fondo: cómo cuidar el patrimonio y, al mismo tiempo, hacer que ese patrimonio tenga sentido para las personas.

“Alguien te propone. Envía el formulario, la hoja de vida, una justificación”, explica. Cree que su paso por el Consejo Internacional de Archivos pudo haber tenido un peso importante en la decisión, pero prefiere interpretar la distinción de una manera sencilla.

Su recorrido profesional comenzó en el Museo Nacional de Colombia, donde trabajó inicialmente en el área de curaduría de arqueología y etnografía. Allí empezó una relación con el patrimonio que luego lo llevaría mucho más lejos.

Después viajó a Alemania para estudiar patrimonio mundial. Durante esa etapa realizó una pasantía en la Unesco que terminó extendiéndose mucho más de lo previsto: permaneció durante dos años trabajando en el Centro del Patrimonio Mundial.

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El regreso a Colombia también estuvo marcado por la arqueología. Fue director del Parque Arqueológico de San Agustín, uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del país, antes de volver al Museo Nacional.

San Agustín, además de se uno de los principales referentes arqueológicos colombianos, forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1995, junto con el Parque Arqueológico Nacional de Tierradentro. En 2026, Colombia cuenta con nueve bienes inscritos en esa lista: seis culturales, dos naturales y uno mixto. Entre ellos también figuran el centro histórico de Santa Cruz de Mompox, Cartagena, el Paisaje Cultural Cafetero y el Parque Nacional Chiribiquete.

Además, en Colombia el patrimonio arqueológico tiene una protección jurídica particular. La Constitución establece que pertenece a la Nación y tiene carácter inalienable, inembargable e imprescriptible. Es decir, los objetos y sitios arqueológicos no dependen de una declaratoria individual para ser reconocidos como parte del patrimonio arqueológico nacional.

Esta segunda etapa, sin embargo, fue distinta para Carlos.

Ya no estaba concentrado únicamente en las colecciones o la investigación, sino en la manera en que las personas podían aproximarse al museo. Trabajó en educación y, particularmente, en programas de accesibilidad dirigidos a personas con discapacidad visual y auditiva.

La recuerda como una de las experiencias más significativas de su carrera.

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“Fue una experiencia muy bonita. Trabajamos con un equipo maravilloso”, dice.

Esa preocupación por ampliar las puertas de las instituciones culturales se convertiría en una constante de su trabajo.

Carlos Serrano Vásquez en Bamiyan, en Afganistán, en un proyecto de restauración de un Caravanserai y creación de talleres de tejidos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Carlos Serrano Vásquez en Bamiyan, en Afganistán, en un proyecto de restauración de un Caravanserai y creación de talleres de tejidos. Foto suministrada/VANGUARDIA

Museos, archivos y formación alrededor del mundo

Después regresó a Europa. En el Consejo Internacional de Museos trabajó como coordinador de formación y participó en la organización de programas en distintas regiones del mundo.

Hubo proyectos en Sudáfrica, Irán y América Latina. Uno de ellos se realizó precisamente en Cali.

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De allí pasó al Consejo Internacional de Archivos, donde fue director del secretariado durante cerca de tres años. Actualmente reside en Ginebra y trabaja en una fundación vinculada nuevamente con la protección del patrimonio.

La geografía de su carrera podría contarse casi como un mapa: Colombia, Alemania, Francia, Sudáfrica, Irán, Suiza. Pero detrás de esa movilidad existe una pregunta que Serrano Vásquez ha seguido explorando durante años: ¿cómo pueden las instituciones encargadas de conservar la memoria dialogar mejor con las sociedades a las que pertenecen?

La respuesta, dice, no necesariamente está en copiar modelos europeos.

Su experiencia le ha permitido observar que Colombia también tiene mucho que aportar.

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Carlos Serrano Vásquez en Burundi, África Oriental. Foto suministrada/VANGUARDIA
Carlos Serrano Vásquez en Burundi, África Oriental. Foto suministrada/VANGUARDIA

Lo que Colombia puede enseñarle a Europa

Durante años viviendo y trabajando fuera del país, Serrano Vásquez ha evitado mirar la gestión cultural europea como un modelo perfecto frente al colombiano.

Las diferencias, explica, son más complejas.

Francia posee una estructura institucional muy consolidada alrededor del patrimonio. Existen programas específicos de formación para archivistas, conservadores y profesionales de museos, además de instituciones con una larga tradición.

Las cifras permiten dimensionar esa infraestructura. En 2026, Francia cuenta con 56 bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, de los cuales 47 son culturales, siete naturales y dos mixtos. El Ministerio de Cultura francés señala además la existencia de alrededor de 45.000 monumentos históricos protegidos y de una red de más de 1.200 establecimientos con la denominación “Musée de France”.

La gestión también está fuertemente institucionalizada. Dentro del Ministerio de Cultura, la Dirección General de Patrimonios y Arquitectura interviene en la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial para los bienes culturales, mientras que los bienes naturales involucran al Ministerio de Transición Ecológica. Esa división administrativa ilustra precisamente el tipo de especialización al que se refiere Serrano cuando compara la estructura francesa con la colombiana.

Eso permite construir sistemas estables.

Pero la estabilidad también puede convertirse en rigidez.

“Estas grandes instituciones a veces tienen dificultades para trabajar de manera interdisciplinaria porque llevan muchos años funcionando dentro de una estructura muy definida”, señala.

Lo pudo comprobar también durante su experiencia como profesor en la Sorbonne Nouvelle, en París.

Allí intentó llevar al aula algo aprendido en Colombia: la posibilidad de romper las divisiones tradicionales entre conservación, educación y comunicación.

“Aquí está conservación, aquí educación, aquí comunicación... ¿por qué no podemos trabajar de manera conjunta?”, recuerda que planteaba a sus estudiantes.

En ese intercambio descubrió que la experiencia colombiana, muchas veces obligada a ser flexible por sus propias circunstancias, podía ofrecer otras formas de pensar las instituciones culturales.

“Nuestra gestión del patrimonio es interesante y tiene mucho que aportar a nivel internacional”, afirma.

En Colombia, además, la propia legislación plantea una noción amplia del patrimonio. La Ley 1185 de 2008, que modificó la Ley General de Cultura, no lo restringe a edificios históricos u objetos antiguos: incluye bienes materiales, manifestaciones inmateriales, lenguas y dialectos, conocimientos ancestrales, paisajes culturales, costumbres, archivos, documentos, patrimonio audiovisual, arqueológico, bibliográfico, museológico y antropológico, entre otras expresiones.

Esa norma también articula el Sistema Nacional de Patrimonio Cultural, del que hacen parte instituciones como el Ministerio de las Culturas, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, el Archivo General de la Nación y los consejos territoriales de patrimonio. Su propósito incluye la protección, conservación, salvaguardia, recuperación y divulgación del patrimonio cultural del país.

No se trata de idealizar uno u otro sistema: Colombia tiene problemas de financiación, continuidad institucional y estabilidad; Europa enfrenta estructuras que, en ocasiones, hacen más lentos los cambios.

Para Serrano Vásquez, justamente allí está la riqueza del intercambio: comprender que el patrimonio también se construye desde distintas maneras de mirar.

Santander nunca quedó lejos

Aunque buena parte de su carrera profesional se ha desarrollado fuera de Colombia, hay una conversación que Carlos Serrano nunca ha abandonado: la que mantiene con Santander.

Sigue las noticias culturales de la región. Pregunta por el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, por el Centro Cultural del Oriente y por los proyectos que sobreviven gracias al trabajo de artistas, gestores, profesores y personas vinculadas durante años al sector cultural.

“Nunca me he desconectado”, asegura.

Muchos de quienes fueron sus profesores son ahora sus amigos. Algunos continúan trabajando por la cultura santandereana desde los mismos espacios que conoció cuando era estudiante.

Eso le produce una mezcla de admiración y preocupación.

“Santander tiene una producción artística muy potente. Uno siempre quisiera que tuviera más proyección, más apoyo y más estabilidad; que las instituciones fueran mucho más estables”.

Pero también observa algo que considera fundamental: la persistencia.

“Veo gente que ha trabajado en esto años y años, desde que yo estaba en la universidad, y todavía está ahí trabajando por la cultura. Eso es bonito”.

Quizás por eso, cuando habla de su propia historia profesional, los grandes nombres de su hoja de vida, Unesco, museos, archivos internacionales, universidades europeas, terminan cediendo espacio a algo mucho más íntimo.

La formación inicial.

La ciudad.

Los profesores.

Las personas que alguna vez le hicieron creer que la cultura podía convertirse en una profesión y en una manera de mirar el mundo.

“Siempre llevo en mi corazón a los profes y a las personas que me motivaron a trabajar por la cultura, en el colegio y en la universidad”, dice.

Después de tantos años entre París, Ginebra y organismos internacionales, Serrano Vásquez vuelve al comienzo para explicar su recorrido.

“La educación en Bucaramanguita tuvo mucho que ver. Y no lo olvido”.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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