Cultura
Viernes 11 de septiembre de 2026 - 04:17 PM

Gente de bien: la obra de la maestra Esperanza Barroso que cuestiona lo que aparentamos

En esta obra, camisas blancas se convierten en espejo de la sociedad contemporánea. Sin cuerpos que las habiten, las prendas hablan de apariencias, estatus, poder y de esa necesidad de parecer lo que quizá no somos.

En su nueva obra, la maestra Sandra Barroso convierte una prenda cotidiana en un símbolo de estatus, apariencia y poder, e invita al espectador a preguntarse qué hay detrás de aquello que mostramos.
En su nueva obra, la maestra Sandra Barroso convierte una prenda cotidiana en un símbolo de estatus, apariencia y poder, e invita al espectador a preguntarse qué hay detrás de aquello que mostramos.

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Publicado por: John Arias

¿Qué dice una camisa de la persona que la lleva? Para la maestra Esperanza Barroso Barroso, quizá demasiado. En su nueva obra, ‘Gente de Bien’, 200 camisas blancas aparecen suspendidas, sin cuerpos, para poner en duda las ideas que construimos sobre los otros a partir de su apariencia, su ropa, su poder adquisitivo y el lugar que ocupan en la sociedad.

Una camisa blanca puede parecer una prenda cualquiera. Una de esas que se encuentran en un armario, se usan para ir a trabajar, asistir a una reunión o simplemente proyectar una determinada imagen. Pero basta con imaginar quién podría llevarla para que aparezcan asociaciones: una persona respetable, correcta, exitosa, confiable. Al menos eso es lo que muchas veces aprendemos a leer en la ropa. Lea también: Un santandereano entre los Caballeros de las Artes y las Letras de Francia: la historia de Carlos Serrano

En ese territorio entre lo que vemos y lo que creemos saber se encuentra ‘Gente de Bien’, la nueva obra de la maestra bumanguesa Esperanza Barroso Barroso, que llega al Museo de Arte Moderno de Bucaramanga (MAMB) como proyecto ganador de la Beca para Exhibición y Circulación de Artes Plásticas y Visuales de la convocatoria Estímulos 2026 – Arte en Circulación. La instalación está compuesta por 200 representaciones de camisas tipo polo, realizadas mediante dibujo e impresión digital, en blanco sobre blanco y diferentes tonos de gris.

Pero aquí no hay cuerpos. Las camisas están vacías y, precisamente por eso, obligan al visitante a imaginar quién podría vestirlas. La artista deja abierta la pregunta: ¿qué creemos saber de alguien antes de conocerlo? ¿Qué señales utilizamos para decidir si una persona es confiable, respetable o pertenece a determinado grupo social?

“Todo es apariencia”, plantea Barroso. Para ella, en la sociedad contemporánea la ropa puede convertirse en una especie de uniforme que anuncia una posición: el precio de una prenda, los zapatos, los accesorios, el automóvil o incluso el lugar al que se entra pueden funcionar como señales de estatus.

La artista cuestiona así esa necesidad de aparentar para ser reconocido como alguien “de bien”. Una camisa costosa puede convertirse, en su lectura, en una forma de decir: “Yo soy rico. Yo tengo capacidad económica de comprar”.

Y en esa carrera por demostrar quién se es, la apariencia puede terminar ocupando el lugar de la verdad. Lea también: Magazín Cultural: Volvimos a encontrarnos con nuestros lectores

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Una camisa que habla

Para Barroso, las prendas cuentan historias aunque quienes las usan no sean conscientes de ello. La ropa identifica, clasifica y construye una imagen.

Lo sabe desde hace décadas. La camisa ha sido un motivo recurrente en su trayectoria artística. En ‘Camisas de once varas’, realizada alrededor de 1990, trabajó con prendas vacías relacionadas con la ausencia, la memoria y la violencia en Colombia. Ahora, varios años después, vuelve a esa figura, pero desde otro lugar: las apariencias, el estatus, el decoro y las formas cotidianas con las que clasificamos a los demás.

La diferencia está en aquello que la prenda quiere hacer visible. “Esto es una cosa más del siglo XXI”, explica la maestra. Si antes la camisa podía hablar de otras heridas de la sociedad, hoy puede hablar de la necesidad de aparentar, de pertenecer y de ascender simbólicamente a través de lo que se lleva puesto.

La ropa se convierte entonces en una especie de lenguaje silencioso. Una camisa puede decir quién queremos que los demás crean que somos.

Blanco sobre blanco

Hay algo más que desconcierta en la instalación: a primera vista, las camisas parecen casi idénticas.

Barroso decidió trabajar con blanco sobre blanco porque el blanco es, para ella, un color que puede pasar inadvertido y que, al mismo tiempo, se ensucia con facilidad. Las diferencias no aparecen de inmediato. Para encontrarlas hay que acercarse, cambiar de posición, mirar con cuidado y dejar que la luz revele aquello que inicialmente no se veía. La obra, literalmente, invita a mirar dos veces.

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Y allí aparece una de las claves de ‘Gente de Bien’: lo importante no siempre está a primera vista.

Las marcas, frases y signos que aparecen en las camisas surgen lentamente ante los ojos del visitante. Es una estrategia sencilla, pero cargada de posibilidades. La artista prefiere lo básico, aquello que no necesita imponerse para provocar una pregunta. “Menos es más”, dice Barroso.

Por eso tampoco pretende darle al espectador una única interpretación. Por el contrario, quisiera que cada persona pudiera intervenir, conversar y encontrar sus propios significados. La obra no busca ofender, asegura, sino mostrar un camino que quizá alguien no había visto o que había visto y simplemente había pasado de largo.

¿Quién es realmente ‘gente de bien’?

La expresión que da nombre a la obra parece conocida por todos, pero cuando se intenta definirla comienza a volverse incómoda.

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¿Quién es gente de bien? ¿La persona que viste bien? ¿La que tiene dinero? ¿La que vive en determinada zona? ¿La que tiene cierto apellido? ¿La que ocupa determinado cargo? ¿La que se comporta de acuerdo con las normas sociales?

El propio proyecto parte de esa ambigüedad. No pretende determinar quién merece o no ese calificativo, sino preguntarse qué hacemos para creer que podemos reconocerlo.

Barroso lleva la pregunta incluso a situaciones cotidianas. Recuerda, por ejemplo, que la apariencia puede determinar quién entra o no a determinados espacios. La misma persona, con chanclas y una apariencia que no corresponde al código del lugar, puede ser rechazada; con ropa elegante, accesorios, automóvil y signos de lujo, puede ser recibida de otra manera.

El cuerpo termina funcionando como un maniquí. La persona se viste para ser leída. Y los demás leen.

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Una obra que también nos mira

Aunque las camisas están frente al espectador, la pregunta termina devolviéndose hacia quien observa.

El proyecto incorpora espacios de mediación con diferentes públicos para conocer las asociaciones que despierta la instalación. Las preguntas son aparentemente sencillas: ¿quién usaría esta camisa?, ¿qué tipo de persona imagina detrás de ella?, ¿qué entiende por “gente de bien”?

Así, la exposición no termina en las paredes del museo. También continúa en las conversaciones, en las respuestas y en esas ideas que aparecen casi automáticamente cuando vemos a alguien por primera vez. El proyecto incluso contempla una conversación digital a través de Instagram para explorar qué significa ser “gente de bien”, cómo reconocemos socialmente a los demás y qué señales utilizamos para decidir en quién confiar.

Después de más de cinco décadas de creación artística, Esperanza Barroso regresa a la camisa sin cuerpo, uno de los motivos persistentes de su obra, para formular una pregunta que parece sencilla, pero que termina siendo profunda: ¿con qué ideas, experiencias y códigos sociales miramos a los demás antes de conocerlos?

‘Gente de Bien’ comienza con una camisa blanca. Pero cuando el visitante se acerca y mira dos veces, descubre que la obra no habla realmente de camisas. Habla de nosotros. De lo que mostramos. De lo que creemos ver.

Y de todo aquello que, detrás de una apariencia impecable, todavía no conocemos. Le puede interesar: Mulett, el santandereano que convirtió al acordeón en una revolución sonora

Una mirada desde las ciencias del comportamiento

La pregunta que plantea ‘Gente de Bien’ no se queda únicamente en el terreno del arte. El proyecto también incorpora una mirada desde las ciencias del comportamiento, a través de Alida M. Acosta-Ortiz, directora de producción de la obra y profesional de este campo.

Su participación parte de una inquietud estrechamente relacionada con la instalación: entender qué ocurre cuando las personas se encuentran frente a esos símbolos que, muchas veces de manera automática, utilizamos para interpretar a los demás.

Gente de bien: las camisas que preguntan quiénes somos
Gente de bien: las camisas que preguntan quiénes somos

Alida trabaja en el diseño de las estrategias de encuentro entre la obra, sus públicos y la ciudad. Su labor busca observar cómo distintas personas perciben las camisas, qué imaginan detrás de ellas y qué asociaciones construyen a partir de una prenda que, en apariencia, podría decir muy poco.

Desde esta perspectiva, la vestimenta, los comportamientos y otros códigos sociales pueden funcionar como señales a partir de las cuales hacemos inferencias sobre los demás. Algunas ocurren de manera consciente, pero muchas aparecen rápidamente, casi sin que nos detengamos a examinarlas.

Por eso, la presencia de Alida amplía la conversación que propone Barroso: no se trata solamente de preguntarnos qué significa una camisa, sino de observar qué hacemos nosotros con el significado que le atribuimos. ¿Por qué una determinada apariencia nos genera confianza? ¿Qué características utilizamos para clasificar a alguien? ¿Cuánto de esas percepciones proviene de nuestras propias experiencias y cuánto de los códigos sociales que hemos aprendido?

En ese diálogo entre arte y comportamiento, la obra encuentra otra forma de interpelar al espectador. La camisa está vacía, pero nuestra mente se encarga de llenarla.

Publicado por: John Arias

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