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Martes 28 de julio de 2026 - 01:00 AM

La mirada compasiva: de Homero a Nolan

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Nota: este comentario contiene revelaciones sobre la película.

La Odisea de Christopher Nolan es una adaptación del mito homérico en la que vale la pena detenerse. Más allá de su espectacular producción, hay dos aspectos que quiero destacar. Primero, la magnífica representación de Clitemnestra: se hacía necesaria la resignificación de su venganza contra Agamenón, ya que tradicionalmente se le ha visto como una mujer en esencia malvada. Nolan la retrata como una mujer devastada por el sacrificio de su hija Ifigenia a manos de su propio padre: la escena en la que Agamenón se aleja de espaldas cargando a la niña que llora de cara a su madre es profundamente conmovedora.

Por otro lado, es interesante el tratamiento que Odiseo le da al duelo, ya que plantea un paralelo fundamental con el núcleo de la tragedia griega. El héroe insiste a sus hombres en actuar con sentido común ante circunstancias adversas. La trama nos enfrenta a situaciones en las que pretender un entierro sería absurdo, como la escena con los guerreros caídos en la cueva del Cíclope, o cuando Odiseo insta a su hijo Telémaco a huir de los mercenarios de Antínoo sin poder rendir ritos fúnebres a Méntor.

La adaptación de Nolan expone la necesidad de replantear creencias arraigadas en la psique social. Primero está la vida; luego, si se puede, rendir honores fúnebres a los caídos en guerra, que es lo que finalmente hace Odiseo cuando parte con Penélope al exilio navegando hacia el oeste, hallando una forma poética de transformar el ritual evitando de paso más desgracias.

Ante las críticas sobre la fidelidad al texto, conviene recordar que las tragedias griegas eran ya reescrituras de los mitos, como hicieron Esquilo, Sófocles y Eurípides en el siglo V a. C., e incluso el propio Homero. Así lo explica el helenista Carlos García Gual en el prólogo de la Ilíada: “Es muy probable que Homero haya innovado la versión mítica tradicional de la venganza de Aquiles, al hacer que el feroz Pelida se compadezca de Príamo… Acaso hubo una versión anterior de la trama en la que todo concluía con la muerte de Héctor… Con ese final Homero ha dado un nuevo sentido, más humanitario, más emotivo, a todo el poema. La escena entre Aquiles y Príamo, el uno recordando a su padre lejano y el otro a su hijo muerto, en presencia del que fuera su enemigo, pero que suscita la imagen del ser querido, es la mejor muestra del genio trágico de Homero.” (23-24)

Al final, y desde el siglo VIII a. C., se trata de apostar por una mirada más compasiva, una lección de humanidad que sigue pendiente.

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