Cuando algo es superior a sus fuerzas, cuente hasta 10, ordene sus pensamientos y actúe en lo que pueda. Porque la vida, con su complejidad, siempre encuentra la manera de mostrarle el siguiente paso, si tiene la paciencia de mirar con el corazón abierto.

¿Qué hacer cuando algo sea superior a nuestras fuerzas? La pregunta no es gratuita, pues, en ocasiones, la vida nos enfrenta a circunstancias o a situaciones duras que nos parecen insoportables y que se asemejan a borrascas que amenazan con desbordar nuestra cotidianidad.
¿Le ha pasado? ¿Ha sentido que, a pesar de desear estar a la altura de sus circunstancias y responsabilidades, no tiene fuerzas para seguir porque su carga es demasiado pesada?
En esos momentos, es fácil sentirse abrumado, atrapado en la incertidumbre y el miedo. No obstante, si algo he aprendido, es que cuando la corriente es demasiado fuerte, resistirse solo me agota más. Es entonces cuando debo aprender a soltar, a confiar en el flujo natural de la vida y en la sabiduría del tiempo.
Mi primer paso siempre es detenerme y reflexionar. Me pregunto: ¿Es este un problema que puedo resolver ahora o es uno de esos que requieren paciencia? No siempre tengo el control absoluto sobre lo que sucede, pero sí puedo elegir cómo sentirme y cuáles acciones tomar. Enfocarme en lo que sí está en mis manos me devuelve la paz, porque me recuerda que, aunque no tenga el timón, sí puedo ajustar mis velas.
Y siempre hago una lista de lo que me preocupa y diseño posibles caminos. No se trata de encontrar la solución perfecta de inmediato, sino de ordenar mis pensamientos y visualizar qué pasos están dentro de mi alcance. Esto me permite actuar con claridad en lugar de dejarme llevar por la desesperación. Luego, cuando llega el momento de decidir, lo hago con la confianza de haber reflexionado antes y de haber escuchado mi intuición.
Le puede interesar: Cuando todo se nos pone a cuadritos
Más allá de los planes y estrategias, hay algo que considero esencial: la fe. No lo digo solo en el tema religioso; lo menciono también en la certeza de que cada situación trae un aprendizaje. La vida tiene su propio ritmo, a menudo incomprensible en el momento, pero que con el tiempo revela su propósito.
Cuando algo me supera y no encuentro respuestas inmediatas, elijo confiar. Confío en que todo tiene su tiempo, en que la calma siempre regresa después de la tormenta y en que Dios me guía.
Publicidad
Y no dejo de mirar hacia el horizonte, porque sé que, incluso en la oscuridad, hay una luz guiando mis pasos. A veces, esa luz es tenue, apenas un destello en la distancia, pero es suficiente para recordarme que el camino sigue adelante.
Breves reflexiones

- La batalla más importante de nuestra vida es la que libramos diariamente en el silencio del alma. Y aunque la confrontación personal sea dura, siempre sabemos que Dios nos comprende y nos ayuda a resolver nuestras dudas.

- Todo lo que yo necesito es una decisión sencilla, pero radical: no importa lo que pase, no crearé más dolor para mí mismo. Si me aprecio, me respeto y me acepto, tendré confianza en mí y mi bienestar emocional será un hecho.

- ¿Sabía usted que las células se alegran cuando una persona enferma tiene el deseo de sanar? Ellas no solo escuchan nuestras palabras, sino también nuestros pensamientos. ¡ Y es ahí cuando el proceso de curación comienza!

- Siempre será mejor un diálogo sincero con Dios. Fomente un ambiente cercano a Él y compártale sus pensamientos, experiencias y reflexiones. Cree un espacio seguro donde pueda invocar su misericordia.
Consulta espiritual del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Siempre me he considerado como un batallador, pero a veces siento que nada tiene sentido y no sé qué es lo que Dios tiene pensado para mí. Le consulto esto porque veo mi horizonte nublado y desconozco si la misión que estoy desempeñando es trascendente. Desde su perspectiva, ¿qué debería hacer? Le agradezco una respuesta. Gracias”.
Publicidad
Respuesta: Tenga claro que los planes que Dios tiene para usted son más grandes de lo que pueda imaginar. Aunque no lo crea, Él le ha asignado una misión, y lo más acertado que puede hacer es desenvolverse lo mejor posible en su entorno.
Le recomiendo, eso sí, ponerse en las manos de Jesús sin temor y dejar que Él haga su voluntad en su vida. Claro está que lo anterior no significa quedarse con los brazos cruzados esperando que todo le llegue del cielo. ¡Todo lo contrario! Actúe con serenidad y perseverancia.
Llénese de fe y sepa que el Señor estará junto a usted, ayudándolo y guiándolo hacia cada una de sus metas. Ha de saber que el Creador no le promete un camino fácil, pero sí un final dichoso. Por eso, cuando Dios le regale un sueño, sin duda despertará acompañado de quien lo ayudará a hacerlo realidad.
Tenga claro cuál es el camino que debe tomar y elija senderos que lo ayuden a crecer como persona, cumpliendo su misión con altura y dignidad.
















