Cada nube gris tiene su propósito. Recuerde la enseñanza que dejan los momentos difíciles, desde una mirada de fe y crecimiento.

Observe con atención la imagen que acompaña el texto central en esta página de Espiritualidad: si lo analiza bien, el cielo está cubierto de nubes oscuras, pero entre ellas se filtra una luz dorada. Es el sol, paciente, esperando su momento para brillar por encima del caos.
Esa ilustración se parece mucho al alma cuando enfrenta tiempos difíciles. Así como las nubes no cubren para siempre la luz, los problemas tampoco apagan por completo la esperanza, ni mucho menos la vida misma.
Los rayos que se asoman entre la oscuridad son señales que Dios envía y, hablando en tono meteorológico, son recordatorios sencillos de que la tormenta pasará, tarde o temprano.
Cuando el alma confía y va de la mano del Señor, no se rinde. La claridad regresa, como el cielo que se despeja después de la borrasca.
¿Y a qué viene todo esto?
La verdad es que el mensaje de hoy lo quiere invitar a pensar cuántas veces al día se deja ganar por la angustia frente a situaciones que, con el tiempo, no resultan tan graves.
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A veces, por un tropiezo, usted siente que todo está perdido y se ‘baja de nota’. Es fácil caer en la costumbre de imaginar lo peor, pero jamás puede correr el riesgo de perder el entusiasmo.
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Es verdad: detalles pequeños pueden alterar su estado ánimo, porque les da más importancia de la que realmente tienen. Haga esa reflexión y entienda que no vale la pena amargarse el día por bobadas o por cosas que se escapan de su alcance.
Frente a esto, le planteo una sencilla pregunta: ¿Por qué angustiarse tanto por los problemas del día a día, si basta con hacer lo que pueda? ¡No se desgaste!
¿Por qué perder la serenidad de su vida por algo que, más adelante, tendrá un sentido distinto, aunque hoy no se entienda del todo?
Que una pequeña molestia no lo haga olvidar todo lo bueno que tiene por vivir. Si se enfoca solo en lo que incomoda, pierde de vista el resto.
Prepare el proceso interior de enfrentar dificultades y confiar en que pasarán.
Por eso, con humildad, calma y confianza, no se ahogue en un vaso de agua. Los problemas no son castigos; son parte de la vida.
Cuando haya dificultades, recuerde que Dios no lo abandona. Aun en los días más grises, su presencia está cerca, sosteniendo con ternura aquello que parece caerse.

La fe no garantiza que todo saldrá como se espera, pero da la certeza de que nunca se está solo.
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No tema si el camino se pone difícil. Cada paso, aunque cueste, tiene un sentido dentro del plan mayor que a veces no se alcanza a entender. ¡Todo pasa para algo mejor!
Si se mira con el corazón abierto, cada nube deja una enseñanza, y cada herida puede ser la puerta hacia una versión más fuerte de usted mismo.
En resumen, los problemas también pueden ser oportunidades. Cada dificultad trae una lección. La vida no se trata solo de lo que se logra, sino de lo que se transforma por dentro.
Consulta del día

Las inquietudes afectan con frecuencia nuestro estado de ánimo. Sin embargo, cada una de ellas puede convertirse en una oportunidad para abrirse a nuevos horizontes, ya sea a través del razonamiento o de estrategias saludables para el alma. ¿Cuáles son esos temores que actualmente le abruman? Compártalos con nosotros para reflexionar juntos en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com. Él mismo le responderá en esta columna. Veamos el caso de hoy:
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Testimonio: “En el contexto en el que me muevo, soy atacado de manera constante por chismes que me hacen sentir mal. Sería bueno que usted escribiera sobre cómo esas habladurías nos afectan y cómo podemos ponerles fin. Gracias”.
Respuesta: Lo más grave de los chismes es que, aun cuando se intenta ignorarlos, sacuden la dignidad y debilitan nuestro estado de ánimo.
Muchas de esas habladurías, en ocasiones, se presentan disfrazadas, pero en el fondo siempre buscan hacer daño. Es un daño que hiere, no tanto por lo que se dice sino por la intención que despliega: esa voluntad silenciosa de afectar la imagen del otro o de arrebatarle su luz.
Con el tiempo he aprendido que el chisme no dice más de quien es objeto de él que de quien lo origina. Habla del vacío de quienes lo propagan y de su necesidad de sentirse parte de algo, aunque sea a costa de la honra ajena.
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Hay personas que convierten el chisme en costumbre y en su pésimo modo de ser. Pero lo que muchas veces no perciben es que ese hábito va deteriorando el alma: primero la del otro, luego la propia.
Por eso, ante las habladurías, es importante recordar que nadie es lo que otros dicen. Nadie es una historia recortada o distorsionada. Cada persona es mucho más que eso: una vida entera que otros no han tenido el valor ni el respeto de conocer ni entender.
La opinión ajena no determina el valor de nadie. La verdad, aunque tarde y parezca lejana, siempre encuentra el modo de abrirse camino.
He descubierto, además, que la indiferencia frente al rumor o al negarse a entrar en ese juego, le resta fuerza, se apaga o, al menos, no logra multiplicarse.
No se trata de callar por miedo, sino de no darle alas a nada que dañe la imagen suya o la de los demás.
¡No se desgaste por lo que hablen de usted! Vale más proteger el espíritu apartando la ‘maleza’, dando un buen ejemplo y, en últimas, permitiendo que la luz de la verdad propia lo nutra a diario. No deje que el ruido externo ahogue la paz que puede construir en el fondo de su ser.
Y cuando su alma se sienta herida otra vez por un chisme, conviene respirar profundo y elevar una plegaria al cielo para relajarse y para recordar que lo que se dice en los corrillos no lo define.
En cambio, lo que una persona es de verdad, eso sí tiene raíces profundas y ellas nadie puede arrancarlas sin su consentimiento. ¡Le envío una buena vibra!
Breves reflexiones

Para llevarse mejor con los demás, es importante estar dispuesto a ayudar cuando alguien lo necesita. Ser amable abre más caminos que ser duro. Como dice el dicho: ‘Se consigue más con miel que con hiel’. Tratar bien a las personas siempre será una buena elección.

No hay que preocuparse por lo que aún no se ha alcanzado. Con el paso del tiempo, llegan nuevas oportunidades para avanzar. Mantener la calma y no perder de vista el objetivo ayudará a que todo se acomode poco a poco.

Una ‘buena vibra’ lo impulsa a seguir adelante, transmite ánimo a otros y ayuda a mantener la motivación en los proyectos personales.

¡Es mejor soltar el rencor! Guardarlo solo prolonga el malestar y afectan su salud.

El complemento de esta frase es que uno no debe recibir lo que no está dispuesto a ofrecer.

No hay dificultad que Dios no pueda resolver. Si se mantiene viva la fe, la esperanza nunca faltará.


















