Sentirse vivo es darse cuenta de que, aunque el día parezca común, siempre hay algo que puede tocar el ánimo si se le presta atención.

La vida, a veces, se vuelve una rutina: madrugamos, cumplimos con el trabajo, volvemos a casa... y así pasan los días ‘sin ton ni son’. De hecho, si analizamos bien, en un abrir y cerrar de ojos ya nos acercamos al cuarto mes del año, y muchos pueden sentir que siguen igual de aburridos.
Sin embargo, en medio de todo ese tedio hay algo que no deberíamos olvidar: no se trata solo de vivir, sino de sentirnos vivos. ¿Y saben algo? Eso se experimenta en los pequeños detalles: en ese café caliente que reconforta en la mañana, en una conversación amena, en una risa que surge sin esfuerzo. No es algo lejano ni imposible; está ahí, en esa misma cotidianidad que criticamos. (Le puede interesar: Cuando la vida pesa: lecciones desde un paso lento)
Nadie vino a este mundo únicamente a cargar preocupaciones o a padecer los días como si fueran sufrimientos sin fin. Aunque a veces duela, aunque haya momentos difíciles, la vida no está hecha solo de peso; también está hecha de alivio, de pausas y de instantes bonitos.
Hay días grises, claro que sí, otros en los que todo cuesta más y en los que parece que nada encaja. Pero incluso en esos momentos hay algo que nos sostiene: una palabra amable, un recuerdo agradable, una esperanza que no se apaga del todo. También es clave reconocer nuestras propias emociones sin ignorarlas, encontrar sentido en lo pequeño y permitirnos sentir, ya sea alegría, calma o tristeza.

Sentirnos vivos no significa tener una vida perfecta, sino ser conscientes de que estamos aquí, avanzando, cambiando y experimentando. En lo cotidiano, sentirnos vivos es elegir no pasar por la vida en “piloto automático”, sino vivirla con intención, aunque sea paso a paso.

Sentirse vivo es mucho más que cumplir con ‘lo que toca’ cada día. Es estar presente en lo que se hace, incluso en lo más simple: notar el sabor de la comida, disfrutar unos minutos de silencio o dejar que una risa sea sincera.

La vida es bella, aunque no siempre sea fácil. No necesita ser perfecta para tener sentido; solo necesita ser vivida con los ojos un poco más abiertos y el corazón dispuesto.
A veces olvidamos que también tenemos derecho a disfrutar, a descansar, a reír sin culpa y hasta a ‘tirar locha’. No todo es lucha constante; también hay momentos hechos para simplemente estar y sentir que estamos aquí, que seguimos adelante.
Publicidad
Seguir viviendo no es solo avanzar por inercia; es darnos la oportunidad de descubrir algo nuevo, de cambiar, de sorprendernos otra vez. Es entender que, aunque no todo se controle, siempre hay algo que sí podemos elegir: la forma de mirar lo que tenemos.

Y al final, entre todo lo que pasa, queda una certeza tranquila: la vida vale la pena. No por lo que debería ser, sino por lo que es. Y, en medio de todo, siempre existe la posibilidad de volver a sentirnos vivos.
Reitero que a veces la felicidad aparece en cosas muy simples: en salir a caminar y sentir el aire fresco en la cara, en escuchar una canción que trae buenos recuerdos, en ver cómo cae la lluvia desde una ventana, en jugar con nuestro gato. Son momentos pequeños, pero llenan más de lo que parece.

También podemos sentir alegría al compartir algo cotidiano: una comida hecha en casa, una charla tranquila al final del día, una ida al cine con alguien querido. No se necesita algo extraordinario para sentirse bien; basta con detenernos un momento y valorar lo que ya está presente.
Incluso en medio de un día común hay espacio para sentirnos felices: al terminar una tarea pendiente, al aprender algo nuevo, al notar que hemos avanzado un poco más que ayer. Son esas pequeñas victorias las que, poco a poco, nos recuerdan que la vida no solo pasa: también se puede disfrutar.
Oración del domingo

En esencia, las oraciones del domingo deben ser un medio de comunicación con Dios al inicio de cada semana. Tradicionalmente, constituyen un momento para que los creyentes den gracias, pidan orientación y supliquen fuerza y paz. Pueden expresarse como una plegaria personal en silencio, una tradición familiar antes del desayuno o una frase compartida en la iglesia. Todo ello contribuye a fortalecer la conexión con Dios y a afianzar el espíritu en la fe frente a los nuevos retos. Hoy, eleve al cielo esta plegaria:
- “Querido Señor, al comenzar este domingo, le pido que su paz inunde mi alma. Calme mis ansiedades y temores mientras me preparo para la semana que inicia. Concédame fuerza y valentía para enfrentar los desafíos, y ayúdeme a ser un faro de amor y bondad para quienes me rodean. Guíe mis pasos y bendiga mi corazón con su gracia. Amén”.
Publicidad
Pregunta del día

- Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

- Testimonio: “La vida me está exigiendo sostener muchas cosas al mismo tiempo y, por supuesto, solo tengo dos manos. Soy madre y a la vez trabajo, estudio, tengo familia, afectos… Todo es urgente y no sé qué hacer. ¿Podría darme algún consejo? Le confieso que, en ocasiones, me siento débil por no saber hacerlo todo de una vez, y eso me da rabia porque no quiero fallarle a nadie”.
Respuesta: Todos, en ciertas etapas de la vida, hemos pasado por algo similar a lo que usted experimenta hoy. Por eso, le invito a concederse un momento de reflexión, entre otras cosas, porque no todo lo importante debe resolverse hoy. Existe una sabiduría sencilla en aprender a priorizar sin culpa, entendiendo que su valor no se mide por cuánto carga, sino por cómo cuida aquello que decide sostener en cada momento.
También es válido reconocer el cansancio. Usted no es débil por sentirse abrumada; es humana. Permítase pausas pequeñas, aunque sean breves, en las que pueda desconectarse un poco y volver a sí misma. En esos espacios, incluso de unos minutos, puede recordar que no es solo sus responsabilidades, sino también alguien que merece descanso y serenidad.
Publicidad
Le reitero que no tiene que resolver toda su vida de una sola vez. La existencia se revela paso a paso, y hay una confianza silenciosa en avanzar con lo que hoy sí puede hacer. A veces, soltar el control absoluto y aceptar que hay procesos que toman tiempo es una forma profunda de fe, incluso si no la nombra de ese modo.
Recuerde que no se trata de estar siempre disponible o perfecta. La vida diaria también implica poner límites, decir “hoy no puedo con todo” y, aun así, seguir presente de la mejor manera posible. Quien realmente camina a su lado comprenderá sus ritmos. Y usted, poco a poco, aprenderá a avanzar en sus tiempos y en los de Dios.















