Espiritualidad
Jueves 09 de julio de 2026 - 08:31 PM

Virgen de Chiquinquirá, un símbolo de esperanza para Colombia

Más que un día festivo o una conmemoración religiosa, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá nos recuerda que la esperanza, la fe y la confianza en Dios siguen acompañando nuestro camino.

Más que un festivo: la fe que une a Colombia bajo el manto de Chiquinquirá.
Más que un festivo: la fe que une a Colombia bajo el manto de Chiquinquirá.

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Desde este año, además de conmemorarse el 9 de julio como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia, esta celebración recuperó su carácter festivo con la Ley 2578. Conviene aclarar, sin embargo, que, por efecto de la llamada Ley Emiliani, la conmemoración se trasladó al lunes siguiente, que en esta ocasión será el próximo 13 de julio.

No obstante, el verdadero valor de esta fecha no radica únicamente en que sea un día de descanso. Su significado trasciende el calendario. Cuando una tradición permanece viva a lo largo de los siglos es porque conserva un mensaje capaz de seguir hablando al corazón de las personas y de acompañarlas en los momentos de dificultad.

Chiquinquirá: el corazón espiritual de Colombia.
Chiquinquirá: el corazón espiritual de Colombia.

La Virgen de Chiquinquirá forma parte de nuestra historia mucho antes de que existieran normas sobre los días festivos. Su imagen, proclamada patrona de la nación en 1829 por el papa Pío VII, ha acompañado a generaciones enteras que han encontrado en ella un símbolo de consuelo, protección y confianza en medio de las alegrías y las adversidades.

No es necesario ir muy lejos para comprenderlo. Basta observar la vida cotidiana, las preocupaciones por la salud, el trabajo o la familia que llevan a muchas personas a buscar espacios de serenidad, lugares donde recuperar la calma y recordar que siempre existen motivos para mantener viva la fe.

Por eso, cada año miles de colombianos peregrinan hasta la Basílica de Chiquinquirá. Algunos llevan una petición; otros acuden para agradecer un favor recibido, y muchos simplemente buscan un momento de silencio y encuentro espiritual. Más que esperar un milagro, ese camino representa para ellos una oportunidad de acercarse a Dios, fortalecer su fe y reencontrarse consigo mismos.

La patrona de Colombia y la esperanza que no pasa de moda.
La patrona de Colombia y la esperanza que no pasa de moda.

Con el paso del tiempo, esta devoción dejó de ser únicamente una tradición religiosa para convertirse en parte de la identidad de numerosos colombianos. Su presencia ha acompañado momentos decisivos de la historia nacional y también incontables historias familiares que, de generación en generación, han mantenido viva la costumbre de encomendar a la Virgen sus alegrías, preocupaciones y sueños.

Incluso algunos de los protagonistas de la historia del país encontraron en la Virgen de Chiquinquirá un símbolo de esperanza. Simón Bolívar le encomendó la Campaña Libertadora; el presidente Marco Fidel Suárez la declaró Reina de Colombia y, años más tarde, Gustavo Rojas Pinilla le otorgó la Cruz de Boyacá. Lo propio ha hecho el presidente electo, Abelardo De La Espriella, por citar el caso más reciente entre los mandatarios. Estos hechos reflejan la importancia que esta imagen ha tenido en distintos momentos de la vida nacional.

Para quienes profesan la fe cristiana, María no reemplaza a Jesús. Su misión consiste en conducir hacia Él, con la cercanía y la sencillez de una madre que acompaña, escucha y fortalece la confianza en medio de las dificultades.

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La fe que ha acompañado a Colombia durante siglos.
La fe que ha acompañado a Colombia durante siglos.

Tal vez por eso esta celebración sigue teniendo sentido incluso para quienes viven su fe de una manera más discreta. No se trata únicamente de expresiones externas ni de repetir tradiciones, sino de comprender que la esperanza también se construye en los pequeños gestos: en la solidaridad, el perdón, el servicio a los demás y la capacidad de volver a comenzar.

Necesitamos espacios que nos permitan detenernos y preguntarnos qué estamos construyendo con nuestra manera de vivir. En medio de las prisas y las responsabilidades diarias, con frecuencia olvidamos que también es necesario cuidar la vida interior, fortalecer la confianza y recuperar la paz.

La celebración de la Virgen de Chiquinquirá puede ser, precisamente, una oportunidad para hacer ese alto en el camino. No significa que todos debamos vivir la fe de la misma manera, sino reconocer que todos necesitamos razones para creer que el bien y la esperanza siguen ocupando un lugar esencial en nuestra vida.

Tal vez esa sea la mejor manera de vivir esta fecha. Más allá de que sea un día festivo o una tradición que ha perdurado, la invitación es a recordar que la fe encuentra su sentido cuando nos ayuda a vivir con serenidad, a confiar en Jesús en medio de la incertidumbre y a transformar esa confianza en acciones concretas.

Pregunta del día

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
  • Inquietud: Un lector me propone reflexionar sobre un tema que suele generar preguntas y diferentes puntos de vista: la importancia de las imágenes dentro de la vida de fe. Más allá de entrar en una discusión estrictamente religiosa sobre si una imagen debe o no ser adorada, la intención es comprender qué representa para muchas personas ese símbolo, qué tipo de emociones despierta y cómo, detrás de una figura visible, puede existir una experiencia más profunda relacionada con la memoria, la esperanza, la identidad y la manera en que cada ser humano busca expresar aquello que considera valioso. Este es mi punto de vista:
Chiquinquirá, patrona de Colombia: una tradición que sigue iluminando la fe.
Chiquinquirá, patrona de Colombia: una tradición que sigue iluminando la fe.

Respuesta: Es comprensible que muchos piensen que no se deben adorar imágenes, porque esa ha sido una enseñanza presente en distintas tradiciones religiosas. Sin embargo, cuando alguien se acerca a una imagen de la Virgen, en la mayoría de los casos no está poniendo su fe en el objeto de madera, yeso o piedra. Lo que busca es expresar un sentimiento que va más allá de lo que sus ojos ven.

Piense, por ejemplo, en la fotografía de una madre, un hijo o un ser querido que ya no está. Nadie cree que el papel tenga poderes especiales, pero esa imagen despierta recuerdos, cariño, esperanza y hasta fortaleza en momentos difíciles. Con las imágenes religiosas sucede algo parecido para millones de creyentes: son un punto de encuentro con aquello que representa su fe, no el destino final de ella.

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En el caso de la Virgen María, muchas personas la consideran una madre espiritual, un ejemplo de humildad, entrega y amor. Cuando encienden una vela, oran frente a una imagen o llevan una estampa en la billetera, lo que intentan es acercarse a esos valores y encontrar consuelo. La fe, en ese sentido, no está depositada en la figura, sino en el significado que ella evoca.

También es importante distinguir entre la adoración que muchas religiones reservan únicamente para Dios y la veneración o el respeto que algunos creyentes expresan hacia la Virgen y los santos. Esa diferencia, aunque a veces se pierda en la conversación cotidiana, ayuda a entender por qué quienes practican estas manifestaciones no sienten que estén reemplazando a Dios por una imagen.

Al final, la fe es una experiencia profundamente personal. Cada quien encuentra maneras distintas de vivirla, de expresar gratitud, de pedir fortaleza o de mantener viva la esperanza. Lo esencial no suele estar en el objeto visible, sino en la intención sincera con la que una persona abre su corazón.

Por eso, más que juzgar la forma en que otros manifiestan sus creencias, quizá valga la pena intentar comprender qué hay detrás de ese gesto. Para unos será una imagen; para otros, una oración en silencio o una reflexión íntima. Lo verdaderamente importante es que esas expresiones conduzcan al respeto, a la compasión y al bien, valores que pueden acercar a las personas independientemente de sus convicciones religiosas.

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Oración a la Patrona de Colombia

Patrona de nuestro país-
Patrona de nuestro país-

¡Oh incomparable Señora del Rosario de Chiquinquirá! Madre de Dios, Reina de los ángeles, abogada de los pecadores, refugio y consuelo de los afligidos y atribulados.

Virgen Santísima, llena de poder y de bondad, lanzad sobre nosotros una mirada favorable para que seamos socorridos por vos en todas las necesidades en que nos encontramos.

Acordaos, ¡Oh Clementísima Señora del Rosario!, que nunca se oyó decir que alguien que haya recurrido a vos, invocado vuestro Santísimo nombre e implorado vuestra singular protección, fuese por vos abandonado.

Animados con esta confianza, a vos recurrimos. Os tomamos desde hoy y para siempre por madre nuestra, nuestra protectora, consuelo y guía, esperanza y luz en la hora de la muerte.

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Libradnos de todo aquello que pueda ofenderos y a vuestro Santísimo Hijo, Jesús. Preservadnos de todos los peligros del alma y del cuerpo; dirigidnos en todos los negocios espirituales y temporales; libradnos de la tentación del demonio, para que andando por el camino de la virtud, podamos un día veros y amaros en la eterna gloria, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Nota de la Redacción: Ofrezca esta plegaria al menos una vez a la semana.

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