sábado 15 de febrero de 2020 - 12:40 PM

Falleció Catalino Parra, último de los fundadores de los Gaiteros de San Jacinto

Aunque estuvo varios días hospitalizados, Parra murió mientras se encontraba en la casa de su hija en el barrio San Fernando de Cartagena.
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En la tarde de este viernes, falleció, en Cartagena, Catalino Parra, quien, a los 95 años, era el único fundador de Los Gaiteros de San Jacinto que quedaba vivo. Aunque estuvo varios días hospitalizados, Parra murió mientras se encontraba en la casa de su hija en el barrio San Fernando.

Parra fue el compositor de reconocidas canciones de Los Gaiteros, como “El morrocoyo”, “Josefa Matía” y “Manuelito Barrio”, “Animalito de monte”, “Donde canta la paloma”, “La vaina ya se formó”, “La iguana” y muchas más.

Por su talento, tanto como tamborero como cantador, fue clave para la difusión de la música propia del Caribe en toda Colombia. Esto, gracias a que, junto con Toño Fernández, José Lara, Pedro Nolasco, Toño García y Juan “Chuchita” Fernández, el reconocido grupo a mediados de los años 40.

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Parra nació en Soplavento, Bolívar, el 25 de noviembre de 1924 y, desde muy temprana edad, mostró predilección por la música y por la composición de la misma. A los 15 años, con varios conocidos de su pueblo natal, formó el grupo “Sangre en la Uña”.

Pero su consagración como músico fue con los Gaiteros de San Jacinto. En la década de los 60, cuando la agrupación ya tenía varios años de existencia, se fueron de gira por distintos países como Panamá, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Ecuador, Estados Unidos, Unión Soviética, México, Italia, Alemania, Francia y España.

Uno de quienes lamentó el fallecimiento de Parra fue el periodista Alberto Salcedo Ramos.

En su cuenta en Twitter recordó varios episodios que vivió junto a Parra –a quien entrevistó en repetidas ocasiones–. Por ejemplo, habló de cuando, en 2001, lo entrevistó para su libro “Diez juglares en su patio” y Parra, hablando de la música, le dijo: “Fíjese que usted coge un cuero, para hacer un tambor, y primero lo cura y lo pone en remojo, y después lo guinda al sol. Mientras el cuero se seca, ya usted tiene el ritmo en la sangre. El tiempo hará el resto. El tiempo y el sol tienen su música, y usted también tiene la suya”.

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