Una cámara trampa instalada en la Reserva Natural La Esmeralda, en Encino, registró a la perdiz santandereana, una especie endémica en peligro de extinción. El hallazgo refuerza la urgencia de fortalecer los esfuerzos de conservación en Santander.

En el suelo húmedo del bosque subandino, donde las hojas secas amortiguan cada paso, una cámara trampa captó a la perdiz santandereana, una de las aves más importantes y amenazadas del departamento.
Es una especie endémica, que solo vive en los bosques de la Cordillera Oriental de los Andes de Colombia, y se encuenta en peligro (EN) de extinción, según la Lista Roja de la UICN. Eso significa que enfrenta un riesgo muy alto de extinción en estado silvestre debido a sus reducidas poblaciones. Su presencia es una buena noticia para el trabajo que se adelanta en Santander y un llamado a sumar más esfuerzos.
El registro fue obtenido por la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS) en la Reserva Natural La Esmeralda, en Encino, dentro de un bosque andino que se encuentra a 1.800 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Se trata de un territorio que conserva condiciones clave para especies que dependen de la cobertura vegetal, la humedad y la baja intervención humana. Estos factores resultan determinantes para la supervivencia de la perdiz santandereana, dado que es muy tímida, pues rara vez se deja ver en campo abierto.
Su presencia funciona como un indicador del estado del ecosistema, como un mensaje que indica que “vamos por buen camino”.
“Esta especie de perdiz santandereana es un indicador biológico de la calidad ecosistémica de los bosques subandinos. Su presencia habla del estado de conservación del bosque. Es una especie de ingeniero forestal ecosistémico porque lo que hace es introducir semillas por todo ese territorio, que está comprendido entre los 1.700 y los 2.200 msnm, aunque a veces se puede encontrar hasta 2.500 msnm”, explicó Frank Carlos Vargas Tangua, biólogo de la CAS.
La perdiz santandereana se alimenta de insectos, frutos y semillas, lo que la convierte en una especie clave en procesos de regeneración del bosque. “Ramonea en el sotobosque en busca de esos insectos y entonces hace control poblacional”, agregó el biólogo Vargas Tangua.
A pesar de su valor, su situación es crítica. Se estima que en Santander podría haber una población de entre 2.000 y 4.000 individuos, según el experto de la CAS. La pérdida de hábitat es su principal amenaza.
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Monitoreo en el bosque
El registro en la Reserva Natural La Esmeralda es resultado de un proceso de monitoreo liderado por la familia Niño Cucaita, que han desarrollado gracias a las acciones conjuntas con la CAS, Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNNC) y la Fundación GAIA.
Los registros que se han obtenido este año son el resultado del trabajo de campo, el conocimiento de la comunidad y un seguimiento preciso y juicioso del comportamiento de las especies, que se adelanta desde 2023, cuando se vio por primera vez a la perdiz en esta zona.
Las cámaras trampa, instaladas en puntos estratégicos del bosque, permanecen activas durante largos periodos y permiten documentar la presencia de fauna que no suele ser observable, especialmente en el caso de especies terrestres y esquivas como esta perdiz.

A través de estas herramientas se ha logrado recopilar información sobre sus hábitos. “La perdiz es un poco sigilosa, tímida, muy cautelosa, y por eso es difícil poder observarla, aunque ramonee en el piso y ponga sus crías allí. Es necesario utilizar cámaras trampa”, señaló el biólogo Frank Vargas Tangua.
Las imágenes obtenidas han aportado información relevante sobre su ciclo de vida. Tal como lo menciona el biólogo, se ha podido establecer que la especie construye sus nidos en el suelo y los protege con la vegetación.
El monitoreo en Santander se extiende a áreas totalmente protegidas: el Santuario de Fauna y Flora Guanentá Alto Río Fonce y el Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes.
Según el portal Birds Colombia, La Voz de las Aves, “el 90 % del hábitat de la especie ha sido transformado para ganadería y agricultura con plantaciones de café, cacao y otros productos (BirdLife International 2009)”. La cacería y la deforestación suman presión a esta especie.
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“Ha sido un trabajo conjunto, siempre a través de la educación ambiental. La CAS se desplaza hacia esos territorios, habla con las comunidades acerca del peligro y las consecuencias de la deforestación, la pérdida del hábitat, la fragmentación, la pérdida de corredores biológicos y la pérdida de sectores en donde los animales generalmente se avistan, se registran, se alimentan y hacen su dispersión”, detalla el biólogo.
Su comportamiento la hace particularmente vulnerable, lo que refuerza la necesidad de mantener intactas las condiciones del bosque.

La Esmeralda, un refugio
La presencia de la perdiz santandereana en La Esmeralda responde a un proceso que se ha construido en los últimos años a partir de iniciativas locales de conservación y turismo de naturaleza.
La reserva comenzó a consolidarse en 2021, cuando actividades de observación de aves impulsadas en Encino abrieron la posibilidad de reconocer el potencial del área como espacio de protección para la biodiversidad.
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Yury Carolina Niño Cucaita, guardaparque de PNNC, intérprete local y estudiante de biología, ha sido parte de ese proyecto familiar desde que arrancó. “El objetivo principal ha sido conservar el ecosistema y aportar a la protección de las especies de aves y mamíferos que habitan en la zona. Desde entonces hemos recibido visitantes y hemos fortalecido el trabajo en la finca”, explicó.

El primer registro de la especie en la reserva se dio en 2023 durante un recorrido de campo, pero luego hubo un periodo sin avistamientos que mantuvo la incertidumbre sobre su permanencia en el área.
Fue hasta finales de 2025 cuando las cámaras trampa volvieron a registrar su presencia, lo que permitió confirmar no solo su tránsito por la zona, sino también indicios de reproducción. “Ya hemos tenido registros constantes. Hemos visto incluso polluelos. Eso muestra que es un lugar donde la especie se está manteniendo”, afirmó Niño Cucaita.

El trabajo se centra en la instalación de cámaras, el seguimiento técnico y la identificación de zonas clave dentro del bosque. En estos puntos se han dispuesto estrategias como la instalación de estaciones de alimentación con granos, lo que ha facilitado el registro sin alterar de forma significativa el comportamiento natural de la especie.
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La Esmeralda no solo alberga a la perdiz santandereana. En el área se han identificado más de 80 especies de aves, además de mamíferos como el oso de anteojos, lo que refuerza su valor como corredor de biodiversidad en el departamento.

Especies como el inca negro, el pato de torrente y la lora multicolor también hacen parte de este ecosistema que se mantiene gracias a decisiones de manejo como la prohibición de la caza y la conservación del bosque en estado natural.

La apropiación del proyecto por parte de la comunidad tomó tiempo y requirió trabajo constante con actores locales. Sin embargo, el avance en el turismo de naturaleza y la articulación con operadores del municipio han permitido consolidar una red de apoyo que hoy sostiene la iniciativa.
De hecho, la familia Niño Cucaita es un referente en la zona. Rudecindo Niño Díaz y Marlem Cucaita Albarracín están a la cabeza del proyecto; Yury Carolina, la hija mayor, es parte fundamental del proceso, y hace poco se sumó el hijo menor, Edinson Javier Niño Cucaita, quien fue uno de los diez ganadores del país en la séptima versión del Concurso Guardián de las Aves. Es un fanático del inca negro.
Esta familia santandereana apunta a fortalecer su papel como área de conservación y a abrir sus puertas a procesos de investigación científica que permitan profundizar en el conocimiento de las especies que habitan en el bosque.
“Lograr declararla un área protegida. Puede ser que haga parte de las reservas naturales de la sociedad civil y también lograr que sea un espacio de conservación no solo por un periodo, sino a largo plazo. Incluir actividades de investigación, ya que hemos trabajado con algunos investigadores de la UIS y algunos de Parques Nacionales. La reserva está abierta para cualquier investigación, tanto de flora como de fauna”, apunta Yury Niño Cucaita.
















