A pesar de la connotación despectiva que el proceso de colonización dio a la palabra, “guaricha” hace parte del lenguaje muisca y significa “mujer joven y sabia”. La Batucada Guaricha trabaja con mujeres en procesos de sanación, empoderamiento y movimiento social.

Publicado por: Paola Esteban
Alguien empieza a tocar el tambor y ese sonido atrae. El golpeteo del instrumento convoca, se entrelaza con los sonidos del corazón y entonces “Las guarichas” se oyen como una sola voz, como un solo rugido de mujeres que buscan transformar el contexto de dolor, sanarlo y empoderarse para seguir luchando por el pleno reconocimiento de sus derechos.
No van a retroceder.
“Me parece interesante poder empoderar a las mujeres a través de los sonidos percutivos, a través de la música, esto genera un cambio en el “chip” y lo digo porque los sonidos de los tambores transforman, sanan. Alguien empieza a tocar el tambor e inmediatamente ese sonido convoca, atrae, motiva al movimiento, motiva a la danza, eso viene en nuestros genes. Desde tiempos inmemoriales los tambores han sido utilizados para actos ceremoniales, para conexiones ancestrales”, explica Sandra Cárdenas, una psicóloga de 47 años que desde hace seis meses está vinculada con el proceso de La Batucada Guaricha.
Una noche de diciembre del año pasado, el sonido del tambor retumbó en el Centro Cultural del Oriente, fueron invitadas a tocar con batucadas juveniles: “las guarichas” se han ganado el respeto de los artistas locales y han sido mencionadas en medios especializados nacionales, como la revista Shock, gracias a su trabajo con el reconocido artista Edson Velandia y a su participación en la marcha del 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.
Un día como este, pero de 2018, nació La Batucada Guaricha.
“Inicialmente, a la batucada llegan mujeres que han estado en procesos universitarios de feminismo y han estado en colectivos de mujeres, pero en una segunda convocatoria fue muy linda la llegada de mujeres nuevas que no han estado vinculadas a ningún proceso de este tipo”, explica Adriana Lizcano, quien luego de tocar se tomó un momento para contar la historia.
Adriana es una reconocida cantante bumanguesa que nunca antes había sentido la “necesidad del tambor”, pero que, atraída como muchos al escuchar el ritmo, la sentir en la piel la cadencia, se vinculó con el proceso para darle una voz de liderazgo.
“Fue un descubrir también para mí. Además, la batucada tiene una historia de resistencia en la que, a través de la música, un pueblo puede tener dignidad. Eso me hizo también un poco irme a mis raíces indígenas y africanas por algún lado. Y descubrir que la unión de mujeres es poderosísima”, explica.

















