Las Santandereanas
Martes 21 de enero de 2025 - 08:16 AM

Elena Arenas de Ortiz: el alma de la gestión cultural en Santander

Elena Arenas de Ortiz, gestora cultural y alma del arte santandereano, ha dedicado su vida a abrir puertas para los artistas, trazando puentes entre la tradición y la modernidad desde el Colombo Americano de Bucaramanga.

Elena Arenas de Ortiz: el alma de la gestión cultural en Santander. Foto Franz Rey/VANGUARDIA
Elena Arenas de Ortiz: el alma de la gestión cultural en Santander. Foto Franz Rey/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

En una esquina del tiempo, en la Bucaramanga de mitad de los años sesenta, una niña descubrió que sus manos podían transformar líneas en mundos. Elena Arenas de Ortiz, educada entre los trazos de un dibujo y los pasos de una familia que cultivaba la disciplina y la prudencia, comenzó a escribir su historia en el arte sin saberlo. Era el comienzo de un viaje que la llevaría a convertirse en una de las gestoras culturales más influyentes de Santander. Lea también: Rafael Yuste: el guardián del cerebro humano en el Hay Festival 2025

“Siempre fui una niña curiosa y aplicada”, recuerda Elena, evocando sus días en la Santísima Trinidad, donde el rigor alemán le forjó una visión meticulosa. Allí, entre libros y lápices, descubrió el placer de dibujar, de crear mapas y contornos. Más tarde, en los años 60, entró a la carrera de Delineante de Arquitectura en la UIS. “Pasábamos noches enteras trazando planos. Aprendimos a construir desde cero. Eso me enseñó que en la vida, como en la arquitectura, cada línea cuenta”.

La llegada del grabado a su vida, como una revelación en el Banco de la República, transformó su mirada. “El grabado fue una puerta que se abrió para mí”, comenta con emoción. “Era un mundo nuevo donde podía expresar mis ideas con fuerza y precisión. Recuerdo que decían que éramos señoras que pintaban, pero nosotras demostramos que podíamos estar a la altura de cualquiera. Esos premios que ganamos no fueron solo medallas, fueron la confirmación de que nuestras manos podían crear maravillas”.

Elena Arenas de Ortiz con Juan Carlos Rincón Liévano,  presidente de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, promoviendo el evento cultural Salas Abiertas, que involucra a varias instituciones de la región.
Elena Arenas de Ortiz con Juan Carlos Rincón Liévano, presidente de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, promoviendo el evento cultural Salas Abiertas, que involucra a varias instituciones de la región.

En un momento crítico, sin embargo, su vida dio un giro: su carrera cambió por completo cuando dejó de requerirse y fue entonces que su historia tomó un giro hacia la docencia y la gestión. En la tranquilidad de su hogar, transformó las mesas en talleres y las paredes en galerías. “Con una amiga abrimos un pequeño taller de pintura. Allí descubrí el placer de enseñar, de compartir lo que había aprendido. Fue mágico ver cómo otros comenzaban a amar el arte tanto como yo”. Más tarde, becada por la Biblioteca Gabriel Turbay y se sumergió en el diplomado Formador de Formadores para el Arte, cimentando las bases de su labor como gestora. Luego llegó el Colombo Americano, un espacio que ella convirtió en un santuario para artistas contemporáneos. “Ya no quería solo exponer mis obras, quería abrir caminos para otros. El Colombo se convirtió en un lugar donde podía soñar y hacer soñar a otros.”

Pero su labor no estuvo exenta de desafíos. Los recursos eran escasos y los espacios para el arte eran pocos, pero Elena encontró en la colaboración su mayor fortaleza. “Conocí a personas maravillosas que creyeron en mí y en mi visión. Lucila González Aranda (quien fue directora del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga), la artista Ana Mercedes Hoyos... cada una me dejó lecciones que nunca olvidaré. Lucila me enseñó a valorar y respetar a los artistas. Ana Mercedes Hoyos confió en mí para una gran exposición en Bucaramanga. Fue un logro enorme, aunque triste, porque ella falleció el día de la apertura, en 2014. Pero ese momento me enseñó que el arte es eterno, que trasciende incluso a quienes lo crean”.

El legado de Elena no es solo el de una mujer que trazó una carrera entre pinceles y planos, sino el de una visionaria que entendió que el arte es un puente entre generaciones. “A los jóvenes gestores culturales les digo: no teman a los cambios. La tecnología transformó mi carrera cuando llegó el AutoCAD y luego la pandemia nos llevó al mundo virtual. Pero aprendí a adaptarme y a encontrar belleza en lo nuevo sin olvidar lo que hubo antes”.

Elena Arenas de Ortiz: el alma de la gestión cultural en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Elena Arenas de Ortiz: el alma de la gestión cultural en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

Hoy, después de cincuenta años de matrimonio con Juan José Ortiz Sepúlveda, ingeniero civil, con quien tuvo a su hijo Juan Manuel Ortiz Arenas, que es arquitecto, además de una vida rodeada de arte y de haberse convertido en el alma de la gestión cultural desde el Colombo Americano, Elena Arenas de Ortiz sigue creyendo en el poder del arte para cambiar el mundo. “El arte nos conecta, nos humaniza. Siempre digo que el arte no es solo para unos pocos, es para todos. Mi misión ha sido abrir puertas, tender puentes y dejar que cada artista encuentre su voz”.

Su historia está tejida con dedicación y amor. Elena sabe que aunque los tiempos cambien, la pasión por la cultura y el compromiso con los artistas permanecen como un faro inmutable: “He aprendido que el arte es como la vida: está lleno de desafíos, pero también de momentos que te dejan sin aliento. Y por esos momentos, todo vale la pena”.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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