Al frente del área comercial, María Juliana Di Marco impulsa la renovación de la marca sin perder de vista lo esencial: la familia, los valores y el impacto social que, asegura, son la base de un legado que trasciende generaciones.

Para María Juliana Di Marco, “la familia es ese lugar seguro, con algunos retos, al que le debes amor y compromiso y que se convierte en nuestro motor”. Ese sentimiento le ha permitido formar su propio hogar y continuar con el legado que nació en Santander con DiMarcos Moda, empresa fundada por sus padres, Víctor Raúl Di Marco y Margarita María Gómez, quienes le inculcaron los valores que hoy replica en su vida.
Graduada de Ingeniería Industrial de la Pontificia Universidad Javeriana, María Juliana entrelaza su formación académica con la experiencia adquirida desde niña en la empresa familiar para seguir construyendo una compañía en expansión.
La fortaleza que ha cultivado también le ha dado herramientas para superar dificultades y enfrentar momentos decisivos, especialmente en los inicios de la conformación de su hogar junto a su esposo, Enrique Puyana, y sus hijos Manuela y Enrique. Desde su nacimiento, Manuela, su primogénita, enfrentó pérdida auditiva bilateral junto a otras complicaciones de salud, lo que significó años de incertidumbre, cirugías y cuidados constantes, sin saber cuál sería su futuro. Lea también: Margarita Rosa Castañeda Corzo, la soprano santandereana que conquistó Viena
Ese proceso, asegura María Juliana, le dejó una huella imborrable: “Me dio empatía. Antes había tenido una vida bastante tranquila, y de repente todo cambió. Empecé a entender profundamente las circunstancias de los demás: familiares, amigos, desconocidos, colaboradores. Eso fue un regalo que me dejó el proceso de mi hija y lo agradezco”.
Hoy reconoce que ese camino también transformó a su familia. “Hemos crecido, aprendido y nos hemos perdonado. En el camino encontramos personas maravillosas, verdaderos ángeles. Por todo eso que hemos vivido a lo largo de los años, no cambiaría nada”.

El camino hacia el liderazgo
Esa etapa marcó un nuevo rumbo en su vida: le permitió organizarse para cuidar de su hija y, al mismo tiempo, asumir un papel más activo en la empresa.
Con el tiempo, fue liderando distintos procesos hasta consolidarse como gerente comercial de DiMarcos Moda, convencida de que los valores aprendidos en su hogar son también la base del futuro de la marca.
Su vínculo con la empresa, sin embargo, viene de mucho antes. Recuerda que, con apenas siete años, ya ayudaba a pegar moños en los paquetes de regalo. Luego fue empacadora, vendedora, apoyó en gestiones administrativas, en importaciones y mercadeo. Cada etapa le permitió crecer y sumar responsabilidades, hasta convertirse en socia. Esa experiencia le ha dado también una visión más amplia del rol femenino en la región.
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Para ella, la mujer santandereana simboliza disciplina y carácter, pero también la capacidad de equilibrar múltiples exigencias.
Considera que, aunque la sociedad demanda cada vez más, las mujeres han demostrado liderazgo en el ámbito empresarial sin perder de vista lo personal, un balance que ella misma busca mantener en su vida diaria.
Sus proyectos en DiMarcos Moda la han llevado a entender que el verdadero legado que quiere dejar en Santander no se mide en el tamaño de la empresa, sino en el impacto que genera en las personas. Sueña con que la marca sea recordada como un espacio que le tendió la mano a proveedores, clientes y empleados, y que acompañó a muchos en momentos significativos de sus vidas.
“Quizás no tengamos que ser un gran imperio, pero sí quiero que nos recuerden como aliados, como un lugar que generó oportunidades y progreso, que enseñó valores y que dejó huella en quienes trabajaron aquí o en quienes encontraron en nuestra casa un espacio autentico y cercano para expresar su esencia a través de la moda”.
Ese es el verdadero impacto: generar bienestar, ser coherente con los valores y entender que el crecimiento empresarial no puede estar por encima de la familia ni de la felicidad de quienes hacen parte de la organización. “Si las oportunidades comerciales y el ejercicio me permite una mayor expansión, y estaré lista y fuerte en eso, pero sin que restrinja el tiempo con mi familia ni mis amigos”, concluye.
Un legado en transformación
DiMarcos Moda cumple 50 años y para María Juliana Di Marco este aniversario representa tanto un orgullo como una gran responsabilidad. Desde su rol, ha liderado un proceso de transformación que incluye la renovación de tiendas, la modernización de los formatos, la reingeniería de los sistemas de información, la integración de nuevas marcas y el fortalecimiento del canal digital. Todo esto con el propósito de proyectar la empresa hacia el futuro, sin perder la esencia que la ha hecho un referente durante medio siglo.
Además, ha impulsado la capacitación y el desarrollo de los colaboradores, convencida de que invertir en la gente es clave para sostener la evolución de la compañía.
Asumir esta responsabilidad ha significado para ella enfrentar retos como adaptarse a un entorno digital que no le era natural, hacer frente a la fuerte competencia de la globalización de estos nuevos canales y encontrar un equilibrio entre tradición e innovación. Con disciplina financiera, visión estratégica y la capacidad de atender múltiples frentes, María Juliana ha llevado a la empresa a consolidarse como un espacio de encuentro cercano y auténtico para los clientes.










