Las Santandereanas
Martes 17 de marzo de 2026 - 08:47 AM

María Mercedes Sánchez, la santandereana que convirtió la fe de su infancia en arte

Nacida en Bucaramanga, María Mercedes Sánchez pasó de la televisión al arte y convirtió la memoria de su familia, la devoción popular y su raíz santandereana en una obra profundamente personal.

María Mercedes Sánchez, artista santandereana. Foto suministrada/VANGUARDIA
María Mercedes Sánchez, artista santandereana. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

La escena se le quedó prendida en la memoria mucho antes de que se asumiera artista. Corría 2011 y María Mercedes Sánchez trabajaba en televisión cuando empezó a notar algo que la deslumbró: en medio del vértigo de los realities, entre cables, egos, luces y competencia, algunos participantes levantaban pequeños altares íntimos. Una imagen de Jesús aquí. Una virgen allá. Un ritual mínimo para pedir calma, suerte o consuelo en medio del espectáculo. Años después, ella seguiría recordando ese hallazgo como el momento en que algo hizo clic: “Esta obra nace en el 2011”, diría luego, al explicar cómo empezó a mirar de otra manera esas figuras que parecían habitarlo todo, incluso los lugares más inesperados.

Tal vez esa revelación fue una forma de volver a casa. Porque mucho antes de los sets y de los personajes de la televisión, María Mercedes había crecido en un hogar católico santandereano donde la fe era un lenguaje cotidiano. “Soy devota”, dijo en una entrevista con Vanguardia, al recordar una infancia marcada por el rosario diario y por un universo de imágenes religiosas que alimentaron su imaginación. En otra conversación explicó que su “entorno visual” estaba lleno de Jesucristo, la Virgen María y el Divino Niño, figuras que primero la acompañaron como presencia doméstica y luego empezaron a aparecer en su obra como símbolos llevados a espacios cotidianos.

María Mercedes Sánchez nació en Bucaramanga en 1968, estudió Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de La Sabana y trabajó durante más de tres décadas en el mundo de los medios y el entretenimiento antes de dedicarse con mayor decisión a las artes visuales. Su primera exposición individual fue en 2022 y desde entonces su trabajo ha seguido creciendo, con muestras en Bucaramanga, Bogotá, Madrid y su participación en el Grand Palais de París en febrero de este año.

Con su esposo, Dago García, su hija mayor y una de las nietas. Foto suministrada/VANGUARDIA
Con su esposo, Dago García, su hija mayor y una de las nietas. Foto suministrada/VANGUARDIA

Pero los datos duros dicen menos que la raíz. Lo decisivo en María Mercedes es tanto el tránsito de la televisión al arte, como el mundo afectivo que sostiene ese paso. “Crecí en un mundo de fe, de tradiciones que hablaban del afecto y la unión familiar, de lo popular y lo devocional. Todos esos recuerdos familiares se convirtieron en la base simbólica desde la cual construyo mi trabajo artístico”. Y esa frase parece ordenar todo: además de la iconografía religiosa, María Mercedes es una artista que ha convertido su memoria en materia de creación.

Viene de una familia numerosa, de 10 hermanos nacidos en Bucaramanga. Su padre era de Barichara; su madre nació en Guacamayo y hoy tiene 99 años. En ese hogar, dice, aprendió dos herencias que siguen vivas en su carácter: la sensibilidad firme de la madre y la reciedumbre con humor del padre. “Crecí viendo a mi madre, una mujer sensible, firme y resiliente, y a mi padre, un hombre recio, lleno de tenacidad y de buen sentido del humor. En medio de esa energía aprendí la fuerza y la perseverancia que hoy sostienen mi práctica artística”.

Por eso, cuando se le pregunta qué cualidades de las familias santandereanas reconoce en la suya, responde desde el temperamento. Habla del carácter, de determinación, de resistencia, de dignidad. Y de “esa chispa de alegría” que a veces no entra en los lugares comunes sobre esta tierra y que, sin embargo, también la define. En su caso, lo santandereano es como una ética de sostenerse, de insistir, de crear.

Si tuviera que condensar su familia en una sola pieza, incluso ya tiene el título: “Sagrada Familia Santandereana”. No cuesta imaginar por qué. En la obra de María Mercedes lo sagrado no está separado de la vida diaria. Baja a la cocina, entra al baño, se mezcla con refranes, con cultura popular, con humor, con objetos de uso común. En una de sus piezas más recordadas, por ejemplo, la Inmaculada Concepción aparece en un baño, rodeada de una escoba y mensajes contra los pensamientos negativos. Allí la artista propuso una idea muy suya: que incluso la limpieza del alma puede encontrar símbolos en una escena doméstica. Vanguardia recogió una de sus frases más elocuentes sobre esa obra: que una Virgen diga “A limpiar la mente” crea un puente entre el mundo interior y la vida cotidiana.

Con algunos de sus 10 hermanos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Con algunos de sus 10 hermanos. Foto suministrada/VANGUARDIA

Bajar lo sagrado al territorio de lo cotidiano tiene mucho que ver con su formación previa en el universo audiovisual. María Mercedes fue jefa de prensa, mánager, reportera de realities y escritora para televisión. Allí descubrió un paralelo que terminaría empujándola al arte: la devoción del fan por una celebridad se parece, en ciertos rituales, a la devoción religiosa. Esa observación se volvió lenguaje plástico. Empezó a crear dioramas y cajas escénicas atravesadas por una estética de telones, espectáculo, fe popular y objetos simbólicos.

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También allí aparece otra capa de su historia: la del cansancio y la reinvención. Ella misma contó que, antes de la pandemia, decidió hacer una pausa porque venía exhausta de un trabajo emocionalmente muy demandante. En ese receso se acercó primero a la literatura infantil y después encontró en el collage digital, los dioramas y la exploración artística un camino inesperado. Dijo incluso que al comienzo no se sentía artista, que esa palabra le parecía lejana, hasta que la vida empezó a demostrarle lo contrario.

Esa mezcla entre humildad y arrojo también se advierte en su trayectoria reciente. Tras formarse en pintura digital y ampliar su estudio en producción, expografía, historia del arte y curaduría, fue seleccionada para la I Bienal de Artistas Colombianos en España y en 2025 participó en ARTBO Tutor y en la convocatoria “Salas Abiertas” del Centro Colombo Americano de Bucaramanga. Su recorrido ha sido, en ese sentido, el de una artista que no llegó al arte desde una carrera lineal, sino desde una acumulación de miradas: la comunicación, la escritura, la televisión, la espiritualidad, la observación de la cultura popular y la fidelidad a una iconografía personal.

En esa construcción también ha sido importante su vida en pareja. “Mi esposo Dago García ha sido un gran aliado en mi proceso creativo”, dice. Habla de él también como cómplice intelectual y emocional. Después de 26 años de matrimonio, asegura que el diálogo creativo hace parte de la cotidianidad de ambos y que el trabajo de él en cine, televisión y escritura ha enriquecido muchas de sus reflexiones artísticas.

Su vínculo con Santander, además, no es retórico. Aunque vive en Bogotá desde hace décadas, sigue viajando con frecuencia a esta tierra para visitar a su madre y a sus hermanos y mantiene un lazo activo con el departamento, tanto en lo afectivo como en lo creativo.

El resplandor de lo popular llega al Colombo de Bucaramanga con Sagrado Pop. Foto suministrada/VANGUARDIA
El resplandor de lo popular llega al Colombo de Bucaramanga con Sagrado Pop. Foto suministrada/VANGUARDIA

“En mi obra está presente la esencia de mi origen santandereano: la franqueza, la tenacidad y el carácter firme de una tierra marcada por mujeres fuertes”. Y es que su la forma de sostener una obra que no le teme a unir devoción y memoria doméstica y cultura popular, ternura y crítica, tradición e irreverencia.

Su trabajo es personal, sí, pero reconocible en los códigos universales. Arma un altar con los materiales de su propia vida, de la niña que rezó el rosario, la mujer que observó los rituales secretos de la televisión, la hija de una madre de Guacamayo que hoy roza el siglo de vida. La santandereana que aprendió del carácter, de la fe, del afecto y de la perseverancia.

María Mercedes Sánchez ha hecho de todo eso una obra. Pero también, y acaso sobre todo, una manera de mirar el mundo. Una en la que todavía caben la devoción, la belleza, la memoria y esa obstinación tan de esta tierra que convierte lo íntimo en fuerza creadora.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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