El apoyo emocional de las mascotas sí funciona, pero requiere cuidados, límites y una relación recíproca.

Publicado por: John Arias
Los animales pueden transformar la salud mental de sus propietarios, siempre que exista un vínculo responsable y recíproco, resalta la psicóloga Magda León Cobos.
El vínculo entre los seres humanos y los animales ha existido desde siempre, pero su papel en la salud mental es un fenómeno relativamente reciente que sigue ganando terreno. Magda León Cobos, quien también es estudiante de Medicina Veterinaria en la Universidad Cooperativa de Colombia campus Bucaramanga, lleva más de 15 años explorando esta relación desde ambas disciplinas. Lea también: audiencia de legalización de captura por la muerte de Kira en Bucaramanga
Más allá de la empatía, una relación de sincronía emocional
Uno de los conceptos clave que León Cobos introduce es el de sincronía, que reemplaza la noción tradicional de empatía cuando hablamos de la relación humano-animal. “No se trata específicamente de ponerte en el zapato del otro, sino de entender que hay una comunicación directa con ellos”, explica la especialista.
Esta conexión tiene una base neurológica: humanos y perros comparten el sistema límbico, la región del cerebro encargada de procesar las emociones, y la convivencia intensa entre ambas especies hace que ese sistema se retroalimente constantemente.
Eso explica, según León Cobos, por qué muchas personas sienten que su perro “sabe” cuándo están tristes. “Yo puedo sentir lo que sientes porque lo estoy viendo, porque estoy conectado a ti”, resume.

¿En qué casos pueden ayudar los animales de apoyo emocional?
Los animales de apoyo emocional han mostrado resultados positivos especialmente en trastornos del estado de ánimo como la depresión, aunque siempre como complemento y no como sustituto del tratamiento psicológico o psiquiátrico. “Siempre y cuando el tratamiento esté estructurado para ello, por supuesto que sí pueden complementarlo”, señala la psicóloga, quien subraya que debe existir un propósito definido desde la terapia y un objetivo claro de construcción personal para el paciente.
León Cobos también destaca aplicaciones menos conocidas, como el apoyo cognitivo en niños. Por ejemplo, existen programas en los que menores leen en voz alta a perros en refugios han demostrado que la interacción con animales genera un entorno de seguridad que favorece notablemente el aprendizaje.
El bienestar del animal, una condición no negociable
La especialista es enfática en un punto que suele pasarse por alto: el animal también tiene necesidades propias. “Estamos hablando de una vida que va a estar a cargo de esta persona. El animal debe poder recibir las condiciones para seguir ejerciendo todo su bienestar: alimentación, cuidados veterinarios, juego, recreación, absolutamente todo”, advierte.
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En cuanto al perfil ideal del animal, León Cobos aclara que la raza o el tamaño no son determinantes. Lo que sí puede ser excluyente es un historial de agresividad. Desde su labor ha desarrollado un programa de adiestramiento funcional para estos animales, que incluye el fortalecimiento de rutinas saludables para el perro y su propietario.
No todo en esta relación es automáticamente beneficioso. León Cobos llama la atención sobre la humanización excesiva, que ocurre cuando se le niega al animal su naturaleza como especie y este “existe únicamente para el propietario”, sin que sus necesidades sean atendidas. “Lo que buscamos es una relación sinérgica, en donde se desarrollan componentes de responsabilidad afectiva y en donde yo me esfuerzo por ofrecerte bienestar y hay una retribución de ese bienestar”, explica.
A nivel normativo, el país todavía tiene pendiente un marco claro. Según León Cobos, en Colombia no existen certificaciones para los animales de apoyo emocional como tales, solo para los pacientes que los necesitan, aunque desde la práctica profesional ya se están desarrollando protocolos y propuestas de adiestramiento que buscan llenar ese vacío. Lea también: Rescató a cachorro abandonado en Bucaramanga y su historia se vuelve viral

El día a día con una mascota de apoyo emocional
La propia psicóloga vive esta realidad de primera mano: lleva consigo sus perros de apoyo emocional a la universidad. No es un gesto simbólico sino una práctica cotidiana cuidadosamente organizada.
La experta cuenta que tiene varios perros de apoyo emocional precisamente porque entiende que el trabajo emocional también los desgasta a ellos. “Son días en que ir todos los días a la universidad puede llegar a ser muy pesado para ellos, entonces los alterno y los dejo descansar”, explica.

Así, mientras uno de sus perros acompaña una jornada cargada de clases de veterinaria y sesiones de psicología, otro descansa en casa y se relaciona con otras personas, satisfaciendo sus propias necesidades sociales.
Esta rotación no es solo una muestra de coherencia profesional, sino también un modelo de lo que ella misma predica: una relación recíproca, en la que el cuidado fluye en ambas direcciones. La UCC ha sido, según sus palabras, especialmente receptiva ante esta dinámica, permitiéndole desarrollar en el aula lo que defiende en la consulta: que un animal de apoyo emocional bien atendido puede transformar la vida de su humano.
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Claves para una relación sana con mascotas de apoyo emocional
1. Vínculo recíproco, no unilateral: La relación debe ser de doble vía: el animal aporta bienestar, pero también debe recibir cuidado, atención y afecto.
2. Priorizar el bienestar del animal: Alimentación, atención veterinaria, descanso, juego y condiciones dignas no son opcionales.
3. No reemplazar tratamientos profesionales: El animal es un complemento terapéutico, no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica.
4. Tener un propósito terapéutico claro: El uso de un animal de apoyo emocional debe estar guiado por objetivos definidos dentro de un proceso terapéutico.
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5. Evitar la humanización excesiva: Respetar su naturaleza como animal es clave. No debe existir solo para satisfacer necesidades humanas.
6. Fomentar la “sincronía emocional”: Más que empatía, se trata de una conexión basada en la interacción y la convivencia constante.
7. Evaluar el comportamiento del animal: No importa la raza o tamaño, pero sí es fundamental que no tenga historial de agresividad.
8. Establecer rutinas saludables: El adiestramiento funcional y las rutinas benefician tanto al animal como al propietario.
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9. Respetar los tiempos de descanso del animal: El acompañamiento emocional también puede ser demandante para la mascota, por lo que necesita pausas.
10. Asumir la responsabilidad a largo plazo: Tener un animal implica compromiso constante, no una solución temporal a un problema emocional.















