Salud
Martes 18 de noviembre de 2025 - 09:55 AM

Pólvora en Navidad: impactos en la salud, el ambiente y las unidades de quemados en Santander

La temporada decembrina trae consigo un aumento previsible de quemados por pólvora en Colombia, especialmente en Santander y su área metropolitana. Las cifras más recientes muestran un problema de salud pública que sigue sin resolverse.

Icbf abre 90 procesos por niños con pólvora en Navidad.
Icbf abre 90 procesos por niños con pólvora en Navidad.

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Publicado por: Redacción Salud

Cada diciembre, el país se llena de luces, música y celebración. Sin embargo, entre la alegría de las fiestas, persiste una práctica que año tras año deja heridas físicas, emocionales y sociales: el uso de la pólvora. Lo que muchos consideran una costumbre inofensiva se traduce, para el sistema de salud, en una emergencia previsible que se repite cada temporada decembrina.

Los niños siguen siendo las principales víctimas. En la Noche de Velitas de 2024, 74 menores resultaron heridos a nivel nacional, varios bajo la supervisión de adultos en estado de embriaguez.

En Santander, los reportes locales confirmaron que una fracción significativa de estos casos se presentó en zonas urbanas del área metropolitana, con lesiones en manos, rostro y ojos.

La combinación de curiosidad infantil, descuido y consumo de alcohol multiplica el riesgo. También los adultos jóvenes, principalmente hombres entre 18 y 35 años, concentran la mayoría de los casos graves, muchos de ellos relacionados con la manipulación ilegal o la fabricación casera de artefactos pirotécnicos. Lea también: La otra cara de la crisis de salud: lo que revela un nuevo estudio

Aumentan las cifras de quemados en Colombia y Santander

Durante la vigilancia intensificada del periodo 2023-2024, el Instituto Nacional de Salud reportó 1.366 lesionados por pólvora en Colombia, un aumento del 18,5 % frente al año anterior. De ese total, 36 casos correspondieron al departamento de Santander, con varios de ellos registrados en Bucaramanga y su área metropolitana. El 70 % de los afectados manipulaba directamente los artefactos, mientras que el 21 % eran observadores. De los lesionados, el 29,8 % requirió hospitalización y dos personas perdieron la vida. Cada cifra representa una historia de dolor, discapacidad y culpa evitable.

El daño no se limita al cuerpo humano. La quema masiva de pólvora libera partículas finas, metales pesados y gases tóxicos que deterioran la calidad del aire, afectando a personas con enfermedades respiratorias crónicas, niños y adultos mayores. En ciudades como Bucaramanga, donde las condiciones atmosféricas ya presentan episodios de contaminación por material particulado, el uso de fuegos artificiales durante diciembre agrava los síntomas respiratorios y la congestión ambiental.

Alta ocupación en unidades de quemados en el área metropolitana de Bucaramanga

El impacto sanitario de estas lesiones es considerable. Cada paciente quemado requiere atención inmediata, cirugías reconstructivas, manejo del dolor, antibióticos, injertos y rehabilitación prolongada. En Santander, los hospitales de referencia como el Hospital Universitario de Santander, HUS, y otra en el Hospital Internacional de Colombia, HIC, cuentan cada uno con Unidad de Quemados, sin embargo ante la alta demanda estas unidades especializadas alcanza ocupaciones cercanas al 100%, principalmente durante las festividades, lo que incrementa los tiempos de espera y los costos hospitalarios.

A ello se suman los gastos en incapacidades, prótesis y atención psicológica, que representan una carga económica adicional para las familias y las entidades de salud.

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A nivel social, el ruido y las detonaciones alteran el sueño de adultos mayores, recién nacidos y personas con trastornos del espectro autista. Las mascotas, por su parte, sufren cuadros de ansiedad severa, taquicardia, desorientación y fugas accidentales. Todo ello refleja un daño silencioso que rara vez se visibiliza, pero que impacta directamente en la convivencia y el bienestar colectivo. Le puede interesar: Cáncer de mama en edad fértil: la decisión que puede cambiar su futuro

Desde el punto de vista epidemiológico, la pólvora constituye un evento prevenible de interés en salud pública. La Ley 670 de 2001 prohíbe la fabricación y comercialización de artefactos con fósforo blanco y establece sanciones para los adultos que permitan el acceso de menores a este tipo de productos. No obstante, la aplicación sigue siendo irregular. En muchas regiones, incluida Santander, persisten la venta clandestina, la permisividad social y la falta de control efectivo por parte de las autoridades locales.

Prevenir las lesiones por pólvora exige más que campañas estacionales: requiere educación sostenida, control real y compromiso ciudadano. Es fundamental que los municipios promuevan celebraciones seguras, con espectáculos controlados y profesionales certificados. Las instituciones educativas deben fomentar una cultura de autocuidado y respeto por la vida. Y los medios de comunicación, al visibilizar las consecuencias reales de la pólvora, pueden ayudar a transformar una práctica que aún se asocia con alegría, pero que tantas veces termina en tragedia.

Cada herido por pólvora es una derrota colectiva. En lugar de celebrar con explosiones, podríamos iluminar diciembre con gestos de cuidado, responsabilidad y empatía. La verdadera luz de la Navidad no proviene del fuego que destruye, sino del brillo que nace cuando una familia puede celebrar unida, sin cicatrices ni ausencias.

Un artículo por el Dr. Jhonnatan Andrés Acosta Sánchez, Médico cirujano (UIS) – Especialista en Epidemiología (UNAB).

Publicado por: Redacción Salud

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