Salud
Sábado 18 de abril de 2026 - 12:00 AM

Lo que el espacio revela sobre el cuerpo humano

La ausencia de gravedad transforma el funcionamiento del organismo en cuestión de semanas. Los cambios que experimentan los astronautas no solo explican los efectos de la microgravedad, sino que también ofrecen claves sobre el impacto del sedentarismo en la vida cotidiana.

Freepik/ VANGUARDIA
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Publicado por: Suministrado

Por: Dra. María Mercedes Botia Osorio, Médica especialista en medicina del deporte

Cuando un astronauta abandona la Tierra, también se aleja de una de las fuerzas más determinantes para el cuerpo humano: la gravedad. Aunque imperceptible, su ausencia desencadena una serie de adaptaciones fisiológicas que modifican el funcionamiento del organismo.

Uno de los primeros cambios ocurre en la distribución de los líquidos corporales. En condiciones normales, la gravedad favorece que la sangre se concentre en las extremidades inferiores. En el espacio, ese equilibrio se altera y los fluidos se desplazan hacia la parte superior del cuerpo, lo que genera hinchazón facial y sensación de presión en la cabeza. Este fenómeno, además, se ha asociado con alteraciones visuales durante las misiones.

De manera simultánea, el cuerpo responde eliminando el exceso de líquido mediante un aumento en la producción de orina. Esto reduce el volumen sanguíneo y modifica la presión arterial.

Aunque el sistema cardiovascular logra adaptarse a esta nueva condición, el regreso a la Tierra representa un desafío: los mecanismos que regulan la presión, como los barorreceptores, no responden de inmediato con la misma eficacia, lo que puede provocar mareo o incluso desmayos al ponerse de pie.

El sistema encargado de la orientación espacial también se ve afectado. En la Tierra, el cerebro utiliza señales del oído interno para mantener el equilibrio, pero en microgravedad estas referencias pierden su función. En los primeros días, esto genera desorientación y dificultades de coordinación.

Con el tiempo, el cerebro se adapta al nuevo entorno apoyándose más en la visión. Sin embargo, al regresar al planeta, este reajuste temporal hace que acciones cotidianas como caminar o mantenerse en pie requieran un nuevo proceso de adaptación.

Músculos y huesos sin estímulo

Uno de los efectos más relevantes ocurre en el sistema musculoesquelético. En ausencia de carga, el cuerpo deja de recibir los estímulos mecánicos necesarios para mantener su estructura. Como consecuencia, la masa muscular disminuye, la fuerza se reduce y los huesos pierden densidad de manera acelerada, especialmente en la cadera y la columna.

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Este deterioro no es un proceso lento. Puede comenzar en cuestión de semanas, lo que evidencia que el cuerpo humano no solo está diseñado para moverse, sino para resistir fuerzas. Cuando ese estímulo desaparece, la pérdida de función es inevitable.

El ejercicio como eje central

Frente a estos cambios, la principal estrategia no es farmacológica, sino funcional. El ejercicio se convierte en la herramienta más eficaz para preservar la salud física en condiciones extremas.

Aunque el soporte nutricional y otros tratamientos pueden complementar el manejo, ninguno reemplaza el papel del entrenamiento estructurado. Durante años, los astronautas siguieron programas prolongados de ejercicio aeróbico y de fuerza. Sin embargo, este enfoque no lograba evitar por completo la pérdida muscular y ósea.

En respuesta, la NASA desarrolló el protocolo SPRINT, un modelo que prioriza la calidad del estímulo sobre el volumen. Este sistema combina entrenamiento de fuerza con cargas altas y sesiones cortas de alta intensidad cardiovascular, logrando preservar la masa muscular y mantener la función física en condiciones donde el deterioro suele ser acelerado.

Una lección aplicable en la Tierra

La lógica detrás de estos hallazgos es clara: el cuerpo necesita estímulos adecuados para mantenerse funcional. La carga protege el hueso, la intensidad preserva la capacidad cardiovascular y el entrenamiento estructurado sostiene la masa muscular.

Esta evidencia trasciende el contexto espacial. En esencia, el organismo de una persona sedentaria en la Tierra no es muy distinto al de un astronauta en microgravedad. En ambos casos, la falta de estímulo conduce a una pérdida progresiva de capacidad física. La diferencia radica en la velocidad del proceso: en el espacio ocurre en semanas; en la vida cotidiana, en años.

El entorno espacial confirma una idea fundamental: el ejercicio no es opcional, es una necesidad biológica. Más allá de la actividad física, el reto está en generar el estímulo adecuado para que el cuerpo conserve su función y su capacidad a lo largo del tiempo.

Si tienes dudas sobre este o algún tema relacionado con la sección de Salud, puede enviar sus preguntas y un grupo de especialistas se encargará de resolverlas: preguntasdr.joaquinfernando@gmail.com

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Publicado por: Suministrado

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