Dos animales que, desde la ciencia y la incertidumbre, ayudaron a abrir el camino hacia la exploración del espacio.

Publicado por: Giselle Yuliana Jejen Herrera
Los científicos recurrieron al envío de animales al espacio como parte de las primeras pruebas biológicas para evaluar si los seres vivos podían resistir la ingravidez, la radiación cósmica y las intensas fuerzas del despegue y la reentrada atmosférica, antes de arriesgar vidas humanas.
Estos experimentos fueron la clave para comprender los efectos de la microgravedad en sistemas vitales como el corazón, los músculos y los huesos, aportando información decisiva para la exploración espacial moderna. Te puede interesar: El curioso juguete que niño logró enviar al espacio en la misión Artemis II
Mucho antes de que un humano viajara al espacio, una perrita callejera de Moscú se convirtió en símbolo de la era espacial. Su nombre era Laika, ella no entendía de historia ni espacio, solo confiaba en quienes la seleccionaron; un programa soviético, esto por su carácter tranquilo y su capacidad de adaptación.

La alimentaron y cuidaron pero tiempo después fue enviada al espacio, un 3 de noviembre de 1957 a bordo de la nave Sputnik 2, en una misión que no contemplaba regreso, ya que la tecnología de la época no lo permitía.
Laika, murió pocas horas después del lanzamiento debido al sobrecalentamiento de la cápsula y el estrés extremo, con temperaturas internas superiores a los 40 °C. Su historia marcó un punto de inflexión ético en la exploración espacial. En el año 2008, Rusia inauguró un monumento en su honor.
La misión formó parte del programa espacial de la Unión Soviética (URSS), cuyo objetivo era colocar por primera vez un ser vivo en órbita terrestre mediante el satélite Sputnik 2, diseñado sin sistemas de retorno.

Años después, Francia protagonizó otro hito con Félicette, una gata callejera de París seleccionada en 1963 entre 14 candidatos por su calma. Fue enviada en un vuelo suborbital a bordo de un cohete Véronique AGI desde el desierto del Sahara, alcanzando más de 150 kilómetros de altitud y velocidades cercanas a seis veces la del sonido.
Félicette experimentó la ingravidez y regresó con vida a la Tierra en una cápsula con paracaídas, convirtiéndose en la única gata registrada en sobrevivir a un viaje espacial. Lea: Artemis II revela la cara oculta de la Luna: imágenes inéditas desde el espacio profundo
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Meses después fue sacrificada para estudiar los efectos neurológicos del vuelo, un procedimiento habitual en la época. En 2019, recibió un homenaje con una estatua en la Universidad Espacial Internacional de Estrasburgo.
On this day in 1963, a cat named Félicette became a feline space traveler when she launched into space on a mission conducted by the French space program. The spaceflight, which Félicette survived, was suborbital and lasted less than 15 minutes. pic.twitter.com/m6ydbXcqIA
— National Air and Space Museum (@airandspace) October 18, 2021
Estas misiones, aunque controvertidas desde el punto de vista ético, marcaron un antes y un después en la historia de la exploración espacial. Los datos obtenidos gracias a Laika, Félicette y otros animales más fueron fundamentales para los primeros vuelos tripulados y el desarrollo de la seguridad espacial moderna, sentando las bases de la conquista humana del espacio.















