Estudios recientes y nutricionista explican cómo la alimentación puede afectar el desarrollo de esta enfermedad metabólica.

Publicado por: Redacción Vanguardia
El hígado graso es una de las enfermedades metabólicas más frecuentes a nivel mundial y, en muchos casos, puede desarrollarse sin síntomas evidentes. Se estima que afecta a cerca de una de cada cuatro personas, y su aparición está estrechamente relacionada con los hábitos alimentarios, el estilo de vida y factores metabólicos.
La evidencia científica ha señalado que no todas las fuentes de proteína tienen el mismo impacto en la salud hepática: algunas pueden asociarse con procesos inflamatorios, mientras que otras hacen parte de patrones alimentarios considerados protectores.
Carnes rojas y procesadas: mayor riesgo metabólico
Diversos estudios en nutrición y salud pública han asociado el consumo frecuente de carnes rojas como res, cerdo y cordero, así como carnes procesadas como embutidos, salchichas y tocino, con un mayor riesgo de acumulación de grasa en el hígado.
Este efecto se relaciona con su contenido de grasas saturadas, sodio y compuestos que pueden favorecer el estrés oxidativo, además de alterar el metabolismo de las grasas y la sensibilidad a la insulina. Lea: Alopecia androgenética y salud capilar las razones del aumento de consultas en Colombia
Proteínas que pueden favorecer la salud hepática
- Pescados grasos como salmón, sardina y atún, ricos en omega-3
- Carnes magras como pollo y pavo sin piel
- Legumbres como lentejas, garbanzos y fríjoles
- Frutos secos y semillas
- Derivados de soya como tofu y tempeh
Estos alimentos aportan grasas saludables, fibra y menor carga de grasas saturadas, lo que favorece un mejor equilibrio metabólico.

De acuerdo con la nutricionista dietista Yarith Daniela Ávila Barajas, la calidad de la proteína influye directamente en los procesos inflamatorios del organismo:
“El tipo de proteína que consumimos influye en la respuesta inflamatoria del cuerpo. Las carnes rojas y procesadas, por su contenido de grasas saturadas, pueden favorecer desequilibrios metabólicos mientras que alimentos como legumbres, pescado y grasas saludables aportan un mejor perfil nutricional dentro de una dieta balanceada”, explicó.
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Las recomendaciones de la nutricionista coinciden con hallazgos de investigaciones recientes en salud pública, incluyendo estudios de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard (2025–2026), que refuerzan la relación entre el consumo elevado de carnes rojas y procesadas y el aumento del riesgo de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), anteriormente conocida como hígado graso no alcohólico.
Estos estudios señalan que el riesgo aumenta principalmente cuando el consumo de carnes rojas y procesadas es frecuente y forma parte de una dieta alta en grasas saturadas y baja en fibra.
La evidencia también indica que este patrón alimentario puede favorecer la resistencia a la insulina y la acumulación de grasa en el hígado, factores clave en el desarrollo de la enfermedad.
Asimismo, se ha observado que sustituir estas proteínas por opciones como pescado, pollo sin piel y legumbres puede contribuir a mejorar el perfil metabólico.

El hígado graso se produce cuando existe una acumulación excesiva de grasa en las células hepáticas.
Este proceso está asociado a una dieta alta en calorías, grasas saturadas y azúcares, lo que altera la forma en que el organismo procesa la energía y almacena grasa.
Con el tiempo, esta acumulación puede generar inflamación y, en algunos casos, progresar a enfermedades más complejas si no se modifican los hábitos alimentarios. Te puede interesar: Día Mundial de la Voz: ejercicios y consejos clave para proteger su salud vocal
Las guías nutricionales coinciden en una serie de cambios clave:
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- Reducir el consumo de carnes procesadas
- Limitar la carne roja a consumos ocasionales
- Aumentar el consumo de legumbres varias veces por semana
- Incluir pescado al menos dos veces por semana
- Priorizar alimentos frescos, fibra y grasas saludables
En línea con esto, la nutricionista señaló que las recomendaciones se basan en evidencia científica poblacional y deben complementarse con orientación individualizada según cada paciente. El hígado tiene capacidad de regeneración, pero esta depende en gran medida de cambios sostenidos en el estilo de vida y en la calidad de la dieta.















