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Miércoles 10 de julio de 2024 - 12:54 PM

La historia de la ingeniera que cayó en las ‘tragamonedas’ para no aburrirse durante su embarazo

El deseo insaciable de ganar acecha a quienes recurren a los casinos y se obsesionan con las apuestas, que de alguna forma son un refugio para quienes tienen múltiples problemas personales. Vanguardia conoció la historia de una jugadora que superó este trastorno en Bucaramanga.

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Publicado por: Redacción Vanguardia

Permanecer en casa durante todo el embarazo resultaba aburrido para Sandra. Comenzó su vida en Puerto Boyacá durante este periodo, y el hecho de no conocer a nadie la obligaba, de alguna forma, a quedarse encerrada. Ya le cansaba concentrarse únicamente en los quehaceres de su hogar.

Al salir en la búsqueda de una actividad más entretenida, se encontró con un casino que tenía promociones que la convencieron de entrar. Desde el 2011 las maquinitas se convirtieron en un refugio para ella.

“Inicialmente iba por aburrimiento, pero después se complicó la cosa porque quería ir con más frecuencia y se me salió de las manos”, dijo Sandra.

El médico psiquiatra, Edward Arraut, dice que la ludopatía es una enfermedad, un trastorno psicológico de dependencia.

Por eso es considerado una adicción. El juego patológico, como se llama esta condición, es una adicción comportamental, lo que diferencia dicha conducta con cualquier otra adicción química.

Por su parte, la psicóloga especialista en adicciones, Diana Patricia Rico, explica que los pacientes inicialmente se niegan a creer que están enfermos por una situación como esta. Dice que para tratar a estos pacientes es primordial la conciencia de enfermedad. Lea: Cuidado: fotógrafo santandereano Diego Farelo denuncia estafas usando su nombre

Rico atendió a Sandra y afirma que fue una de las personas que mantenía esta negación.

Según Arraut, en Colombia cerca del 3% de la población adulta cuenta con este trastorno. En los jóvenes esta cifra llega a duplicarse.

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Dicha información fue recopilada en la más reciente Encuesta Nacional de Salud Mental que se realizó en 2015. “Anteriormente era más frecuente en hombres, pero hoy en día es equitativo en mujeres”, comenta el médico.

Sandra es ingeniera. Dicta clases de álgebra, cálculo, química y demás. Cobraba desde $15 mil la asesoría, plata que terminaba refundida en las tragamonedas del casino. Había días en los que salía hasta con $200.000, mientras en otros, sus manos quedaban vacías.

Asegura que los casinos son manipuladores. “Allá le dan a uno gaseosa, comida, bonos de bienvenida de $40mil... y usted cree que con eso se gana alguito de plata. Allá lo tienen con aire acondicionado, y como es bien cerrado, usted no tiene noción del tiempo ni siente el día ni la noche”, cuenta la mujer.

“Yo siempre he sido una persona a la que no le gusta andar sin plata en el bolsillo para mis cosas. Entonces yo le empecé a pedir a los gota a gota para no quedarme sin dinero”, manifiesta.

Tener que pagarle a estas personas, y diferentes problemas en su casa que la agobiaban, eran su motivación de ir al Casino en sus tiempos libres y gastar hasta tres horas cada vez que concurría al lugar.

Incluso vivía en un círculo vicioso. La angustia se apoderaba de ella cuando perdía lo invertido. Pero lo poco que le quedaba, lo apostaba para obtener alguna ganancia pues “tenía que salir con plata para pagarle a esos manes”.

Sin embargo, caía en la solución equivocada. Llamar a otro gota a gota que le prestara el dinero que debía reponerle al primero que buscó. Su esposo nunca supo que ella recurría a estas personas.

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Hay personas que llegan a niveles más extremos, donde las deudas provocan que el adicto pierda todas sus pertenencias. Apuestan sus casas, vehículos, hasta la ropa. Quedan en quiebra. Pero permanece intacto su deseo de ganar. Edward Arraut manifiesta que “esto se debe a la necesidad intensa de llevar a cabo la actividad del juego para satisfacerse y sentir placer”.

“Yo no iba todos los días, pero sí decía muchas mentiras. Dictaba clases de seis a ocho de la noche, y le decía a mi esposo que tenía otra clase de ocho a diez pero a esa hora me iba al casino a apostar lo que me pagaban”, cuenta la mujer.

En ocasiones la ira se apoderaba de su cuerpo. El estrés, discusiones y demás complejidades personales se esfumaban cuando ella estaba en su lugar “seguro”. “Allá nadie me molestaba ni tenía presión de mi familia. Tampoco pensaba en el aseo o en la cocina. Me distraía bastante. Era un espacio para mí”, dice Sandra.

Y así, la rutina de ir ocasionalmente, a escondidas de su familia y gastar su sueldo transcurrió por cerca de nueve años. Cuenta que durante la pandemia no había casinos abiertos, y no sintió abstinencia de no poder ir. Solo aumentó el estrés y su explosividad al discutir con su esposo.

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El toque de fondo

Hasta que la jugadora llegó a su punto de quiebre. Una deuda de cerca de cinco millones de pesos a los gota a gota, la constante visita de estas personas a su casa que, con amenazas y reacciones agresivas cobraban su dinero, provocó que Sandra tuviese una intervención familiar para tomar un tratamiento y así dejar esta adicción. Esto se hizo más delicado en el último año de juego.

“Yo ya no podía salir a la calle. Me daba miedo que me vieran afuera con la niña. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que necesitaba un cambio”, afirmó con seguridad.

Y es que la ludopatía trae consigo un par de trastornos y enfermedades que pueden complicar la situación. Por ejemplo, Sandra también fue diagnosticada con ansiedad y afirma que tenía ataques de ira.

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El psiquiatra Arraut dice que el juego patológico se diagnostica igual que una adicción por sustancias psicoactivas debido a que comparten características clínicas, como la pérdida de control o impulsividad, dependencia psicológica al juego, pérdida de interés por otras actividades e interferencia grave en la vida cotidiana, social, académica o laboral de la persona, por lo que es necesario un tratamiento riguroso y eficiente.

Otras personas llegan a desarrollar trastorno de personalidad, depresión, y la situación se hace más difícil cuando mezclan otro tipo de adicciones, como a la droga o al alcohol con la ludopatía. Esto se llama adicción cruzada.

Es por ello que es necesario fortalecer la parte psicológica, afirma la psicóloga Rico. “En este tipo de adicciones está comprometida la obsesividad y la compulsividad. En ese sentido, trabajamos más el control de impulsos, tolerancia a la frustración, manejo de tiempo libre y control emocional”, cuenta.

Dentro de la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital Psiquiátrico San Camilo se manejan dos modalidades de tratamiento: el intrahospitalario en el que se interna por tres meses al paciente y el ambulatorio que es de aproximadamente dos años. Lea: A comer chorizo: los detalles del festival gastronómico en Rionegro con artistas invitados

Luz verde en la transformación personal

En febrero de 2021 inició el cambio de Sandra. Fue internada en el este centro médico, donde permaneció por tres meses para alejarse de las apuestas y de los diferentes problemas de su conducta que estaban afectando a su familia.

“Allí me dio más duro el encierro y el no poder ver a mi hija. Además, había normas en el hospital que yo no compartía. Tampoco me gustaba la comida, y me dio duro no poder salir. Entonces fue un tiempo difícil mientras me acostumbraba.”

Aunque el caso de Sandra fue tratable de una forma fácil y no trajo mayores complicaciones, hay personas que con este trastorno, la desesperación de no querer perder y demás problemas que surgen en su entorno social, atentan contra su propia vida.

“Este caso se manejó con mucha proyección hacia su futuro. Con el tiempo mejoró la conciencia de hacer frente a su problemática”, cuenta la psicóloga Pico sobre el diagnóstico de Sandra.

Tras un mes de rehabilitación, dice que se siente como nueva. “Yo aprendí muchas cosas en el hospital. Mejoré muchos aspectos de mi vida”, afirma. Ahora está concentrada en su hogar, en su hija. También trabaja en mejorar la relación con sus familiares.

Cuenta también que el pasado martes la tentación de volver se le cruzó. Al hacer unas diligencias, pasó frente a un casino, pero no tuvo la necesidad ni de asomarse. Ahora siente que es un gran logro en su vida, pues tras tanto tiempo de adicción, finalmente se siente liberada.

Publicado por: Redacción Vanguardia

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