El presentador de Día a Día habló como nunca antes sobre las duras pruebas que ha enfrentado su familia.

Publicado por: Redacción Tendencias
Carlos Calero, reconocido por su carisma y cercanía en la pantalla, sorprendió a sus seguidores con una confesión íntima y conmovedora durante su paso por el pódcast Los hombres sí lloran, conducido por Juan Pablo Raba.
En un relato lleno de honestidad, el presentador reveló las batallas que ha enfrentado su familia lejos de las cámaras marcadas por la enfermedad y el miedo constante.
“Tenía que sonreír, pero por dentro estaba destruido”
Calero confesó que todo comenzó cuando su hijo menor fue diagnosticado con cáncer cerebral a los 14 años. Aunque el joven logró recuperarse tras un largo proceso de químioterapia y radioterapia, la tranquilidad no duró demasiado. Lea también: La Toxicosteña humilla a Valentino Lázaro en pleno programa
Siete años más tarde, el cáncer volvió, esta vez en su esposa, Paulina Ceballos, quien fue diagnosticada con cáncer de seno.
“Me he sentido vuelto mierda”, dijo sin rodeso, explicando que ha buscado ayuda profesional para sobrellevar el peso emocional que ha cargado en silencio, espcialmente por su rol como figura pública. “Tiene que sonreírle a la cámara y por dentro estás hecho pedazos”.
Una historia de amor que ha resistido todo
Durante la charla, Calero compartió una escena que refleja el nivel de angustia que ha vivido. “Estuve 40 minutos llorando acurrucado en el cuarto, y Paulina me encontró ahí”.
A pesar de ser la paciente, ha sido ella quien lo ha sostenido emocionalmente en muchas ocasiones, recordándole que está bien sentirse vulnerable.
Actualmente, Paulina avanza en su tratamiento y ya ha comenzado a recuperar su cabello, lo que Calero celebra con orgullo. “Esta divina”, aún así, no oculta que el miedo a perderla sigue presente. Lea también: Simón Brand y su nueva pareja: detalles de la modelo tras ruptura con Claudia Bahamón
Publicidad
Su historia de amor comenzo en un seminario de comunicación en Cartagena. Calero cuenta, entre risas, que ni siquiera recuerda el tema del eneto, pero sí el impacto que tuvo Paulina en él desde ese primer ecuentro.
Poco tiempo después, coincidieron en otro seminario en Medellín, donde comenzó su noviazgo. Un año más tarde ya estaban casados.
“Sofía, nuestro hijo mayor, ya se casó, y ha visto en nosotros un ejemplo de amor y fortaleza”, concluyó con emoción.














