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Jueves 26 de febrero de 2026 - 09:11 AM

Willie Colón revive en un mural de Bucaramanga

Con un retrato de cuatro metros y medio de altura, el músico neoyorquino Willie Colón se suma a la galería urbana creada por el artista Jorge Hernández en el barrio Toledo Plata de Bucaramanga.

La salsa quedó pintada en Bucaramanga: el santandereano Jorge Hernández creó un mural como homenaje a Willie Colón. / Marco Valencia
La salsa quedó pintada en Bucaramanga: el santandereano Jorge Hernández creó un mural como homenaje a Willie Colón. / Marco Valencia

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El legendario salsero Willie Colón acaba de ser inmortalizado en una parte de la gran pared de concreto que el artista santandereano Jorge Hernández ha convertido en galería urbana. El retrato mide cuatro metros y medio de alto por tres metros de ancho y está ubicado en el barrio Toledo Plata de Bucaramanga, un gesto de memoria pintado junto a otros rostros de artistas que han marcado la cultura popular de Colombia.

El mural fue terminado el pasado domingo, apenas días después de iniciar el homenaje. Hernández trabajó durante varias horas mientras sonaban canciones de salsa en el barrio, una práctica que repite siempre: cada artista es pintado acompañado de su propia música.

Trombonista, compositor, productor y figura clave del sonido neoyorquino de los años setenta, Colón fue uno de los arquitectos de la salsa moderna desde su trabajo con el sello Fania Records y sus históricas colaboraciones con Héctor Lavoe. Su música ayudó a convertir la salsa en un lenguaje urbano global que narró la vida migrante latina, la identidad caribeña y la resistencia cultural, un legado que se sigue registrando en los lugares donde este género musical es un referente cotidiano, como lo es Bucaramanga. Lea también: La monumental retrospectiva póstuma de la maestra santandereana Beatriz González que se toma Londres

El resultado de este trabajo está relacionado con el afecto y admiración que el artista siente por la obra musical de Colón, como él mismo asegura. “Le puse mucha pasión y se nota el cambio frente a los otros retratos que he hecho, porque ahí está reflejado el amor que le tengo a la salsa y el respeto que siento por un artista con tantos años de trayectoria. No es que esté dejando de lado a los demás, simplemente la salsa es un género que me mueve profundamente.

Callarte: el muro que nació de un momento gris

El proyecto donde fue alojado este mural se llama Callarte. Callarte es el muro que concentra más de 30 rostros a lo largo de una pared de 500 metros lineales. Callarte es la calle del arte.

Y Callarte nació en uno de los momentos más silenciosos que ha vivido la humanidad: la pandemia.

Jorge Hernández cuenta que durante el confinamiento, visitaba a su madre, residente del barrio Toledo Plata. Las casas cercanas, las conversaciones entre vecinos y la sensación colectiva de incertidumbre llevaron a una pregunta sencilla: ¿qué podemos hacer nosotros desde aquí para decir algo al mundo?

Con el paso de los meses, el muro comenzó a transformarse en un espacio de memoria dedicado a artistas que partieron del mundo. “El arte se volvió una forma de memoria. Muchos reconocían a los artistas: las mamás recordaban canciones, los niños aprendían quiénes eran al verlos en gran formato”, cuenta Hernández.

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Cada vez que muere una figura cultural importante, el artista responde pintando su rostro casi de inmediato. Así han ido apareciendo músicos y referentes populares como Kaleth Morales, Yeison Jiménez, Juan Gabriel, Selena Quintanilla, Michael Jackson, Camilo Sesto y Fernando Botero.

“Los vecinos sacan sillas a la acera, conversan, toman gaseosa o café y observan el proceso durante tres o cuatro horas. Niños y adultos se reúnen detrás del artista para ver cómo nace un rostro gigante sobre el concreto”, agrega.

La meta ahora, dice Hernández, es convertir Callarte en una calle turística del arte urbano en Bucaramanga. Hace una invitación a los demás artistas visuales de la ciudad que deseen compartir su intervención en este gran lienzo que está a disposición de la comunidad y que sin duda convirtió al barrio Toledo Plata en un museo donde el arte también en una forma de duelo colectivo.

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