Un mural que supera los 200m2 que conecta a Bucaramanga con su herencia indígena: un homenaje a los oficios, la astronomía y la naturaleza que sustentaron la vida guane.

En el parque Giordano Bruno de Bucaramanga, un mural se abre paso entre el ruido de los carros y la prisa cotidiana que atraviesa la avenida González Valencia para invitar a una pausa distinta. Allí, una mujer guane emerge en el paisaje urbano y, con su sola presencia, plantea una pregunta: ¿qué tanto reconocemos de nuestras propias raíces?
Esa memoria conserva aún vestigios gráficos y simbólicos que se resisten al olvido. Así lo concluye el colectivo bumangués de arte urbano MAS1CREW, artistas que decidieron activarla desde el espacio público a través del arte urbano y el muralismo, dando vida a Vestigios, un proyecto que reflexiona sobre la pérdida progresiva de los símbolos y relatos que han construido la identidad santandereana, y que apuesta por el arte gráfico como una forma de volver a nombrarnos y reconocernos desde lo visual.
La figura femenina ocupa el centro de la composición como un homenaje a los oficios y saberes ancestrales de Santander y, en particular, al papel fundamental de las mujeres dentro de la cultura guane. En ellas recaía gran parte de la vida productiva y simbólica del territorio, y como cuenta Sare García, integrante del colectivo, “Eran las mujeres quienes realizaban la labor de la cosecha del algodón, su transformación y posteriormente el tejido, cuando se convertía en mantas destinadas al intercambio”.
Un manto blanco de algodón puro cubre su cuerpo, aludiendo a este material como uno de los pilares económicos, espirituales y estéticos del pueblo Guane. La tela está decorada con un patrón inspirado en las pintaderas: rodillos de arcilla tallados con diseños geométricos que las mujeres utilizaban para estampar los textiles, dotando cada manta de identidad y simbolismo. El patrón que aparece en la manta corresponde a una de las pocas pintaderas que sobrevivieron y que hoy se conserva en el Museo Guane, ubicado en la Casa Cultural Piedra del Sol de Floridablanca, agrega García.
En sus manos sostiene una vasija de barro, símbolo de la estrecha relación con la alfarería, de la cual emerge una mazorca con sus ameros y hojas, en alusión al maíz como planta sagrada y eje central de múltiples cosmovisiones que conciben al ser humano como hijo del maíz.
A su alrededor, otros elementos refuerzan la narrativa visual del mural: un cielo estrellado que evoca el avanzado conocimiento astronómico de los Guane, quienes guiaban sus ciclos agrícolas y rituales a partir de la observación del firmamento; el cañón del Chicamocha, territorio sagrado cuyo nombre en lengua guane significa “hilo de plata en una noche de luna llena”; y la hormiga culona, especie nativa y símbolo de abundancia, fertilidad y trabajo colectivo, que conecta de manera inmediata con la identidad santandereana y con una práctica cultural que aún pervive en la región.
En esta tríada se articula buena parte de la identidad guane, entendida como una relación entre trabajo, arte y naturaleza. En conjunto, estos elementos simbolizan el vínculo ancestral con la tierra, las redes comunitarias y la transformación de la materia, y se constituyen en ejes conceptuales de la obra muralista.

Como colectivo santandereano hemos asumido la circulación internacional no solo como un ejercicio de movilidad artística, sino como una estrategia cultural integral que fortalece nuestras raíces y nos proyecta en nuevos territorios.

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El reto visual y cultural de Vestigios
Visitas a museos, experiencias de campo y tertulias con distintos expertos que se han compilado para el desarrollo de la investigación han guiado al colectivo hacia un objetivo claro: recrear una identidad visual que fue borrada casi por completo y que hoy pueda despertar curiosidad, preguntas y diálogo desde las calles.
Para Sare García, integrante del colectivo, uno de los principales problemas es que los referentes indígenas en Colombia han quedado relegados casi exclusivamente al ámbito académico. Su participación en diferentes circuitos artísticos le ha permitido conocer experiencias en países como México y Perú, donde la identidad de los pueblos originarios tiene mayor presencia en el espacio público y en la cotidianidad. “En nuestro caso, esa conexión aún no logra consolidarse”, señala, y es precisamente desde esa ausencia que surge la necesidad de proyectos como Vestigios.
El proyecto, que además se convirtió en un regalo para Bucaramanga por sus 403 años de fundación, no se limita al mural como única muestra.
Sus creadores expresan que fue concebido desde un enfoque transversal que incorpora acciones de mediación cultural para acercar el conocimiento histórico y simbólico a la comunidad. En ese marco, se realizó una charla con Sergio Acosta, magíster en Historia, vinculado a la Universidad Industrial de Santander y partícipe del proceso museográfico de la Casa Cultural Piedra del Sol.
Además, durante un encuentro en el mismo parque, se llevó a cabo una experiencia de estampado textil artesanal de estilo guane, en la que los asistentes utilizaron pintaderas construidas por el colectivo para intervenir pañoletas de algodón crudo.
Al tratarse de una de las primeras obras desarrolladas bajo Vestigios, García explica que el mural integra símbolos tradicionales y fácilmente reconocibles. No obstante, la apuesta a largo plazo es más ambiciosa: consolidar una identidad visual guane que permita identificar estos referentes de manera inmediata, no solo a nivel local, sino también en un contexto más amplio, incluso internacional.
El camino de MAS1CREW
El colectivo de arte urbano MAS1CREW, integrado actualmente por Pavel Jones, Sare García y Chelsis, lleva seis años de trabajo enfocado en la recuperación de la memoria, la identidad y el patrimonio cultural de Santander, a través de murales y procesos comunitarios que han tenido impacto a nivel local y regional.
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Entre sus obras más representativas se encuentran los murales dedicados a los hermanos Garnica en la calle 35, La boda del tabaco, el Carpintero bonito en la carrera 22, y una obra con cuatro aves representativas de Santander en la estación Provenza de Metrolínea. Estas piezas dialogan con la historia, la biodiversidad y los símbolos del territorio, reafirmando el arte urbano como herramienta de memoria colectiva.
En los últimos años, MAS1CREW ha proyectado su trabajo a nivel internacional como una estrategia cultural integral. En 2024 realizó una gira muralista por México, con intervenciones en tres estados y comunidades, articulando murales, talleres y encuentros comunitarios, experiencia destacada por medios regionales.
Ese mismo impulso los llevó a participar en circuitos artísticos en países como Perú y Honduras. En 2025, el colectivo fue invitado como los únicos representantes latinoamericanos al Meeting of Styles en Kosovo, uno de los festivales de street art más importantes del mundo, donde más de 100 artistas de 29 países transformaron la ciudad de Pristina en una galería a cielo abierto. También han visitado países como Perú y Honduras. Allí, MAS1CREW representó a Santander y a Colombia, demostrando su capacidad para dialogar con escenarios globales sin perder la raíz patrimonial que define su trabajo.













