Turismo
Lunes 28 de octubre de 2024 - 10:41 AM

“Para Ver la Esperanza”: un santuario donde los sonidos resuenan en la tierra y el alma

Vanguardia viajó a la reserva “Para Ver la Esperanza”, en Valledupar, en medio de una iniciativa de Fontur, para explorar el bosque seco tropical a través de sonidos, aromas y texturas.

José Julián Rivera/Vanguardia
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Los sentidos se agudizan. El aire es denso, casi palpable. La temperatura supera los 27ºC. Los rayos del sol bañan los rostros de quienes se disponen a iniciar el recorrido. La única sombra que se atraviesa es la del miedo. Los ojos están vendados, pero el alma está más despierta que nunca.

El paisaje empieza a narrarse. Bajo los pies, es posible sentir la bravura de la tierra de la reserva “Para Ver la Esperanza”, ubicada en el corregimiento Los Corazones, en la vereda Río Seco, ocho kilómetros al norte de Valledupar, capital del Cesar. Cada bache, piedra y raíz se sienten como una montaña. Con cada paso aumenta el temor, porque la seguridad se traslada a los oídos, que en un santiamén se obsesionan con los detalles. Intentan reconocer al menos uno de los cantos de las 124 especies de aves que viven allí.

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José Julián Rivera/Vanguardia
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Sobre los párpados cubiertos por un corte de tela blanca se dibuja la voz pausada de Lily Vargas de Mendoza, la guardiana del lugar. Sus palabras abren una ventana por la que entran cautelosos los aromas y sonidos. Es la riqueza natural demostrando que va más allá de lo tangible.

Cada palabra flota en el viento seco que llega desde La Guajira y atraviesa el corredor entre la Serranía de Perijá y la vertiente oriental de la Sierra Nevada de Santa Marta. Nace la urgente necesidad de retener la narración de Lily Vargas de Mendoza para que no salga revoloteando tras la mariposa Morpho Azul (Morpho peleides), la especie que apareció ante los ojos de los visitantes antes de iniciar el recorrido. Las manos ansían tocar para comprender mejor. Sin embargo la mano derecha se aferra a la línea de vida con la misma fuerza que lo hacen las raíces de los guácimos y carretos, las especies de árboles que predominan en este santuario.

José Julián Rivera/Vanguardia
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Surge un deseo insaciable por abrazar lo narrado, que se dibuja más fácilmente cuando llega a las manos una semilla. Áspera, perfumada por la fragancia terrosa de los árboles. Los dedos avanzan con tal rapidez que los pies se detienen. Es una semilla de cedro blanco (Gyrocarpus americanus). Tiene dos largas alas. Parece que está siempre lista para salir volando a encontrar su lugar. Es pequeña, pero poderosa, como el eco de este bosque seco tropical, un ecosistema que se encuentra por toda Colombia, pero que de su cobertura original solo queda el 8 %.

José Julián Rivera/Vanguardia
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Tras 40 minutos de camino, los árboles de más de 30 metros se perciben de otra forma. La mano derecha finalmente suelta la línea de vida, aferrándose a la semilla; la izquierda se despoja de la venda, a solo 25 metros del inicio y a 375 del final.

En la reserva “Para Ver la Esperanza” hay 379 hectáreas dedicadas a la conservación. Pero recorrer 400 metros viendo más allá de los sentidos, es descubrir que el “Sendero de Aviturismo Inclusivo y Sensitivo de la Costa Caribe: Leandro Díaz” es un canto a la vida. Es un acto de amor. Porque como dijo una vez el maestro: “no necesité verlo para contarlo, pues lo que sentí fue suficiente”. Quien aunque no podía ver las sierras, los ríos y las montañas, tras haber nacido ciego, el poeta de los ojos del alma podía sentir y contarlo en versos.

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José Julián Rivera/Vanguardia
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Este es el primer sendero de la costa Caribe para personas con discapacidad visual o con movilidad reducida, pero que cualquier visitante puede vivirlo con los ojos vendados. “Fue creado hace dos años como un homenaje al maestro Leandro Díaz y es el que más nos llena el alma”, dice Lily.

Es uno de los 12 senderos de esta reserva fundada hace una década por la familia Mendoza Vargas y diseñado por el sonidista uruguayo Juan Pablo Culazzo, uno de los pocos ciegos que identifica más de 1,500 aves por su canto.

“Este es un lugar sagrado,” coinciden Lily Vargas de Mendoza, su hija Lili Mendoza, y los 15 turistas. La reserva integró los predios de las fincas “Para Ver” y “La Esperanza,” adquiridas en 1974. Lo que comenzó como actividad ganadera hoy es un punto estratégico para la conservación del bosque seco tropical, visión promovida por el filósofo y mentor César Pompeyo Mendoza Hinojosa, padre de la familia.

José Julián Rivera/Vanguardia
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“Desde entonces no hemos hecho otra cosa que proteger el bosque seco tropical. Esa ha sido una tarea que nos entusiasmó, y una vez él partió (César Mendoza) hace 21 años, su esposa y sus hijos nos dedicamos a continuar con el legado”, expresa Lily.

Desde entonces, proteger este ecosistema ha sido la misión. Tras formalizar el registro ante el Ministerio del Medio Ambiente, se han dedicado a promover iniciativas de conservación. Aún queda mucho por hacer, ya que el objetivo es ser un refugio de biodiversidad en Colombia. Allí viven el 6 % de las especies de aves del país. Además de las 24 especies de mamíferos que tienen documentadas hasta el momento, y entre las cuales figuran carnívoros como el tigrillo, el oso de anteojos, que fue recientemente registrado en la zona, y el ocelote.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
Tomada de redes sociales/Vanguardia

La presencia del oso de anteojos es particularmente significativa. Esta especie, esencial para la dispersión de semillas y el equilibrio ecológico, requiere grandes áreas para su sustento. Esto hace de “Para Ver La Esperanza” se ratifique como una pieza importante, un territorio de vida.

Niños y jóvenes de Valledupar hacen excursiones a la reserva para conocer el relato de los bosques.

José Julián Rivera/Vanguardia
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Guía práctica

¿Cómo llegar a la reserva “Para Ver la Esperanza” en Valledupar?: Desde Valledupar, se toma la vía que comunica la ciudad con la Guajira, por el municipio de San Juan del Cesar. El recorrido se hace por carretera pavimentada hasta llegar al kilómetro 8 de la vía Valledupar - Badillo. Luego, a la izquierda, y tras recorrer 3 kilómetros por carretera destapada (pasando por la entrada al Bosque de Paz “Consuelo Araujo”) encontrará la entrada de la reserva.

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Horario: Todos los días, bajo reserva.

¿Cuánto cuesta?: 50 mil pesos que incluyen el recorrido guiado, refrigerio y póliza de seguro.

Reserva: La familia Mendoza permite el ingreso de grupos de máximo 10 personas.

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