Fueron 5.208 días de dolor e incertidumbre en los que, a pesar de las dudas, los miedos y los rumores, los Osorio nunca perdieron la fe de que John Jairo regresara vivo.

Publicado por: HERNANDO SANTOS
Desde el 8 de enero de 2002, cuando el joven de 26 años salió de su casa en Barrancabermeja para, supuestamente, encontrarse con unos amigos, nunca más se volvió a saber de su paradero.
Sin embargo, tras 14 años de investigación, se estableció que John Jairo fue otra de las decenas de víctimas de la sangrienta ocupación paramilitar que sacudió al Puerto Petrolero entre 1998 y 2003, encabezada por el Bloque Central Bolívar de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia.
Precisamente, uno de estos sanguinarios hombres, hoy desmovilizado y acogido a la Ley de Justicia y Paz, fue quien, además de confesar el asesinato de John Jairo, guió a los investigadores hasta una finca de la vereda El Guarumo, donde estaba la fosa en la que habían sepultado el cadáver.
“Su cuerpo fue hallado en una fosa común, junto con otros dos cadáveres, y tras el trabajo de laboratorio se logró identificarlo. Este crimen fue confesado ante los fiscales delegados por un postulado a la Ley de Justicia Transicional. El hecho se le atribuye al frente Fidel Castaño que hacía parte del Bloque Central Bolívar de las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia, Auc”, explicó Segundo Isidro González Ariza, fiscal 204 de la Fiscalía Nacional Especializada de Justicia Transicional.
Ayer en la mañana, tras un complejo proceso de identificación, los Osorio recibieron los despojos mortales de John Jairo. En medio de una emotiva ceremonia, marcada por las lágrimas y los recuerdos, finalmente pudieron darle sepultura.
“Cumplimos 5.208 días, que son 14 años y cinco meses, de búsqueda incansable. Le doy gracias a todos los que nos han acompañado en esta tragedia que nos ha tocado vivir”, dijo el padre de la víctima.
Tras el sepelio de John Jairo, los Osorio se encaminaron nuevamente en la lucha de seguir buscando, de seguir esperando, pues otros dos de sus hijos continúan desaparecidos.
Se trata de José Octavio Osorio, quien tenía 18 años y es una de las 37 víctimas de la masacre del 16 de mayo de 1998, ocurrida en Barrancabermeja. Su cuerpo aún no ha sido hallado. La otra víctima es Mauricio Fontana Osorio, desaparecido desde el 14 de octubre del año 2001 en una finca del corregimiento La Fortuna.
En esta angustiante búsqueda e inagotable espera, los Osorio han estado acompañados por la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Asfades, que ayer, en medio de la ceremonia de entrega de los restos óseos, hizo un llamado al Gobierno Nacional.
“El Estado no ha tenido la voluntad suficiente para inyectar recursos que hagan que estos procesos se agilicen, que las familias no tengan que esperar tanto para poder sepultar a sus familiares”, indicó Aura María Díaz, coordinadora general de Asfades.















