Una investigación adelantada por el CTI de la Fiscalía, dejó al descubierto el atroz asesinato de un bebé, de escasas horas de nacido, ocurrido el 28 de abril del año pasado en zona rural de Piedecuesta.

Publicado por: REDACCIÓN JUDICIAL
Con la cabeza agachada, la mirada pérdida y con lágrimas en sus ojos permaneció la mayoría del tiempo la joven Lizeth Paola Eslava Vargas, de 19 años, en la sala 6G del Centro de Servicios Judiciales de Bucaramanga, mientras se llevaban a cabo las audiencias preliminares en su contra.
En la diligencia, la Fiscalía relató uno a uno los macabros hechos en los que un bebé, de pocas horas de nacido, fue asesinado, al parecer, a manos de su progenitora (Lizeth Paola).
El atroz caso por el que hoy esta mujer se encuentra tras las rejas de una prisión sucedió en la madrugada del 28 de abril del año pasado, en la finca Los Cedros, de la vereda Los Monos, jurisdicción de Piedecuesta.
Allí, la hoy imputada, quien mantuvo oculto su embarazo, dio a luz a su hijo. Sin embargo, según las autoridades, los planes de la joven madre no eran criar y educar a su bebé, sino quitarle la vida.
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Para ello, después del nacimiento, Eslava Vargas metió al infante en una tina y lo dejó a merced de los animales en el patio trasero, soportando bajas temperaturas.
Al cabo de un tiempo regresó para sacarlo de ahí y meterlo en un costal de fique. Acto seguido, lo roció con Acpm y le prendió fuego, pese a que el menor se encontraba aún con vida. Por último, tiró el cuerpo a una cañada cercana.
El hallazgo
De acuerdo con las autoridades, el crimen quedó al descubierto luego de que un hombre, tío de la acusada, escuchó durante la madrugada ruidos extraños, como si alguien estuviera quejándose y pujando; así que sin más espera se levantó de la cama y al entrar al baño vio sangre en el piso.
Aunque al principio no se le pasó nada malo por la cabeza, porque precisamente su sobrina estuvo manifestando días atrás molestias por su periodo menstrual, horas más tarde iba a descubrir la verdad. El familiar, quien era la única persona que vivía con la joven en la finca, sobre el mediodía halló más sangre en el patio trasero, así que llamó a una vecina para que lo acompañara a revisar. Tras unos minutos de búsqueda, encontraron el cadáver a orillas de la fuente hídrica.
El testigo reportó lo sucedido a la Policía y el Cuerpo Técnico de Investigación, CTI, se trasladó al lugar para realizar el levantamiento del cadáver y recopilar evidencias.
La sospechosa fue capturada y llevada a un centro asistencial, en donde el personal médico confirmó que horas antes había parido. En su momento, el ente acusador intentó judicializarla, pero todavía se desconocida si el niño había nacido muerto o lo habían matado.
La necropsia, la clave
Desde entonces, los investigadores se dieron a la tarea de recopilar material probatorio con el fin de esclarecer el hecho.
Una de los hallazgos más importantes fue el dictamen entregado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, seccional Bucaramanga, el cual arrojó que el niño había nacido vivo y murió producto de la hipotermia y de las quemaduras registradas en el 70% de su cuerpo.
Confirmada la muerte violenta, quedaba establecer si efectivamente se trataba de un hijo de la joven de 19 años, por lo que se realizó una prueba de ADN, que entregó un resultado positivo.
Con todas estas pruebas, la señalada fue citada a comparecer en varias oportunidades para la imputación de cargos, pero en reiteradas ocasiones no llegó, por lo que un juez expidió una orden de captura. Finalmente, el pasado martes en horas de la noche, Lizeth Paola se presentó en las instalaciones de la Fiscalía seccional de Bucaramanga.
Sobre las 9:00 de la mañana de ayer, el ente acusador le imputó cargos por homicidio agravado, a los cuales no se allanó. Aun así, un juez le dictó medida de aseguramiento intramural.















