Dentro de una reconocida pizzería de la carrera 35 con calle 37, dos sujetos con cascos puestos, armados con pistolas, entraron y bloquearon las puertas para su cometido.

Publicado por: Judicial
Así ocurrió con seis personas el jueves en la noche, cuando fueron víctimas de un violento robo en el barrio El Prado de Bucaramanga.
Dentro de una reconocida pizzería de la carrera 35 con calle 37, a las 7:19 p.m., dos sujetos con cascos puestos, armados con pistolas, entraron y bloquearon las puertas para su cometido.
“Estábamos sentadas en un rincón del local con tres amigas, compartiendo una comida, cuando llegaron los tipos. Uno se fue directo a la caja, otro se acercó y dijo: “¡pasen todo!”
“A las que tenían celulares en las manos se los raparon. Cogieron relojes, pulseras, aretes, billeteras. En otra mesa estaban dos señoras, a una le jalaron de forma brusca la cadena que tenía en el cuello.
“Solo faltábamos dos por entregar el celular, pero yo alcancé a sacarlo del bolso y tirarlo al piso. Lo escondí debajo de las piernas. Mi otra amiga hizo lo mismo y uno de ellos se dio cuenta; entonces le dijo al otro que revisara”.
Ahí, de acuerdo con lo registrado por las cámaras de seguridad del negocio, la tiran al piso.
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“¡Quítele el celular; lo tiene abajo... rápido, sáquelo. Pásemelo...!” se ve y se escuchan en el video el afán y los gritos intimidatorios de los ladrones.
“Al ver que la estaban tratando así, me quité mis aretes y les dije que valían mucho, más que lo que le pudieran quitar a ella, pero era mentira, no eran de oro ni nada. Solo trataba de engañarlos para que se entretuvieran”.
Cuando uno de los ‘pillos’ ya había sacado el dinero de la caja, así como robado a los dos empleados y a la administradora, le dijo al cómplice que se fueran.
“Pero solo se fueron hasta que entregamos todo. Yo intenté forcejear, pero me golpearon con el arma. Hasta mi casco que estaba en un rincón lo vieron, les gustó y se lo llevaron”, dijo una de las afectadas.
El apuro de los ladrones era porque los esperaban otros dos cómplices en una esquina para emprender la huida. Salieron de prisa por la carrera 33. Un minuto después, llegó una patrulla de la Policía.
Todo sucedió en dos minutos, pero para las víctimas fueron eternos sumidas en el pavor, porque hirieran a alguien, ante la impotencia porque afuera nadie podía hacer nada, estaban a puerta cerrada.

















