Una radiografía del sector que refleja desigualdad y abandono.

Publicado por: Danilo Cárdenas
En lo alto de la Transversal Oriental, entre los barrios Bucarica y El Carmen, se levanta Villa Esperanza, un asentamiento humano que, con el paso de los años, se ha convertido en refugio de miles de familias desplazadas y en escenario de profundas problemáticas sociales.
Fue allí donde, en la madrugada de este sábado 25 de octubre de 2025, las autoridades hallaron sin vida a cuatro personas.
Villa Esperanza forma parte de un corredor de asentamientos informales que se extiende por cerca de un kilómetro en las laderas de Floridablanca. Junto a El Páramo, Asohelechales, Asomiflor y Suratoque, este sector alberga a cerca de 10 mil personas que sobreviven en viviendas improvisadas de tabla y zinc, muchas de ellas sin servicios públicos y construidas sobre terrenos inestables.

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Villa Esperanza: el barrio que resiste pese a la miseria y la inseguridad
En medio de las carencias, los vecinos denuncian que la delincuencia tiene terreno fértil en el sector. Los atracos son frecuentes y las autoridades apenas logran mantener un control parcial. “Por culpa de unos pocos, se daña el buen nombre de quienes trabajamos honestamente”, lamenta el presidente de la Junta de Acción Comunal de Villa Esperanza II.
Aun así, entre el desorden y las dificultades, la vida no se detiene. Niños que asisten a la escuela, hombres que se rebuscan con el reciclaje, madres solteras que cuidan sus hogares y una iglesia que cada mañana brinda desayuno a unos 70 menores son testimonio de una comunidad que resiste.
“En el día eso es solo y uno que conoce pasa tranquilo” relata un habitante del barrio La Cumbre que frecuentemente recorre ese lugar.

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Las autoridades locales también muestran las dificultades con el el mal manejo de residuos. Las casas, muchas levantadas con materiales precarios, corren riesgo de desplome, mientras los malos olores y los mosquitos acompañan las noches.
A pesar de las visitas institucionales y los diagnósticos, poco ha cambiado. “Sólo se acuerdan de nosotros cuando pasa una tragedia”, dice una mujer que lleva 19 años viviendo en el sector, desplazada del sur de Bolívar.
















