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Lunes 17 de junio de 2024 - 10:29 AM

Compases de resiliencia: José Lupi, Músico y Padre

Joven, artista, padre y emprendedor, una descripción de José Antonio Lupi, conocido en redes sociales como ‘Lupilatinsax’, es músico y migrante venezolano que encontró en este arte un mecanismo para conseguir el sustento de su familia.

José Antonio Lupi, Karina Portillo (esposa) y su hijo Tobías (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)
José Antonio Lupi, Karina Portillo (esposa) y su hijo Tobías (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)

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“Hay ciertas cosas en las que es muy importante contar con el apoyo de un padre, y aunque yo no lo tuve, mi mamá hizo un gran trabajo cumpliendo ambos roles”. Esto recuerda Jose Antonio Lupi de su niñez. Es oriundo del municipio Sabana Libre, en Venezuela, un pueblo pequeño ubicado en el estado Trujillo, en el que a sus 7 años perdió a su padre en un accidente de tránsito.

A pesar del suceso, cuenta que creció rodeado de la compañía de su figura materna y con la música como influencia principal. Desde niño integró la banda de su comunidad, una iniciativa impulsada por su mamá y que tenía como punto de encuentro su casa, que era el lugar donde se guardaban los instrumentos. “No era común que existiera una banda en el barrio y como los ensayos eran en mi casa, entonces era imposible faltar. Crecimos tanto como grupo que nos invitaban a tocar en otras escuelas y desfiles”, según recuerda.

De manera empírica Lupi aprendió a desenvolverse con instrumentos de viento y percusión como las claves, el xilófono, la flauta dulce y el saxofón. Este último fue el que atrapó su interés y poco a poco le tomaba gusto. Incluso, a sus 18 años, tuvo la oportunidad de dirigir la banda de adultos y la de niños, y aunque le gustaba este oficio, no se veía ejerciendo esta profesión a futuro. “Recuerdo muy bien que un profesor me decía ‘amen la música pero no se dediquen a ella’, por eso decidí formarme como Técnico Superior en Mantenimiento Industrial, comenta.

Desde temprana edad, Lupi aprendió diferentes oficios como la carpintería, la jardinería, la soldadura, pintura de casas y la comercialización de productos. De esta manera logró culminar sus estudios como técnico, y aunque esperaba continuar con la carrera profesional, el sueño quedó en pausa porque tuvo que prepararse para su travesía más grande: ser padre.

Una bienvenida entre múltiples obstáculos

En 2017, a sus 22 años, José recibió una noticia especial, su esposa Karina Portillo se encontraba en estado de gestación y el nacimiento del bebé se proyectaba para inicios del 2018. Para esa época, la crisis en Venezuela empezaba a agudizarse por lo que tuvo que abandonar sus labores como técnico de refrigeración y conseguir dos trabajos, uno en una tienda de música y otro atendiendo baños, para reunir dinero suficiente.

“No se conseguía ni leche ni medicamentos ni pañales. Además, había restricciones para adquirir los productos; por ejemplo, no me vendían pañales o leche para tener de reserva a menos que mi esposa estuviera en los siete meses de gestación y llevara documentos que soportaran esto”, recuerda. Ante la situación solo les quedaba comprar a través del bachaqueo, una actividad de reventa que se hizo popular en el hermano país, donde se encontraban los productos al doble del precio de supermercado. Sin embargo, “como él mismo lo narra, “corrimos con la suerte de que unos familiares nos donaron algunas cosas que les sobraron de sus embarazos y poco a poco logramos reunir lo que necesitábamos”.

A inicios de 2018, se aproximaba el nacimiento de su hijo y Venezuela estaba sumergida en una serie de protestas. Durante ese año, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reportó 592 huelgas debido al transporte público y de bienes, y según Lupi, “no había forma de desplazarse, todo estaba paralizado, nos vimos obligados a salir del pueblo y quedarnos en la ciudad. Incluso, el día que mi esposa sintió las contracciones tuvimos que ir caminando al hospital”.

Otra crisis que tuvieron que solventar estuvo relacionada con la escasez de insumos hospitalarios que obligaba a los pacientes a comprar kits de herramientas para acceder a los servicios de salud. “Nos faltaba un bisturí y una sutura, yo miraba mi cuenta de ahorros y ya no me quedaba dinero, lo poco que tenía solo me alcanzaba para comprar la hoja del bisturí”, evoca Lupi de aquella anécdota del 12 de febrero, día en que el pequeño Tobías llegó al mundo.

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"Quiero seguir muy presente en la vida de mi hijo y enseñarle que cuando las cosas se consiguen con esfuerzo, se disfrutan más", José Antonio Lupi (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)
"Quiero seguir muy presente en la vida de mi hijo y enseñarle que cuando las cosas se consiguen con esfuerzo, se disfrutan más", José Antonio Lupi (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)

Papá ha decidido migrar

Pasaron los años y la familia Lupi Portillo sobrevivía en medio de una crisis de desabastecimiento. “Llegamos a un punto en el que José debía viajar a Cúcuta para conseguir comida, leche y pañales”, comenta Karina, su esposa.

En 2021, mientras la frontera entre Colombia y Venezuela permanecía cerrada, Tobías celebraba su cumpleaños número tres y José, convencido por su hermana, decidió migrar a Colombia sin expectativa alguna. “Pregunté a unos amigos, que estaban allá, si veían viable que consiguiera trabajo como técnico en mantenimiento y me dijeron que no, que el colombiano suele contratar a alguien que conozca y en quien confíe. Ahí decidí llevar mi saxofón”, relata.

“El colero lleva verga”, es un dicho propio venezolano que Lupi usa para describir su proceso migratorio entre caminatas largas, inclemencias del clima, pasos por trocha, aprender a moverse en la ciudad y la falta de trabajo por no tener una situación migratoria regular. Y recuerda que “empecé vendiendo naranjas, pinturas y trabajé en una juguetería. En toda esa experiencia aprendí a vender, aprendí lo que significa cuando alguien te dice: ‘¿cuánto es lo mínimo?’ o ‘¿dan ñapa?’ y así me adapté a la ciudad”.

Con el tiempo, el joven cultivó un sentido de pertenencia y cariño por la ciudad, en especial, por el Parque Las Cigarras, un lugar que frecuentaba para salir de la rutina y practicar con el saxofón. Pero, también, resultó siendo el punto en el que conoció personas que lo animaron a tocar el instrumento en las calles. Creó diferentes rutas para trabajar y entre semana se le veía sobre la calle 35, el Parque La Cigarras y los fines de semana en cabecera.

El Parque Las Cigarras ha tomado un significado importante para padre e hijo, pues es el lugar en el que se divierten en familia (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)
El Parque Las Cigarras ha tomado un significado importante para padre e hijo, pues es el lugar en el que se divierten en familia (Foto: Franz Rey / VANGUARDIA)

Ponerle el ritmo a la vida

En un salto de fé, Lupi decidió dedicarse de lleno a la música. Para esa época cumplía 7 meses de haber dejado su país pero con la alegría de que logró reunir dinero suficiente para que madre e hijo migraran a Colombia, y así la familia ya estaba completa y con una situación migratoria regular, gracias a una jornada de pre registro para el Permiso de Protección Temporal. Luego de tres años en este país, José y Karina han tenido que reinventarse para mantener las finanzas del hogar, ya que “cuando llegué, hubo un tiempo en el que Jose trabajaba y yo me quedaba en casa, pero eran muchos gastos para una sola persona. Entonces, era necesario que saliera a trabajar”, dice Portillo.

Karina trabaja como auxiliar de cocina en un restaurante de la ciudad por medio tiempo, de manera que papá y mamá han tenido que trabajar en equipo para sostener ambos empleos y cuidar del pequeño Tobias. “La crisis separó a nuestras familias. Por lo que es difícil, nosotros estamos solos, no tenemos a nadie. Pero José es un gran esposo y padre, me ayuda mucho y juntos realizamos las tareas del hogar”, argumenta. Sin embargo, el pequeño Tobías, de 6 años, ya se ríe y señala a mamá como la mejor en las tareas de cocina.

Ambos padres quieren permanecer en la capital santandereana y destacan que las instituciones de la ciudad cuentan con un nivel educativo alto que le ha permitido a Tobías desenvolverse mejor. “Encontramos una escuela que tiene relación con el arte, nos gusta su metodología y he visto que a él le gusta mucho dibujar; creo que lo heredó de mi porque si no fuera músico, sería artista”, dice Lupi mientras enseña su tarjeta de presentación con un logo de su autoría que simboliza un saxofón formado con las letras de su apellido.

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Por otro lado, asegura que en Bucaramanga ha logrado afinar sus habilidades en la música, pues encontró una oportunidad de estudio y formación en la Escuela Municipal de Artes y Oficios y ahora salió de las calles para tocar en eventos privados. “He aprendido a disfrutar del proceso y afortunadamente mi sonido ha mejorado muchísimo. Mi sueño es tener mi academia de música y llevar mis presentaciones a otros espacios como cruceros”, insiste.

“Algunos días son buenos, otros son malos, pero todos son una bendición”, sostiene Lupi al concluir su historia. Si se encuentra interesado en adquirir los servicios de José, puede comunicarse al 3133593523 o seguirlo en redes sociales como @Lupilatinsax en instagram, @Lupilatinsax22 en Tik Tok y Lupisax en Facebook.

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