"Decir que aquí jamás he sido discriminada o rechazada por ser colombiana, sería una mentira", dice una periodista santandereana que narra su experiencia en Vanguardia.com En Chile circulan mensajes que vincula a los colombianos con el aumento en los niveles de delincuencia. ¿Es cierto?

Publicado por: Mónica Suárez , especial Vanguardia.com
“Recuperemos Antofagasta”. Ese era el lema bajo el cual invitaban este fin de semana a marchar en contra de los colombianos que viven en esa ciudad del norte de Chile.
Fue a través de las redes sociales que comenzó la convocatoria y aunque algunos de sus organizadores, sin identificarse, aseguraban que no se trataba de una manifestación xenófoba, una bandera colombiana con un gran símbolo rojo de prohibición servía de foto de perfil en el Facebook “Invadidos de colombianos”, grupo encargado de la invitación.
Para el pasado sábado a las 11:00 a.m. el punto encuentro acordado era la Plaza Soto Mayor, en pleno centro de Antofagasta. Las reacciones en contra de esta marcha no se hicieron esperar.
La prensa internacional y colombiana se llenó de titulares que aumentaron la polémica: “Chilenos alistan marcha contra colombianos”, “Marcha anti inmigrante de chilenos indigna a colombianos”.
Sin embargo, Chile es demasiado largo como para generalizar y decir que “los chilenos” iban a manifestarse en contra nuestra.
Como colombiana residente en Chile desde hace tres años, por supuesto que me indigné. Indignación que no sólo fue mía sino de los más de 25 mil compatriotas que viven a lo largo de este país y más aún, de los 15 mil que viven en la ciudad nortina donde se generó la polémica.
Decir que aquí jamás he sido discriminada o rechazada por ser colombiana, sería una mentira.
En muchas ocasiones he tenido que soportar comentarios como “usted qué hace aquí robándole el trabajo a los chilenos”, “yo no quiero que me atienda usted, quiero que me atienda un compatriota”.
Más críticas aún tuve que soportar cuando inicié mi trabajo como periodista en uno de los canales de televisión más grandes de Chile. Cada vez que aparecía en pantalla sabía que en Twitter iban a haber comentarios desagradables. “Qué insoportable la colombiana que aparece en las noticias, tiene acento de teleserie”, “¿No habrá un periodista chileno para que dé las noticias nacionales?”, ¿Tanto periodista chileno cesante y este canal contratando colombianas”, por sólo nombrar algunos.
Pero a pesar de esto, entiendo que no son todos los chilenos, es más, ni siquiera son la mayoría los que nos quieren fuera de aquí.
Chile nos ha abierto las puertas del mundo académico y laboral, sin nombrar el sentimental porque muchos colombianos y colombianas estamos casadas con un chileno.
Pero, en honor a la verdad, debo decir que, muchos colombianos han sabido aprovechar esa apertura para hacer de las suyas.
Prostitución, bandas de clonación de tarjetas de crédito, tráfico y microtráfico de drogas, han sido algunos de los “negocios” que han instalados, debo decir también, algunos compatriotas aquí en Chile.
Precisamente esos fueron algunos de los motivos de la convocatoria de la marcha y el florero de Llorente, los disturbios protagonizados por los hinchas chilenos y colombianos que se enfrentaron a golpes, piedras y palos luego del partido del 11 de octubre, tras el empate a tres goles en Barranquilla entre Colombia y Chile.
Sin embargo, las cifras para el gobierno no son reflejo de este supuesto fenómeno. De acuerdo con los números de la Defensoría Penal Pública, del total de delitos cometidos en Antofagasta, sólo el 4,7% fueron ejecutados por extranjeros.
Tampoco en cierto que en Antofagasta los colombianos les estemos quitando el trabajo a los nacionales.
Según datos entregados por Giancarlo Coronata, presidente de la Cámara de Comercio y Turismo, si no fuera por los inmigrantes habría “graves problemas” para llenar todos los cupos laborales en esta ciudad que está muy cercana a tener pleno empleo.
A pesar de esto, la marcha estaba convocada y había recibido varios comentarios de apoyo tanto en Twitter como en Facebook.
Lo mínimo que me esperaba como colombiana era un pronunciamiento del gobierno, por supuesto, en rechazo a esta absurda manifestación.
Y no tuve que esperar mucho para esto. El gobierno central, a través de Andrés Chadwick, ministro del Interior, manifestó su profundo rechazo a la convocatoria.
Chadwick calificó de “ilegal” la marcha y aseguró que no iba a ser autorizada.
Sin embargo, el pasado sábado, a la hora pactada, comenzó una pequeña reunión de personas que con pancartas en mano, esperaban iniciar su recorrido por las principales calles de Antofagasta.
Según datos de Carabineros, sólo 50 personas llegaron. Lo más sorprendente es que muchas de ellas iban a manifestarse en contra de la marcha y a favor de los extranjeros que vivimos en este país.
El grupo en Facebook que hizo la invitación fue cerrado y sus organizadores nunca dieron la cara.
Pese a que no tuvieron éxito, este debe ser un hecho que llame a la reflexión, no sólo de los colombianos que vivimos aquí, sino de todos los chilenos y del gobierno de este país.
No basta con manifestarse en contra de la marcha si, entre algunos ciudadanos, sigue habiendo odio y rechazo por los extranjeros.
A los chilenos que piensan así los invito para que hagan un pequeño ejercicio. ¿De dónde es la ropa que usan todos los días? ¿De dónde viene el té que toman a la ´once´? ¿Cuál es el origen del café que beben al desayuno? ¿Saben dónde hicieron el televisor que tienen en su casa? ¿Se han percatado en qué país crecieron los bananos que tanto consumen? Ninguna respuesta a esas preguntas es Chile.
Aquí la ropa, en su mayoría es china, el té es de Sri Lanka o de la India, el café es colombiano y brasilero, los televisores chinos y los bananos ecuatorianos. Por eso rechazar a los extranjeros es un absurdo.
Si lo que pretendían era rechazar la criminalidad no debieron ponerle la etiqueta de una nacionalidad. Lo paradójico del asunto es que los propios chilenos han tenido que vivir esa misma estigmatización en países europeos donde tienen fama de ladrones porque para algunos ser ‘lanza’ (persona que roba por sorpresa sin que su víctima se percate) es una profesión.
Duele, sin duda duele el rechazo y la discriminación. Sin embargo, la gran mayoría de colombianos que estamos aquí honradamente y aportando desde nuestros oficios, seguiremos haciendo patria con la plena convicción de que este episodio no representa a todo el pueblo chileno, pero también con la esperanza, de que como una nación que recibe cada vez más extranjeros, se haga una profunda reflexión para evitar que el odio se instale y se vuelva una constante en el país.














